El viaje de la RX 9070 XT en el competitivo mercado de Akihabara y las tiendas online japonesas es el relato de una burbuja especulativa pinchada por la realidad de la demanda:
La hermana pequeña, la RX 9060 XT, siguió una trayectoria paralela. Tras superar los ¥85.000 a finales de enero, cayó a unos ¥71.000 a finales de febrero. Grandes distribuidores como Ark PC profundizaron aún más la tendencia con ofertas de primavera que la dejaron en solo ¥59.800 (unos 379 dólares) .
La paradoja es evidente. Estamos en un 2026 dominado por una escasez global de memoria GDDR6, GDDR7 y HBM, impulsada por la fiebre de la IA, que ha disparado los costes de fabricación para todas las tarjetas gráficas . Gigantes como Asus y Gigabyte anunciaron subidas de precio de hasta el 15% para sus modelos, y en mercados como el europeo y el chino, las RX 9000 llegaron a subir entre un 10% y un 18% en el mercado al contado . ¿Cómo es posible, entonces, que en Japón esos aumentos se desintegraran en cuestión de semanas?
Tres factores explican esta divergencia, y todos apuntan al consumidor:
1. Los jugadores encontraron su línea roja. Los informes japoneses son unánimes: cuando los precios de las Radeon se inflaron, los compradores simplemente dejaron de comprar . “La demanda se enfrió a medida que los precios bajaban”, un eufemismo que refleja una huelga de compradores que obligó a las tiendas a actuar. No fue un goteo de ventas, fue un parón en seco. El portal notebookcheck.net lo resumió a la perfección: “los jugadores simplemente dejaron de comprar las GPUs mencionadas a precios tan ridículos” .
2. El fantasma del exceso de inventario. Con los compradores en huelga, los lineales se llenaron de cajas sin vender. La caída de abril se atribuyó directamente a esta acumulación de stock. Es el clásico ciclo correctivo: una subida especulativa que supera la demanda real genera un excedente, y los minoristas aplican descuentos para recuperar liquidez y rotación .
3. AMD no tiene el 'escudo' de Nvidia. Aquí está la clave de todo. En el mismo periodo en que las RX 9070 XT se precipitaban hacia los ¥90.000, la competencia directa de Nvidia volaba en otra estratosfera. Mientras escribimos esto (mayo de 2026), la RTX 5080 se sigue vendiendo en Amazon por unos $1.349, un 35% por encima de sus $999 de MSRP. La RTX 5090, el buque insignia absoluto, se movía en una horquilla de $3.000 - $3.700, frente a un MSRP de $1.999 . Las gamas medias, como la RTX 5070 Ti, mantenían sobreprecios del 25% al 50% en la mayoría de mercados .
El contraste es brutal: Nvidia puede sostener esos precios porque su marca, su ecosistema de tecnologías (DLSS, CUDA) y su percepción en sectores profesionales y de IA le otorgan una clientela con una demanda mucho más inelástica. AMD, en el segmento gaming puro, carece de ese poder de fijación de precios. Cuando sus tarjetas se acercan a territorio Nvidia, el comprador de Radeon, más sensible al precio, desaparece.
Este no es un simple baile de cifras. Lo ocurrido en Japón es un experimento sociológico y económico que expone la diferencia estructural entre ambas marcas:
La lealtad a Radeon depende del valor. Cuando la RX 9070 XT superó los ¥140.000 (unos 875-900 dólares al cambio), la demanda se evaporó . Solo cuando los precios volvieron a bajar de los $599 (MSRP en EE.UU.), los compradores regresaron. La base de usuarios de AMD es, por tanto, muy elástica: prefiere esperar o buscar alternativas de segunda mano antes que pagar un sobreprecio.
GeForce es una marca 'aspiracional' tolerante a la prima. A pesar de sufrir la misma crisis de memoria y recortes de suministro, los compradores de Nvidia siguieron pagando primas de hasta el 185% . La combinación de mejor rendimiento en trazado de rayos, el candado profesional de CUDA y una oferta limitada por la competencia del centro de datos ha generado una demanda inelástica que AMD, a día de hoy, solo puede envidiar.
El riesgo de inventario es asimétrico. Los minoristas japoneses acumularon stock de la serie RX 9000 y se vieron forzados a malvender. Esto no ha ocurrido, al menos en la misma medida, con las RTX 50, cuyos precios siguen en las nubes. AMD y sus socios son, por tanto, mucho más vulnerables a un shock de demanda si se pasan de frenada con los precios.
En un año en el que armar un PC para jugar se ha convertido en un lujo, el batacazo de la RX 9070 XT es una excelente noticia para el consumidor de a pie. A finales de mayo de 2026, un jugador español que siga los precios internacionales podía encontrar esta tarjeta por debajo de los 600 euros al cambio en Japón, y la tendencia a la baja también se ha dejado sentir en Estados Unidos ($629-669 en algunos modelos) y Alemania, donde Alternate.de llegó a ofrecerla con descuentos de hasta 100 euros por debajo del MSRP europeo .
La advertencia es que este escenario es fruto de una demanda débil, y podría revertirse. Si Nvidia aprieta aún más el suministro de sus RTX 50 o si, por el contrario, AMD decide recortar la producción para proteger sus márgenes (algo lógico si tiene que vender a pérdida o con márgenes mínimos por la crisis de la VRAM), esta ventana de oportunidad se cerrará. La previsión de los analistas es que la escasez de memoria para gráficas se prolongue hasta 2028 .
En definitiva, la RX 9070 XT no ha desafiado las leyes de la escasez de memoria, sino que ha sido castigada por los precios que esta escasez propició. Cuando las tarjetas Radeon se colaron en territorio Nvidia, los jugadores japoneses se bajaron del tren, y el mercado se corrigió con una velocidad pasmosa. Una lección magistral de que, en el mundo del hardware, el cliente —al menos el de AMD— sigue teniendo la última palabra.