A comienzos de año, Alphabet completó una captación global de 31.510 millones de dólares que incluyó un inusual tramo en libras esterlinas con vencimiento a 100 años. Por separado, Alphabet y Amazon habían emitido unos 60.000 millones de dólares en bonos de varias monedas durante los 12 meses anteriores, una muestra de cómo las grandes empresas tecnológicas recurren cada vez más a los mercados internacionales de deuda para financiar el despliegue de infraestructura.
Esta estrategia permite a Alphabet acceder a distintos grupos de inversores y adaptar su financiación a la demanda y a las condiciones de cada mercado. También hace más visibles sus necesidades de capital: la infraestructura de IA requiere inversiones grandes y sostenidas, no una única inyección de fondos a corto plazo.
La última emisión estadounidense de Alphabet recibió órdenes máximas por unos 115.000 millones de dólares frente a los 25.000 millones finalmente vendidos. Es decir, la demanda llegó a multiplicar por aproximadamente 4,6 el tamaño de la operación, una señal del fuerte apetito por la deuda de Alphabet pese al escrutinio sobre el coste y la rentabilidad de su expansión en IA.
Un libro de órdenes sólido puede ayudar al emisor a negociar condiciones de financiación competitivas o a ampliar las opciones de importe y vencimiento. Pero el resultado en Estados Unidos no garantiza una respuesta equivalente en Australia. La demanda, el precio y el coste de cubrir el riesgo de divisa pueden variar mucho entre mercados, y la posible emisión Kangaroo aún no cuenta con un libro de órdenes divulgado.
Australia está captando un volumen excepcional de emisiones de prestatarios extranjeros. Las ventas de bonos Kangaroo habían alcanzado unos 60.000 millones de dólares australianos —alrededor de 42.000 millones de dólares estadounidenses— a finales de julio, un récord anual y aproximadamente un 40 % por encima del nivel comparable de 2025, según datos de LSEG citados por Reuters.
Para los emisores, el mercado ofrece una fuente adicional de financiación más allá de la deuda en dólares estadounidenses. Para los inversores australianos, una operación de Alphabet introduciría a una de las grandes compañías tecnológicas mundiales en un segmento cada vez más poblado por prestatarios internacionales de primera línea. La emisión serviría así para medir tanto el atractivo crediticio de Alphabet como la capacidad del mercado australiano para absorber deuda tecnológica de gran tamaño y vencimientos largos.
El contexto es una ola de endeudamiento más amplia entre los llamados hyperscalers, las grandes compañías que operan enormes infraestructuras de computación en la nube. Amazon, Alphabet, Meta Platforms y Oracle habían emitido unos 194.000 millones de dólares en bonos durante 2026 hasta el 7 de julio, un 79 % más que los aproximadamente 108.000 millones emitidos en todo 2025, según un análisis de Reuters basado en datos de LSEG.
La propuesta australiana de Alphabet encaja en esa tendencia, pero no debe interpretarse como una señal de que la operación vaya a alcanzar la escala de sus emisiones estadounidenses.
El primer bono de Alphabet en dólares australianos sería, sobre todo, un hito de acceso y diversificación. Su importancia no dependería necesariamente de su valor nominal, sino de que permitiría a la empresa llegar a inversores australianos mientras continúa financiando una expansión de IA intensiva en capital. La estructura propuesta contemplaría cuatro vencimientos y podría extenderse hasta 20 años.
Por ahora, la conclusión más prudente es provisional: la demanda por la deuda de Alphabet sigue siendo fuerte, el mercado Kangaroo crece con rapidez y una emisión de la compañía podría reforzar ambas tendencias. La información decisiva —vencimientos finales, precio, importe y fortaleza del libro de órdenes— solo se conocerá si Alphabet sigue adelante con la venta.