Para la madre de Vozinha, la suma del dinero simplemente no se pudo reunir a tiempo. "Mi madre tampoco pudo estar en la grada", declaró tras el partido. "Por problemas con la visa, no pudo hacer el viaje. Sencillamente, no pudimos pagar la tarifa de la visa a tiempo" .
The Guardian confirmó que el requisito de la fianza hizo que el viaje fuera inalcanzable para ella, aunque en teoría el dinero fuera reembolsable . Esta política ha generado duras críticas durante este Mundial, ya que familias e incluso aficionados de naciones africanas se enfrentan a barreras similares solo para ver competir a sus jugadores en las sedes estadounidenses
. La madre de Vozinha se convirtió en el rostro humano de esa política, viendo el mayor logro de su hijo desde un océano de distancia.
Si la historia de la visa explica quién faltaba en la grada, la historia de su apodo explica quién le convirtió en el hombre que es. No le criaron sus padres, sino sus abuelos. Su padre estaba en el servicio militar y su madre tenía que trabajar para mantener a la familia . Así que el joven Josimar creció en casa de sus abuelos en la isla de São Vicente.
De niño, jugaba al fútbol con chicos mayores que se metían con él y le empujaban. Su respuesta clásica era amenazar con decírselo a sus abuelos. Los chicos aprovecharon esto y, con cariño, le apodaron "Vozinha", un término portugués que significa "abuelita" . El nombre se le quedó para siempre. Años después, cuando llegó a un club en Angola y descubrió que había otro portero llamado Josimar, se negó a ponerse "Josimar II" en la camiseta. "Si en Cabo Verde todo el mundo me conocía como Vozinha, es lo que voy a usar", decidió
.
Ambos abuelos fallecieron hace unos años. De pie en el césped de Atlanta, Vozinha pensó en ellos al instante. "Mis abuelos me criaron", dijo. "Ya no están con nosotros, y lloré en el campo pensando en ellos" . Su camiseta, con el nombre "Vozinha" en la espalda, era el homenaje que llevó consigo al mayor escenario del deporte.
La carrera de Vozinha no presagiaba un arco de héroe mundialista. Ha pasado la mayor parte de ella en un anonimato relativo, jugando en clubes de Portugal, Grecia y Turquía. En el momento del partido contra España, jugaba en el Chaves, un equipo de la segunda división portuguesa . Nunca había sido un nombre conocido, ni siquiera entre los seguidores más devotos del fútbol africano.
Lo que sucedió después fue un subproducto tanto de su actuación como del escaparate global del Mundial. Antes del saque inicial, su cuenta de Instagram rondaba los 50.000 seguidores. Durante el partido, un canal de streaming brasileño, CazéTV, lanzó una campaña pidiendo a los espectadores que siguieran al portero como homenaje a su heroicidad. La cifra superó los 265.000 al descanso, rompió la barrera del millón mientras aún se jugaba el partido y sobrepasó los 2 millones a las pocas horas del pitido final .
A los 40 años, Vozinha se convirtió en el portero más veterano en debutar en un Mundial y en uno de los jugadores de mayor edad en ser nombrado mejor jugador del partido en la historia del torneo .
Tras el partido, Vozinha no intentó separar lo personal de lo profesional. Sus palabras entrelazaron los tres duelos:
"Cuando sonó el pitido final, todas esas emociones volvieron a inundarme. Pensé en mis abuelos, en mi madre viéndome desde lejos y en los sacrificios que hizo mi familia para que yo pudiera estar en este escenario. Esas lágrimas no eran solo de tristeza. Eran lágrimas de amor, gratitud y nostalgia por las personas que me hicieron ser quien soy pero que no pudieron estar aquí para ver en lo que me he convertido"
.
Todo el debut mundialista de Cabo Verde se construyó sobre el mismo espíritu de lucha que encarnaba Vozinha. Los Tiburones Azules, la nación africana más pequeña en clasificarse para un Mundial masculino, se enfrentaron a 27 intentos de gol de los campeones de Europa y no se rompieron . La defensa obstinada e inquebrantable del equipo —liderada desde la portería por su capitán de 40 años— se convirtió en una metáfora de la resiliencia de la nación frente a las barreras, tanto dentro como fuera del campo.
"Muy orgulloso", dijo Vozinha. "Este es un momento histórico para nuestro país, para África, para todas las naciones pequeñas" .
El portero al que llaman "Abuelita" llegó como un desconocido y se fue como un símbolo: del amor que cruza fronteras incluso cuando las políticas no lo permiten, de los abuelos que criaron a un niño hasta convertirlo en capitán, y de una nación que se negó a ser definida por su tamaño.
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