El nombramiento de Huang se produjo tras su inclusión de última hora en la delegación estadounidense que acompañó al presidente Donald Trump en una visita de Estado a China a principios de mayo . Este movimiento indica un deseo de mantener conexiones de alto nivel con los círculos académicos y empresariales chinos, incluso cuando Nvidia es una de las compañías más directamente atrapadas en la guerra comercial de los semiconductores. En el momento de la información, el nombramiento no se había anunciado formalmente, y ni Nvidia ni la universidad respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios .
Pocos días después de conocerse la noticia de su asiento en Tsinghua, Huang se presentó en una ceremonia en Taipéi y realizó el compromiso financiero más importante con Taiwán en la historia de Nvidia. Hablando el 27 de mayo en el acto de lanzamiento de la nueva sede de la compañía en la isla, Huang declaró que Taiwán es "el epicentro de la revolución de la IA" .
"Aquí es donde se fabrican los chips, se ensamblan los componentes, se crean los sistemas y nacieron los superordenadores de IA", afirmó Huang .
Las cifras que respaldan esta retórica son asombrosas. Huang reveló que Nvidia planea ahora invertir aproximadamente 150.000 millones de dólares al año en Taiwán, una suma ya de por sí colosal que supone un aumento desde los 100.000 millones anteriores. Para ponerlo en contexto, la compañía gastaba solo entre 10.000 y 15.000 millones de dólares anuales en Taiwán hace apenas cuatro o cinco años . "Nvidia gastaba alrededor de 10.000, 15.000 millones de dólares al año en Taiwán. Ahora estamos gastando 100.000, y vamos a llegar a los 150.000 millones de dólares en Taiwán cada año", declaró Huang .
El monumental compromiso económico se combinó con la presentación oficial del proyecto de la nueva sede central de Nvidia en Taiwán, ubicada en el Parque Tecnológico Beitou Shilin de Taipéi. Las obras comenzarán a finales de 2026, con el objetivo de que esté operativa en 2030 . Huang prometió que la instalación crearía miles de empleos locales, asegurando a los empleados que, una vez terminada la construcción, la empresa "contratará a miles de taiwaneses más" .
El proyecto de la sede —que según algunos reportes alcanza un valor de unos 5 billones de dólares al sumarse al plan de inversión más amplio— representa un anclaje físico del compromiso de Nvidia con Taiwán que va mucho más allá de las cifras de gasto anual . De hecho, el Ministerio de Asuntos Económicos de Taiwán ya había aprobado en enero de 2026 una remesa de inversión inicial de 3.300 millones de dólares taiwaneses (unos 105 millones de dólares estadounidenses) para el proyecto .
El cortejo simultáneo de Huang a Pekín y Taipéi se desarrolló en un contexto de nuevas restricciones comerciales chinas dirigidas directamente contra Nvidia. Alrededor del 20 de mayo, Pekín bloqueó las importaciones de la GeForce RTX 5090D V2, una GPU para videojuegos diseñada específicamente para el mercado chino con el fin de cumplir con las normas de exportación de Estados Unidos .
La prohibición se impuso durante la visita de Trump a Pekín y, según se informó, se añadió a la lista de productos con prohibición de despacho aduanero en China durante la cumbre entre Trump y Xi Jinping . La RTX 5090D V2 había sido diseñada con un rendimiento reducido para cumplir con las restricciones estadounidenses a la exportación de semiconductores a China, lo que convierte la decisión de Pekín de vetar incluso este chip de capacidad limitada en una escalada significativa .
La jugada de China es ampliamente interpretada como un esfuerzo por reducir su dependencia incluso de los chips estadounidenses de menor potencia y para impulsar a sus rivales nacionales, como Huawei y Cambricon . El momento fue especialmente señalado: Huang estaba físicamente presente en China como parte de la delegación de Trump cuando se implementó la prohibición .
Los movimientos de Huang a finales de mayo de 2026 se sitúan en la intersección de múltiples fuerzas, a menudo contradictorias. Estados Unidos sigue prohibiendo a Nvidia la venta de sus chips de IA más avanzados a clientes chinos —una política que lleva años en vigor y que ha obligado a la empresa a diseñar variantes específicas para China con capacidades reducidas— . Sin embargo, poco antes de la visita de Huang a Taiwán, la Casa Blanca había aprobado la exportación de aceleradores de IA H200 a diez empresas chinas designadas, lo que sugiere un posible y parcial deshielo .
El asiento en el consejo de Tsinghua le otorga a Huang un lugar en una de las mesas más influyentes del nexo entre poder y negocios en China. Se sabe que el consejo asesor proporciona acceso a los principales líderes del Estado chino, y los nombramientos suelen servir como señales sobre la relación entre Pekín y las grandes figuras de los negocios internacionales . Al unirse, Huang se sitúa junto a los CEO de Apple, Tesla y Microsoft, empresas que han tenido que navegar sus propias y complejas relaciones con China.
Sin embargo, de forma simultánea, su compromiso con Taiwán representa la mayor promesa de inversión en un solo país en la historia de Nvidia. Llamar a Taiwán "el epicentro de la revolución de la IA" mientras la isla sigue en el centro de las tensiones geopolíticas entre Washington y Pekín es una declaración tan geopolítica como comercial. Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) produce la gran mayoría de los chips de vanguardia de Nvidia, y los comentarios de Huang dejan claro que Nvidia no ve una alternativa viable al ecosistema de semiconductores de Taiwán en un futuro cercano .
Lo que emerge de esta extraordinaria semana es una estrategia clara: Nvidia está apostando a que puede seguir siendo indispensable para ambos bandos en el conflicto tecnológico entre Estados Unidos y China. Al integrarse en una institución de la élite china, Huang mantiene un acceso de alto nivel y un canal de comunicación en Pekín. Al comprometer 150.000 millones de dólares al año al ecosistema de semiconductores de Taiwán y anclar físicamente la presencia de Nvidia con una nueva sede, profundiza los lazos de la compañía con la irremplazable base de fabricación de chips de la isla.
Los riesgos de esta estrategia en dos frentes son evidentes. Pekín vetó un chip de Nvidia incluso mientras Huang estaba de visita con el presidente de Estados Unidos. Washington sigue apretando las tuercas sobre qué chips pueden llegar a China. Y el estatus geopolítico de Taiwán sigue siendo uno de los puntos más sensibles de las relaciones internacionales. Pero para el CEO de la empresa de chips más valiosa del mundo, la alternativa —elegir un bando— puede ser el único riesgo que no puede permitirse asumir.