Tesla cerró el 9 de octubre de 2026 en 382,70 dólares, con una subida del 2,05%. El avance coincidió con mejores cifras de envíos desde su fábrica de Shanghái, expectativas favorables sobre sus negocios de inteligencia artificial y un nuevo foco de atención en Terafab. Hubo motivos para el optimismo, pero no desaparecieron las dudas sobre la demanda en China ni sobre la capacidad de Tesla para sacar adelante un proyecto de fabricación de chips a gran escala.
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Un informe también mostró una subida del 1,25% para las acciones de SpaceX, identificadas con el símbolo SPCX. Sin embargo, la información disponible no demuestra que Terafab causara ese movimiento ni confirma claramente que corresponda a la misma sesión bursátil. Por eso, las dos subidas no bastan para probar que compartieran un catalizador.
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Terafab: más control, pero también más responsabilidad
La versión sobre quién operaría Terafab fue cambiando en pocos días. Un reporte atribuido al periodista Tim Culpan planteó que TSMC podría participar en la operación del complejo proyectado en Texas. Más tarde, Musk reconoció que había conversaciones con la compañía, aunque las describió como conversaciones preliminares. El 7 de octubre afirmó que Tesla y SpaceX construirían y operarían la instalación; dejó abierta únicamente la posibilidad de que TSMC alquilara una parte del recinto.
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Para los inversores optimistas, que Tesla y SpaceX controlen la planta encaja con una estrategia de integración vertical: depender menos de terceros para el suministro de chips. Pero asumir el control no equivale a tener demostrada la capacidad para fabricar semiconductores. Construir y operar una fábrica de chips plantea importantes retos de ejecución, y las cifras reportadas muestran la magnitud de la apuesta: una estimación sitúa la primera fase en 16.800 millones de dólares y el gasto total de todas las fases en hasta 119.000 millones. Son proyecciones, no pruebas de que la planta esté terminada ni de que ese gasto vaya a materializarse.
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La continuidad de Intel en el proyecto también llamó la atención. Según los reportes, su consejero delegado, Lip-Bu Tan, confirmó que la empresa seguirá involucrada, pero la información disponible no precisa con claridad cuál será su función.
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Las cifras de China: una señal alentadora, con matices
Los envíos de los Model 3 y Model Y fabricados en Shanghái —incluidos los destinados a la exportación— llegaron a 95.366 unidades en septiembre, un 5% más que un año antes. Otro reporte indicó que las ventas de vehículos fabricados en China aumentaron un 13,7% interanual durante el tercer trimestre.
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Pero los envíos de fábrica no cuentan toda la historia de la demanda. En septiembre, las exportaciones crecieron un 58%, mientras que las ventas minoristas dentro de China bajaron alrededor de un 9,4%. Además, se informó de que las entregas globales de Tesla en el tercer trimestre fueron aproximadamente un 2,1% inferiores a las del mismo periodo del año anterior. En conjunto, los datos respaldan una lectura mixta: más actividad de la planta, pero preguntas pendientes sobre la demanda local y el crecimiento total.
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El entusiasmo de los analistas tiene una prueba cercana
Las opiniones favorables de algunos analistas reforzaron la idea de que parte del valor que el mercado atribuye a Tesla depende cada vez más de sus negocios relacionados con la IA. Dan Ives, de Yorkville Ives, mantuvo una recomendación de rendimiento superior al mercado y un precio objetivo de 500 dólares; describió a Tesla como una apuesta por la «IA física», vinculada a la conducción autónoma y los robotaxis. Ivan Feinseth, de Tigress Financial, reiteró su recomendación de compra y un objetivo de 550 dólares. Son opiniones de analistas, no garantías sobre el rendimiento futuro de la acción.
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La siguiente prueba mencionada en los reportes eran los resultados del tercer trimestre, previstos para el 21 de octubre. Una de las previsiones citadas apuntaba a un beneficio por acción de 0,45 dólares y unos ingresos de 28.300 millones de dólares. Los resultados y las previsiones de la empresa podrían ayudar a evaluar si el desempeño a corto plazo respalda la apuesta de largo plazo por la IA.
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En suma, la subida del 9 de octubre combinó titulares positivos sobre los envíos y expectativas sobre los planes de Tesla más allá de la venta de coches. Terafab alimentó la historia de un mayor control del suministro de chips, pero su coste, los retos de ejecución y las señales mixtas desde China hacen que el avance refleje optimismo; no que esos riesgos estén resueltos.