El Ministerio de Energía ruso ha reconocido "dificultades temporales" con el suministro de combustible en las regiones del sur, atribuyéndolas directamente al aumento de los ataques aéreos contra la infraestructura energética . Pero detrás de ese lenguaje burocrático se esconde una realidad mucho más cruda. Los datos de la industria muestran que, desde enero, el país ha perdido aproximadamente el 40% de su capacidad de refinado primaria, y el procesamiento en las refinerías se desplomó en mayo a un nivel no visto desde la crisis financiera global de 2009 .
Las cifras de producción son demoledoras. Las refinerías rusas procesaron 4,58 millones de barriles diarios (mbd) en mayo de 2026, según datos de Bloomberg citados por The Moscow Times. Se trata de un mínimo de 17 años y una caída del 14,4% respecto al inicio del año . Abril ya había sido un mes nefasto, con la agencia estadística rusa Rosstat reportando oficialmente un desplome interanual del 9,2% en la producción de las refinerías .
El daño está concentrado y es fruto de una estrategia quirúrgica: al menos 16 ataques ucranianos alcanzaron instalaciones petroleras rusas solo en mayo, golpeando con éxito ocho de las diez refinerías más grandes del país. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya había recortado previamente su previsión de producción rusa para 2026 en 150.000 barriles diarios, citando la campaña ucraniana como "cada vez más efectiva" .
La asfixia del refinado está arrastrando consigo la propia producción de crudo. La extracción rusa cayó en mayo por sexto mes consecutivo, situándose en 9,009 mbd —unos 690.000 barriles por debajo de su cuota OPEP+— debido a que los daños en las infraestructuras de almacenamiento y transporte dificultan mantener flujos más altos .
Los límites a la compra de carburante, antaño confinados a territorios ocupados y regiones remotas del este, se extendieron de forma decisiva a las mayores ciudades de Rusia a principios de junio.
Múltiples grandes cadenas minoristas han impuesto topes a sus clientes :
La geografía de la crisis abarca ya al menos 20 sujetos federales, incluyendo Moscú, San Petersburgo, Bélgorod, Kursk, Tartaristán y varias regiones ucranianas ocupadas ilegalmente, como Crimea y partes de la provincia de Lugansk . En la Lugansk ocupada, se impuso un límite de 20 litros el 2 de junio, reflejando las restricciones ya vigentes en Crimea .
Para los rusos de a pie, la escasez se traduce en largas colas en las gasolineras, especialmente en las principales autopistas. El equipo de verificación de la BBC ha documentado extensas filas de vehículos a lo largo del corredor Moscú-San Petersburgo . En algunas regiones, las estaciones de servicio simplemente se han quedado secas .
El último gran zarpazo ocurrió la noche del 12 al 13 de junio, cuando las fuerzas ucranianas alcanzaron la terminal de petróleo y gas de Tamanneftegaz en el krai de Krasnodar . Mandos militares ucranianos confirmaron daños en cinco tanques de productos derivados del petróleo, dos petroleros y sistemas de defensa aérea en el emplazamiento . Los datos del sistema satelital FIRMS de la NASA verificaron anomalías térmicas en la terminal tras el ataque .
Tamanneftegaz es una pieza crítica de la infraestructura de exportación del sur de Rusia. Situada cerca del Puerto de Taman, en la costa del mar Negro, la instalación tiene capacidad para manejar hasta 20 millones de toneladas de petróleo y productos derivados al año . Es un centro de transbordo clave para hidrocarburos licuados. Los repetidos ataques a este complejo —incluido uno anterior en febrero que dañó almacenes e infraestructura— han perturbado tanto los flujos de exportación como las rutas de distribución doméstica .
No fue un hecho aislado. A principios de junio, drones ucranianos también golpearon la terminal petrolera de San Petersburgo, uno de los mayores complejos de exportación de combustible de la región báltica, con una capacidad de procesamiento de 10 millones de toneladas anuales . El mismo 12 de junio, los ataques también apuntaron a refinerías y plantas petroquímicas en Tartaristán y la provincia de Samara .
Con el suministro interno en tensión, Moscú está recurriendo a restricciones a la exportación. El gobierno se prepara para prohibir las exportaciones de combustible para aviones durante uno o dos meses, según la agencia Interfax . Esta medida se suma a las prohibiciones anteriores sobre la exportación de gasolina, que se han prorrogado repetidamente desde 2025 .
La crisis añade una nueva dimensión a la presión económica que ya ejercen las sanciones occidentales. Como informó la revista Fortune a principios de junio, el racionamiento de combustible en Moscú y otras regiones clave agrava la tensión sobre la economía de guerra rusa al estrangular la logística que sostiene tanto las operaciones militares como las civiles .
Queda en el aire si esta situación es una disrupción temporal o una condición crónica. Algunos analistas advierten que, para que los cortes localizados se conviertan en una crisis verdaderamente nacional, las fuerzas ucranianas necesitarían intensificar aún más su campaña . Otros son menos optimistas. Los modelos de la AIE, ya revisados a la baja, sugieren que las tasas de procesamiento de las refinerías permanecerán deprimidas al menos hasta mediados de 2026, ya que las plantas dañadas luchan por conseguir piezas de repuesto y completar reparaciones bajo el régimen de sanciones .
Por ahora, la señal más clara de la crisis no está en los mercados internacionales, sino en los letreros de las gasolineras rusas: 20 litros, 40 litros, 50 litros. Para un país que figura entre los tres mayores productores de petróleo del mundo, esos límites son la medida exacta de con cuánta eficacia la guerra de drones de Ucrania ha reescrito las reglas de la seguridad energética.