Otras evaluaciones señalan que las fuerzas rusas incluso sufrieron una pérdida territorial neta de aproximadamente 116 kilómetros cuadrados en abril de 2026, el primer retroceso de este tipo desde la operación ucraniana en Kursk en 2024.
Los analistas atribuyen esta desaceleración a varios factores, entre ellos los contraataques ucranianos, defensas más sólidas y ataques de largo alcance dirigidos a la logística y la infraestructura rusa.
Los drones se han convertido en una de las tecnologías más decisivas de la guerra. Ambos bandos realizan ahora ataques aéreos a gran escala, a veces con cientos de sistemas no tripulados en una sola operación.
Ucrania también ha lanzado ataques masivos dentro de Rusia. En uno de los mayores ataques reportados durante la guerra, funcionarios rusos afirmaron que más de 550 drones ucranianos atacaron múltiples regiones rusas, incluidas zonas cercanas a Moscú.
Las autoridades militares ucranianas señalan que las unidades de drones se han convertido en una herramienta clave para infligir bajas y perturbar las operaciones rusas, con sistemas no tripulados responsables de un número significativo de pérdidas de tropas rusas en los últimos meses.
En paralelo al frente, Ucrania ha intensificado los ataques contra el sector energético ruso, especialmente contra refinerías y nodos clave de exportación de petróleo.
Según informes basados en Reuters, ataques con drones ucranianos en mayo de 2026 obligaron a casi todas las grandes refinerías de petróleo del centro de Rusia a detener o reducir la producción. Las instalaciones afectadas representan más de 83 millones de toneladas de capacidad de procesamiento anual, cerca de una cuarta parte de la capacidad total de refinado de Rusia.
Estos ataques han reducido la producción de combustible y han alterado partes de la cadena de suministro petrolera rusa. La infraestructura energética se ha convertido en un objetivo prioritario porque los impuestos del petróleo y el gas representan una parte importante de los ingresos del Estado ruso.
Las interrupciones en el sector energético llegan en un momento en que la economía rusa de guerra enfrenta una presión fiscal creciente.
El déficit del presupuesto federal ruso alcanzó aproximadamente 5,88 billones de rublos (unos 79.000 millones de dólares) en los primeros cuatro meses de 2026, una cifra significativamente mayor que en el mismo periodo del año anterior.
Incluso los aumentos temporales del precio global del petróleo no han compensado totalmente la presión provocada por el elevado gasto militar y las interrupciones en la producción energética. Analistas señalan que la combinación de ataques a infraestructuras y el aumento del gasto está incrementando la presión sobre el sistema financiero ruso.
En conjunto, estos acontecimientos apuntan a un cambio de impulso más que a un punto de inflexión decisivo.
Los contraataques ucranianos cerca de Kupiansk y en Zaporiyia, el ritmo más lento del avance ruso y los ataques de largo alcance contra la infraestructura petrolera rusa muestran que Kyiv está ampliando su capacidad para influir tanto en el campo de batalla como en la economía de guerra de Rusia.
Al mismo tiempo, Rusia sigue manteniendo grandes fuerzas en Ucrania y continúa llevando a cabo operaciones ofensivas en múltiples sectores del frente. La guerra sigue siendo en gran medida un conflicto de desgaste, donde avances graduales, interrupciones logísticas y presión económica podrían resultar más decisivos a largo plazo que avances espectaculares.
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