En medios británicos, algunos usuarios y críticos han bautizado estos dispositivos como “gafas espía” o “gafas de pervertido”, expresiones polémicas que reflejan el nivel de alarma generado por las grabaciones no consentidas .
El 7 de agosto de 2026, la fiscal general australiana, Michelle Rowland, escribió a la comisionada de Privacidad, Carly Kind, para pedir que los riesgos de las gafas inteligentes recibieran una consideración prioritaria y fueran objeto de una investigación urgente .
Rowland señaló especialmente los posibles efectos sobre mujeres y niños, que podrían verse expuestos de forma desproporcionada a grabaciones inapropiadas, acoso, vigilancia u otras conductas dañinas .
La preocupación aumentó después de que Kmart agotara en sus tiendas y en internet las gafas con cámara de marca Anko, vendidas por 89 dólares australianos. El producto puede tomar fotografías de hasta 8 megapíxeles y grabar vídeo en 1080p . Un experto en derechos digitales describió el fenómeno como una “pesadilla para la privacidad” .
El precio es clave en este debate: mientras las Ray-Ban Meta parten de varios cientos de dólares, el modelo de Kmart hizo que la grabación portátil fuera mucho más accesible. Para las autoridades, la rápida adopción del producto plantea dudas sobre si las normas actuales ofrecen protección suficiente .
Los riesgos no son solo hipotéticos. La BBC documentó casos de hombres que utilizaron Ray-Ban Meta para grabar sin permiso a mujeres en playas, calles y alrededores de tiendas, y después publicaron las imágenes en internet. En algunos casos, las víctimas solo descubrieron la existencia de los vídeos cuando estos empezaron a circular y recibieron comentarios abusivos .
Un análisis publicado por Jurist advirtió de que las cámaras portátiles pueden alimentar una nueva etapa de violencia sexual basada en imágenes, con mujeres y niñas afectadas de manera desproporcionada . La preocupación se extiende también a supervivientes de violencia doméstica, personas perseguidas por acosadores y otros grupos vulnerables .
El problema no se limita a lo que ocurre después de grabar. Una persona que sostiene un teléfono suele ofrecer una señal visible de que está filmando; unas gafas de aspecto normal pueden eliminar esa señal social. La comisionada australiana Carly Kind ha advertido de que estos dispositivos podrían “alterar fundamentalmente nuestra experiencia de las interacciones interpersonales” al dificultar que alguien sepa si está siendo grabado y pueda decidir si consiente .
Meta defiende que sus gafas incorporan medidas de privacidad desde el diseño. La principal es un pequeño LED blanco situado en la parte frontal, que parpadea cuando la cámara toma una fotografía o graba vídeo. La compañía afirma que el indicador no puede apagarse durante la captura .
En julio de 2026, Meta distribuyó una actualización obligatoria de firmware que desactiva la cámara si el sistema detecta que el LED ha sido cubierto, manipulado o destruido. La medida se aplica retroactivamente a las Ray-Ban Meta de segunda generación, las Oakley Meta y la línea de gafas Meta de la compañía .
Meta dijo a Fortune que ha “integrado la privacidad en la cámara de las gafas desde el principio” . Sus críticos, sin embargo, consideran que una luz pequeña puede pasar inadvertida y no equivale a un consentimiento real. También cuestionan que el refuerzo llegara después de que el producto se hubiera popularizado.
Meta y su socio EssilorLuxottica vendieron más de 7 millones de gafas inteligentes en 2025, frente a unas 2 millones acumuladas durante 2023 y 2024 . Otras estimaciones sitúan la cuota mundial de Meta en torno al 80% del mercado de gafas inteligentes .
Ese volumen explica por qué la discusión ha dejado de ser una preocupación de nicho. Hay millones de cámaras integradas en monturas que circulan por espacios públicos, restaurantes, playas y transportes, mientras las leyes de privacidad y las normas sociales todavía intentan determinar qué significa consentir una grabación en esas condiciones.
A la controversia se sumó el hallazgo de código inactivo para un sistema de reconocimiento facial llamado internamente NameTag en la aplicación Meta AI que acompaña a las gafas. Meta retiró ese código después de que fuera descubierto, pero grupos de libertades civiles habían pedido a la empresa que abandonara cualquier plan de reconocimiento facial en sus gafas, al considerarlo una amenaza grave para la privacidad y las libertades civiles .
La presión no se limita a los locales que colocan un cartel en la puerta. Instagram inició medidas contra cuentas que publican vídeos no consentidos grabados con Ray-Ban Meta, en respuesta al contenido asociado en algunos medios con las llamadas “gafas de pervertido” .
También se han abierto investigaciones y procesos en distintos lugares. El fiscal general de Texas, Ken Paxton, inició una investigación estatal en mayo de 2026 por cuestiones relacionadas con la captura de geometría facial y por considerar que el LED podía ocultarse con facilidad . Además, la demanda colectiva Bartone et al. v. Meta Platforms, Inc. et al. fue presentada en marzo de 2026 .
Los reguladores europeos han advertido de que las gafas con cámara pueden cambiar las relaciones en espacios públicos y privados porque eliminan la capacidad de saber con certeza si alguien está siendo filmado . La cuestión que se repite en todos estos frentes es sencilla, pero difícil de resolver: ¿cómo puede una persona dar o negar su consentimiento si ni siquiera sabe que existe una cámara?
La reacción contra las gafas inteligentes de Meta destaca por su rapidez. Tras el agotamiento de las gafas Anko de 89 dólares australianos, el Gobierno australiano pidió una revisión prioritaria. En Reino Unido, restaurantes, pubs, clubes privados y teatros adaptaron sus políticas en cuestión de días o semanas ante los reportes de grabaciones encubiertas.
Meta, por su parte, reforzó el LED después de que algunos usuarios intentaran sortearlo y cuando ya se habían vendido millones de unidades. La tensión central queda así expuesta: la tecnología se está extendiendo más rápido que las reglas de consentimiento y los mecanismos capaces de hacerlas cumplir.
La próxima prueba no será únicamente para Meta. Si llegan al mercado modelos más baratos, más discretos y fabricados por más empresas, gobiernos, negocios y plataformas tendrán que decidir si basta con avisar mediante una pequeña luz o si las gafas con cámara necesitan normas específicas antes de convertirse en una presencia habitual en la vida diaria.