Los 65 economistas consultados por Reuters esperaban una subida de 25 puntos básicos, hasta el 2,50%, el 10 de septiembre; la mayoría la veía como la segunda y última del ciclo. La inflación de la eurozona alcanzó el 3,3% en agosto por el encarecimiento de la energía, mientras que la inflación subyacente bajó al 2,4%.
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Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: Why did a Reuters poll of 65 economists expect the European Central Bank to raise its deposit rate by 25 basis points to 2.50% on September. Article summary: The poll reflected a balancing act: economists expected one “insurance” hike to prevent an energy shock from spreading into wages, core prices, and inflation expectations—but not a sustained tightening campaign against w. Topic tags: general, government, news, general web. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, watermarks, charts with f
La previsión de los economistas era la de una respuesta limitada pero contundente: subir una vez más los tipos para impedir que el encarecimiento de la energía se trasladara al resto de la economía, sin tratar un shock de oferta como si se tratara de una inflación impulsada por una demanda excesiva.
En la encuesta realizada por Reuters entre el 31 de agosto y el 3 de septiembre, los 65 economistas consultados anticipaban que el Banco Central Europeo (BCE) elevaría 25 puntos básicos el tipo de interés de la facilidad de depósito, hasta el 2,50%, en la reunión del 10 de septiembre. Reuters lo describió como la segunda y probablemente última subida de 2026; de materializarse, sería el ciclo de endurecimiento monetario más corto del BCE en 15 años. 4
La inflación interanual de la eurozona se aceleró al 3,3% en agosto, desde el 2,9% de julio, alejándose aún más del objetivo del 2% del BCE. El incremento obedeció casi por completo al mayor coste de la energía: subieron el crudo y el gas natural, y también aumentaron los márgenes de refino en el contexto de la guerra en Irán. 5
Con esos datos, una subida moderada resultaba creíble. El BCE ya había elevado los tipos en junio, en parte para evitar que el encarecimiento energético asociado a la guerra se extendiera por toda la economía. Reuters informó en agosto de que los responsables de la institución estaban dispuestos a subirlos de nuevo, pero mostraban poco interés en anticipar más endurecimiento monetario después. 2
El propósito práctico era reforzar la credibilidad del BCE en la lucha contra la inflación antes de que unas facturas más caras de combustibles y suministros se reflejaran en otros precios, en los salarios y en las expectativas de inflación.
La clave estaba en distinguir entre la inflación general, que incluye componentes volátiles como la energía, y una inflación persistente y extendida al conjunto de bienes y servicios. La mayoría de los economistas encuestados por Reuters no esperaba que el alza energética desencadenara presiones inflacionistas amplias. 4
Los tipos de interés pueden enfriar la demanda y el crédito, pero no pueden aumentar directamente la oferta de petróleo o gas natural. Una respuesta demasiado agresiva ante un shock externo de energía podía, por tanto, elevar la carga sobre hogares y empresas sin resolver el origen de la subida de precios.
Los datos de inflación respaldaban esa interpretación más prudente. Mientras la tasa general repuntaba con fuerza, la inflación subyacente —que excluye alimentos y energía— bajó al 2,4% en agosto, frente al 2,5% de julio, según la información sobre la publicación de Eurostat. 11
Eso no eliminaba el riesgo inflacionista, pero sí sugería que el shock energético todavía no se había convertido claramente en una dinámica interna y autosostenida de aumentos de precios.
Sondeos anteriores de Reuters ya apuntaban a que el BCE llevaría el tipo de depósito al 2,50% y lo mantendría sin cambios al menos hasta mediados de 2027. 3
Es la lógica de una política de tipos altos durante más tiempo: no hacen falta subidas sucesivas si el 2,50% se considera ya un nivel suficientemente restrictivo y se espera que la presión inflacionista se modere gradualmente. Mantener el tipo estable daría al BCE tiempo para comprobar si el shock energético se transmite a toda la economía, sin añadir una presión innecesaria sobre el crecimiento y las finanzas públicas.
