Ese es uno de los motivos por los que los fletes no caen de inmediato tras un anuncio de reapertura. Khaleej Times señaló que, incluso si el tráfico comercial se reanudaba, los costes globales de transporte difícilmente bajarían rápido porque las primas de seguro de guerra seguían elevadas y las aseguradoras querían ver meses de estabilidad antes de restaurar condiciones normales de cobertura . Insurance Business también describió la reapertura como un alivio para los mercados, pero subrayó que los riesgos de seguro y crédito vinculados al conflicto no estaban resueltos
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Dicho de forma sencilla: un barco puede recibir permiso para cruzar hoy, pero la póliza no necesariamente se abarata mañana.
Los armadores no miran solo el comunicado político. También calculan el riesgo de que haya una nueva restricción al paso, ataques, controles militares inesperados o minas navales. Sidley indicó que el tráfico comercial cayó con fuerza cuando armadores y aseguradoras reevaluaron el riesgo de seguridad; la misma fuente menciona buques alcanzados y amenazas de minado naval que podían prolongar la disrupción .
Si los términos del alto el fuego o del mecanismo de reapertura no son claros, esa prima de riesgo tarda más en desaparecer. Whalesbook describió declaraciones no plenamente alineadas entre Teherán y Washington, con dudas sobre los mecanismos de pago y sobre el alcance real de la desescalada . En ese contexto, muchos operadores pueden exigir tarifas más altas o esperar señales de seguridad más firmes antes de volver con normalidad a la ruta.
Cuando se interrumpe un paso marítimo estratégico, el problema no se limita al estrecho. Afecta a toda la rotación de los buques: algunos ya han tomado rutas alternativas, otros esperan instrucciones y otros han sido asignados a itinerarios distintos. Volver al calendario anterior puede llevar tiempo.
Seavantage estimó que el desvío por el Cabo de Buena Esperanza puede añadir entre 10 y 14 días por viaje en determinadas rutas Asia–Europa y Asia–costa este de EE. UU. . Sidley también señaló que rodear el Cabo de Buena Esperanza aumenta la duración del trayecto y el consumo de combustible marítimo
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Más días en ruta significan menos vueltas por barco en el mismo periodo. Si la capacidad efectiva aún no se ha recuperado, los fletes pueden mantenerse altos aunque el cuello de botella físico empiece a aliviarse .
En una crisis, navieras y operadores suelen añadir recargos para cubrir seguros, seguridad, combustible, retrasos o posibles cambios de ruta. Seavantage registró recargos de emergencia de hasta 3.000 dólares por FEU —la unidad equivalente a un contenedor de 40 pies— en corredores vinculados al Golfo .
Esos recargos no desaparecen automáticamente con una noticia positiva. Si las aseguradoras siguen cobrando más, si el riesgo de seguridad continúa bajo vigilancia o si los horarios aún no son fiables, las navieras tienen margen para mantenerlos durante un tiempo. Esto encaja con la idea de que la reapertura de Ormuz no implica una normalización inmediata de los costes de transporte .
Reabrir una ruta no borra las decisiones comerciales tomadas durante la crisis. Cargas desviadas, contratos renegociados, buques reposicionados y operadores en modo defensivo pueden seguir afectando el mercado durante semanas o meses.
TBS News citó la expectativa de que las disrupciones alrededor de Ormuz pudieran persistir durante meses incluso después de la reapertura; además, señaló que las primas elevadas del seguro marítimo funcionaban como un desincentivo financiero para los operadores y podían ralentizar la recuperación de los volúmenes transportados .
Ahí aparece un círculo difícil de romper: si el volumen vuelve lentamente, los horarios siguen inestables; si los horarios son poco fiables, los cargadores dudan; y los fletes solo bajan con más claridad cuando caen a la vez el riesgo y la disrupción operativa .
Ormuz es una vía muy sensible para las expectativas de suministro energético, de modo que una reapertura puede tener un efecto rápido sobre los mercados de energía . Pero el coste real de un viaje no depende únicamente de la reacción inmediata del petróleo.
Si un buque ya tomó una ruta más larga, tuvo que esperar o necesita mantener planes de contingencia, el número de días de navegación y el gasto de combustible pueden seguir por encima de lo normal. Sidley vinculó los desvíos por el Cabo de Buena Esperanza con más tiempo de viaje y mayor coste de combustible marítimo . Por eso, aunque el mercado energético reciba bien la reapertura, cada viaje puede tardar más en reflejar ese alivio.
Una bajada más clara y sostenible de los fletes sería más probable si coincidieran varias condiciones: