Rutte también propuso que los aliados estudien dedicar alrededor del 0,25 % de su PIB al apoyo a Ucrania, como parte del debate sobre cómo sostener la ayuda militar a largo plazo.
El Prioritized Ukraine Requirements List (PURL) es un mecanismo de compras coordinado por la OTAN para acelerar el suministro de armas a Ucrania.
El proceso funciona, en esencia, en tres pasos:
Este modelo permite que Kyiv acceda rápidamente a sistemas fabricados sobre todo en Estados Unidos, mientras el coste se reparte entre varios países de la alianza.
Desde que se lanzó la iniciativa en 2025, PURL se ha convertido en un canal clave para el suministro de defensa aérea. Según responsables de la OTAN, el programa ha financiado aproximadamente el 75 % de los misiles utilizados por las baterías Patriot de Ucrania y cerca del 90 % de los misiles empleados en algunos otros sistemas de defensa aérea.
A finales de 2025, los aliados ya habían comprometido más de 4.000 millones de dólares en paquetes de equipos a través de PURL, con nuevas contribuciones durante 2026.
Informes del gobierno ucraniano indican además que seis países financiaron cuatro grandes paquetes de ayuda por más de 2.000 millones de dólares dentro de esta iniciativa.
Tras las conversaciones en Helsingborg, el ministro de Exteriores de Ucrania, Andriy Sybiha, afirmó que el país había logrado activar una fuente adicional de financiación dentro del marco de PURL, destinada a cubrir nuevas compras de armamento.
Sin embargo, las declaraciones públicas posteriores a la reunión no especificaron el origen exacto de ese dinero ni su estructura financiera, por lo que los detalles siguen siendo poco claros.
El encuentro también estuvo marcado por inquietudes entre aliados europeos después de que varios informes indicaran que el Pentágono estaba considerando redirigir alrededor de 750 millones de dólares en armas financiadas para Ucrania mediante PURL.
Las armas analizadas incluirían misiles interceptores para defensa aérea, potencialmente destinados a sistemas como Patriot o THAAD, en un contexto de presión sobre los arsenales estadounidenses debido a otros compromisos militares.
Como ese material había sido pagado por socios europeos específicamente para Ucrania, la propuesta generó dudas sobre si fondos aportados por aliados podrían acabar utilizándose para otros fines, lo que podría afectar la confianza en el mecanismo PURL.
Aun así, responsables de la OTAN han insistido en que el flujo de equipamiento estadounidense crítico financiado por aliados seguirá llegando a Ucrania.
La reunión de Helsingborg sirvió sobre todo como preparación para la cumbre de la OTAN prevista en Ankara, donde los líderes discutirán decisiones clave sobre gasto militar y apoyo a largo plazo a Ucrania.
Entre los temas principales figuraron:
En ese contexto, el debate sobre PURL —quién lo financia, qué tan fiable es y hasta qué punto debe ampliarse— se ha vuelto central. El programa refleja la estrategia emergente de la alianza: combinar financiación colectiva de los aliados con la capacidad industrial de Estados Unidos para suministrar sistemas militares clave a Ucrania.
De cara a la cumbre de Ankara, la OTAN enfrenta una pregunta fundamental: cómo ampliar este modelo para que el apoyo a Ucrania sea previsible, duradero y compartido de manera más equitativa entre los países miembros.