También explica por qué la previsión no implicaba complacencia. La guerra en Irán y la volatilidad de los mercados energéticos eran la fuente inmediata de incertidumbre, y el alza de los rendimientos de los bonos globales podía endurecer las condiciones de financiación incluso sin un ciclo prolongado de subidas del BCE. Según Reuters, la prioridad de los responsables era contener los efectos inflacionistas indirectos del conflicto, no comprometerse de antemano con una senda concreta más allá de septiembre. 2
La subida prevista para septiembre no significaba que el problema de la inflación estuviera resuelto. Serían más probables nuevos aumentos de tipos si la evidencia pasaba de un shock principalmente energético a una inflación subyacente persistente: por ejemplo, con un crecimiento salarial más intenso, una nueva y sostenida escalada de la energía o señales claras de que las empresas trasladaban de forma generalizada sus mayores costes a los precios finales.
Para que se cumpliera el escenario central de la encuesta, debían mantenerse dos condiciones: que la inflación causada por la energía no se extendiera y que las expectativas de inflación siguieran ancladas. Si fallaba cualquiera de ellas, una pausa prolongada en el 2,50% sería mucho menos segura. 4
Los economistas esperaban una última subida del BCE porque una inflación del 3,3% y un shock energético en curso exigían una respuesta visible. Esperaban que el banco central se detuviera en el 2,50% porque el repunte procedía en gran medida de la energía y las señales de una presión inflacionista más amplia seguían siendo limitadas. La postura prevista era, por tanto, restrictiva y paciente, no una campaña abierta de aumentos de tipos. 4
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Los 65 economistas consultados por Reuters esperaban una subida de 25 puntos básicos, hasta el 2,50%, el 10 de septiembre; la mayoría la veía como la segunda y última del ciclo.
Los 65 economistas consultados por Reuters esperaban una subida de 25 puntos básicos, hasta el 2,50%, el 10 de septiembre; la mayoría la veía como la segunda y última del ciclo. La inflación de la eurozona alcanzó el 3,3% en agosto por el encarecimiento de la energía, mientras que la inflación subyacente bajó al 2,4%.
El escenario central era mantener una política restrictiva en el 2,50% hasta al menos mediados de 2027, salvo que el shock energético se trasladara a precios y salarios de forma más amplia.
Los 65 economistas consultados por Reuters esperaban una subida de 25 puntos básicos, hasta el 2,50%, el 10 de septiembre; la mayoría la veía como la segunda y última del ciclo. La inflación de la eurozona alcanzó el 3,3% en agosto por el encarecimiento de la energía, mientras que la inflación subyacente bajó al 2,4%.
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La previsión de los economistas era la de una respuesta limitada pero contundente: subir una vez más los tipos para impedir que el encarecimiento de la energía se trasladara al resto de la economía, sin tratar un shock de oferta como si se tratara de una inflación impulsada por una demanda excesiva.
En la encuesta realizada por Reuters entre el 31 de agosto y el 3 de septiembre, los 65 economistas consultados anticipaban que el Banco Central Europeo (BCE) elevaría 25 puntos básicos el tipo de interés de la facilidad de depósito, hasta el 2,50%, en la reunión del 10 de septiembre. Reuters lo describió como la segunda y probablemente última subida de 2026; de materializarse, sería el ciclo de endurecimiento monetario más corto del BCE en 15 años. 4
La inflación interanual de la eurozona se aceleró al 3,3% en agosto, desde el 2,9% de julio, alejándose aún más del objetivo del 2% del BCE. El incremento obedeció casi por completo al mayor coste de la energía: subieron el crudo y el gas natural, y también aumentaron los márgenes de refino en el contexto de la guerra en Irán. 5
Con esos datos, una subida moderada resultaba creíble. El BCE ya había elevado los tipos en junio, en parte para evitar que el encarecimiento energético asociado a la guerra se extendiera por toda la economía. Reuters informó en agosto de que los responsables de la institución estaban dispuestos a subirlos de nuevo, pero mostraban poco interés en anticipar más endurecimiento monetario después. 2
El propósito práctico era reforzar la credibilidad del BCE en la lucha contra la inflación antes de que unas facturas más caras de combustibles y suministros se reflejaran en otros precios, en los salarios y en las expectativas de inflación.
