Para Ackman, ese precio no reflejaba el potencial de crecimiento que podría generar la estrategia de inteligencia artificial de la compañía.
La compra de Microsoft se financió en parte con la venta de Alphabet. Pershing Square todavía poseía acciones de la empresa al cierre del primer trimestre de 2026, pero personas familiarizadas con la cartera indicaron que el fondo liquidó totalmente la posición durante el segundo trimestre.
En la práctica, Ackman sustituyó una gran posición tecnológica por otra, pero con una exposición distinta al auge de la inteligencia artificial.
La apuesta de Ackman gira en torno a dos de las plataformas empresariales más grandes del mundo:
Ambas se están convirtiendo en canales clave para distribuir herramientas de IA. En particular, Copilot, el asistente basado en inteligencia artificial, puede integrarse directamente en el enorme número de usuarios empresariales de Microsoft 365, creando un camino directo hacia la monetización.
Al mismo tiempo, Azure se beneficia del fuerte aumento en la demanda de infraestructura para cargas de trabajo de IA, como entrenamiento y ejecución de modelos. Esto posiciona a Microsoft como un proveedor central de la infraestructura que impulsa la adopción empresarial de la IA.
Otro pilar del argumento de inversión es la relación entre Microsoft y OpenAI.
En 2026 ambas compañías modificaron su acuerdo estratégico, lo que permite a Microsoft mantener derechos prioritarios para lanzar productos de OpenAI en Azure, además de extender acuerdos clave de propiedad intelectual y reparto de ingresos hasta principios de la década de 2030.
Para inversores como Ackman, esto refuerza el papel de Microsoft como plataforma comercial para algunos de los modelos de IA más avanzados del mercado y, al mismo tiempo, impulsa el uso de Azure.
El principal riesgo que señalan algunos analistas es el nivel de inversión necesario para sostener esta estrategia.
La compañía planea alrededor de 190.000 millones de dólares en gasto de capital durante 2026, gran parte destinado a centros de datos, chips y servidores necesarios para operar sistemas de IA a gran escala.
Este nivel de inversión ha generado inquietud en Wall Street, donde algunos temen que los costos presionen los márgenes en el corto plazo.
Ackman, sin embargo, cree que el mercado está sobrerreaccionando al gasto actual y subestimando el poder de ganancias a largo plazo que podría generar el ecosistema de nube e inteligencia artificial de Microsoft.
La operación también encaja en un reposicionamiento más amplio dentro de la cartera de Pershing Square hacia grandes empresas tecnológicas beneficiadas por la ola de la inteligencia artificial.
El fondo ha aumentado su exposición a compañías como Amazon y Meta, que también están invirtiendo fuertemente en infraestructura, plataformas y servicios de IA.
En conjunto, estas decisiones reflejan una apuesta estratégica: que los mayores ganadores de la era de la IA serán las empresas que combinen infraestructura en la nube, enormes bases de usuarios y productos de IA integrados en sus plataformas.
El cambio de Ackman de Alphabet a Microsoft no fue simplemente un intercambio entre gigantes tecnológicos. Representa una visión específica sobre cómo se creará valor en la economía de la inteligencia artificial.
Según su tesis, el ecosistema integrado de Microsoft —Azure, Microsoft 365, Copilot y su estrecha alianza con OpenAI— ofrece un camino más claro para convertir la inteligencia artificial en ingresos empresariales sostenibles durante los próximos años.
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