El duelo comenzó con un susto para Suiza. Un error de Manuel Akanji dejó a Edmilson Junior solo frente al arco, pero el delantero perdonó una ocasión clamorosa que resultaría ser profética . A partir de ahí, Suiza monopolizó el balón.
La recompensa al control suizo llegó en el minuto 17. El portero catarí, Mahmoud Abunada, trabó dentro del área a Remo Freuler. El árbitro hondureño Saíd Martínez revisó la jugada en el monitor del VAR y decretó la pena máxima. Abunada vio la cartulina amarilla y Breel Embolo transformó con frialdad el primer penalti del torneo para poner el 1-0 .
A partir de ese instante, se vio un monólogo helvético. Acumularon un 68% de posesión, completaron 522 pases precisos (casi el doble que Qatar) y entraron 79 veces en el último tercio del campo, por solo 38 de su rival . El dato más demoledor fue el de los disparos: 26 remates que generaron 3.24 goles esperados (xG)
. Sin embargo, el segundo gol no llegaba. La zaga qatarí, bien plantada por el técnico Julen Lopetegui, se defendía con uñas y dientes. Abunada realizó paradas de mérito y un despeje providencial sobre la línea de gol de Ayoub Al-Oui mantuvo con vida a los suyos
. Lo que era un vendaval se fue transformando en un ejercicio de impotencia. Cuanto más se acercaba el final, más nervios se palpaban en las filas suizas.
Con el tiempo ya cumplido, en el minuto 94, cuando todo indicaba que Suiza sumaría sus primeros tres puntos sin alardes, Qatar trenzó su última ofensiva. Homam Ahmed colgó un centro desde la banda izquierda y Boualem Khoukhi se elevó con más fe que todos los defensas juntos para peinar el balón al fondo de la red, desatando la euforia de los 67,966 espectadores que asistieron a un momento para la historia .
Este gol fue el cuarto empate más tardío en tiempo reglamentario jamás anotado en una Copa del Mundo . Para un equipo que en 2022 perdió sus tres partidos como anfitrión y se fue de su Mundial sin un solo punto, este cabezazo representa una redención simbólica que les permite mirar al futuro sin el peso del pasado
.
En Inglaterra, Sky Sports calificó la actuación suiza como "una actuación indolente" , y los números avalan la crítica. Un equipo que genera 3.24 xG y remata 26 veces no puede ganar solo un partido de esta manera si no es por falta de ambición o de precisión. Falló "en amortiguar su ventaja", como recogió una crónica, y dejó la puerta entreabierta para que un rival que no había enseñado los dientes en ataque le asestara un mordisco letal en el último segundo
.
Siendo una selección que alcanzó los cuartos de final de la pasada Eurocopa y partía como gran favorita para liderar el Grupo B, dejar escapar dos puntos ante la teórica 'cenicienta' del grupo es un tropiezo de los que hacen época. Los jugadores suizos se marcharon del terreno de juego "devastados", conscientes de haber dilapidado un triunfo que tenían en el bolsillo .
El empate, unido al 1-1 entre Canadá y el otro rival del grupo en la misma jornada, provoca una situación insólita: las cuatro selecciones del Grupo B finalizan la primera jornada con un punto en su casillero . Una tabla que muchos pronosticaban como un camino de rosas para Suiza se ha convertido en una ratonera donde Qatar, sin presión y con la moral por las nubes, se permite soñar.
Para los cataríes, el valor de este punto trasciende lo matemático. Después de haber sido el único anfitrión en la historia de los Mundiales que cayó eliminado sin puntuar en la fase de grupos, este empate es la prueba tangible de su progreso. El equipo de Julen Lopetegui encara ahora los siguientes partidos con el impulso anímico de quien se ha quitado una losa de encima y la firme intención de dar la sorpresa y pelear por un billete histórico a los octavos de final.
Al final, el partido no se recordará por el dominio suizo, sino por la obstinación catarí y el testarazo de un capitán que le regaló a su país el momento que llevaba toda una vida esperando celebrar.
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