La clave estaba en distinguir entre la inflación general, que incluye componentes volátiles como la energía, y una inflación persistente y extendida al conjunto de bienes y servicios. La mayoría de los economistas encuestados por Reuters no esperaba que el alza energética desencadenara presiones inflacionistas amplias. 4
Los tipos de interés pueden enfriar la demanda y el crédito, pero no pueden aumentar directamente la oferta de petróleo o gas natural. Una respuesta demasiado agresiva ante un shock externo de energía podía, por tanto, elevar la carga sobre hogares y empresas sin resolver el origen de la subida de precios.
Los datos de inflación respaldaban esa interpretación más prudente. Mientras la tasa general repuntaba con fuerza, la inflación subyacente —que excluye alimentos y energía— bajó al 2,4% en agosto, frente al 2,5% de julio, según la información sobre la publicación de Eurostat. 11
Eso no eliminaba el riesgo inflacionista, pero sí sugería que el shock energético todavía no se había convertido claramente en una dinámica interna y autosostenida de aumentos de precios.
Sondeos anteriores de Reuters ya apuntaban a que el BCE llevaría el tipo de depósito al 2,50% y lo mantendría sin cambios al menos hasta mediados de 2027. 3
Es la lógica de una política de tipos altos durante más tiempo: no hacen falta subidas sucesivas si el 2,50% se considera ya un nivel suficientemente restrictivo y se espera que la presión inflacionista se modere gradualmente. Mantener el tipo estable daría al BCE tiempo para comprobar si el shock energético se transmite a toda la economía, sin añadir una presión innecesaria sobre el crecimiento y las finanzas públicas.
También explica por qué la previsión no implicaba complacencia. La guerra en Irán y la volatilidad de los mercados energéticos eran la fuente inmediata de incertidumbre, y el alza de los rendimientos de los bonos globales podía endurecer las condiciones de financiación incluso sin un ciclo prolongado de subidas del BCE. Según Reuters, la prioridad de los responsables era contener los efectos inflacionistas indirectos del conflicto, no comprometerse de antemano con una senda concreta más allá de septiembre. 2
La subida prevista para septiembre no significaba que el problema de la inflación estuviera resuelto. Serían más probables nuevos aumentos de tipos si la evidencia pasaba de un shock principalmente energético a una inflación subyacente persistente: por ejemplo, con un crecimiento salarial más intenso, una nueva y sostenida escalada de la energía o señales claras de que las empresas trasladaban de forma generalizada sus mayores costes a los precios finales.
Para que se cumpliera el escenario central de la encuesta, debían mantenerse dos condiciones: que la inflación causada por la energía no se extendiera y que las expectativas de inflación siguieran ancladas. Si fallaba cualquiera de ellas, una pausa prolongada en el 2,50% sería mucho menos segura. 4
Los economistas esperaban una última subida del BCE porque una inflación del 3,3% y un shock energético en curso exigían una respuesta visible. Esperaban que el banco central se detuviera en el 2,50% porque el repunte procedía en gran medida de la energía y las señales de una presión inflacionista más amplia seguían siendo limitadas. La postura prevista era, por tanto, restrictiva y paciente, no una campaña abierta de aumentos de tipos. 4
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Esta página incluye una respuesta respaldada por fuentes que puede continuar dentro de Studio Global.
Los 65 economistas consultados por Reuters esperaban una subida de 25 puntos básicos, hasta el 2,50%, el 10 de septiembre; la mayoría la veía como la segunda y última del ciclo.
Los 65 economistas consultados por Reuters esperaban una subida de 25 puntos básicos, hasta el 2,50%, el 10 de septiembre; la mayoría la veía como la segunda y última del ciclo. La inflación de la eurozona alcanzó el 3,3% en agosto por el encarecimiento de la energía, mientras que la inflación subyacente bajó al 2,4%.
El escenario central era mantener una política restrictiva en el 2,50% hasta al menos mediados de 2027, salvo que el shock energético se trasladara a precios y salarios de forma más amplia.