La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) decretó un cierre efectivo el 28 de febrero y, desde entonces, ha mantenido un sistema de paso condicionado . A fines de marzo, Irán solo permitía el tránsito, caso por caso, a buques de países considerados neutrales —entre ellos China, India, Pakistán y Turquía— tras entregar los datos de propiedad y carga a la IRGC
.
La televisión estatal iraní informó el 16 de mayo que países europeos habían iniciado negociaciones con Teherán para el tránsito, pero ello no se ha traducido en un incremento medible del tráfico . El 21 de mayo la IRGC afirmó que 26 buques comerciales cruzaron bajo su coordinación, aunque el estrecho sigue "mayormente cerrado"
.
Los pocos buques que han atravesado Ormuz lo han hecho más por coordinación diplomática directa que como parte de un paso comercial abierto.
El tablero militar sigue tenso y en múltiples capas, lo que suprime directamente la confianza comercial.
La evaluación de Sultan Al Jaber del 21 de mayo constituye el cronograma más concreto y autorizado de un líder industrial con exposición directa.
Previamente, calificó el bloqueo iraní como "la aritmética de la extorsión", señalando que el mundo había perdido cerca de 1.000 millones de barriles de petróleo en dos meses . El 9 de abril subrayó que "el Estrecho de Ormuz no está abierto" y que unos 230 buques cargados de crudo aguardaban para transitar
.
Su proyección más reciente es contundente:
Múltiples barreras estructurales dificultan una vuelta a la normalidad en el corto plazo:
El consenso que surge de los datos de rastreo satelital, los comunicados militares y las declaraciones de líderes del sector es nítido: el Estrecho de Ormuz no es una arteria comercial en funcionamiento, y no volverá a serlo al menos por un año, incluso en el escenario diplomático más optimista.
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