La industria automotriz estadounidense quiere que el Congreso convierta en ley permanente las restricciones contra los vehículos conectados chinos. El debate no se limita al país donde se ensambla un auto: los vehículos actuales dependen de software, conexiones inalámbricas, sistemas de datos y componentes electrónicos que, según las autoridades y los fabricantes, pueden plantear riesgos de seguridad y abrir una vía de entrada al mercado estadounidense.
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Qué piden las automotrices
La Alliance for Automotive Innovation, que representa a fabricantes como General Motors, Ford, Toyota, Volkswagen, Hyundai, Honda y Stellantis, solicitó a los líderes del Congreso una prohibición permanente de la venta, importación y fabricación de vehículos conectados chinos en Estados Unidos. También reclama restricciones para el software y hardware chinos relacionados con esos vehículos.
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El grupo pide que el Congreso actúe antes de que termine el actual periodo legislativo. Su objetivo es que las limitaciones queden fijadas por ley, en vez de depender únicamente de normas del Poder Ejecutivo que una administración posterior podría modificar.
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Por qué consideran urgente un veto permanente
Las automotrices presentan el asunto como una cuestión de competencia industrial y de seguridad nacional. En su carta al Congreso, la alianza afirmó que fabricantes chinos están colocando en mercados de todo el mundo vehículos subvencionados equipados con software y hardware conectados. Según el grupo, esa expansión podría facilitar una futura presencia en el mercado estadounidense mediante vehículos o tecnología, aunque sostiene que eso aún no ha ocurrido dentro de EE. UU.
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La preocupación de seguridad se concentra en los sistemas de los vehículos conectados: pueden recopilar datos, transmitir información y depender de componentes que los responsables políticos consideran sensibles. Las normas estadounidenses adoptadas en enero de 2025 ya prohíben determinado software chino de conectividad en vehículos del año modelo 2027 y cierto hardware a partir del año modelo 2030.
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Para la industria, una ley permanente tendría un doble efecto: preservaría la dirección regulatoria actual y establecería una prohibición más explícita y duradera para vehículos y tecnologías vinculados con China —y con otros adversarios extranjeros—.
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La iniciativa del Senado busca ampliar las restricciones
El Comité de Comercio del Senado aprobó legislación bipartidista destinada a endurecer las limitaciones existentes. La Connected Vehicle Security Act, impulsada por los senadores Bernie Moreno y Elissa Slotkin, prohibiría la importación, fabricación, venta y reventa de vehículos conectados, software y hardware ligados a China u otros adversarios extranjeros, incluidos determinados emprendimientos conjuntos y entidades bajo su control.
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La propuesta apunta a evitar que fabricantes chinos y tecnologías chinas para vehículos conectados lleguen a las carreteras estadounidenses. Los defensores del sector pidieron expresamente que el Departamento de Comercio no pueda conceder autorizaciones a automotrices chinas como BYD, Chery y SAIC Motor.
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Otras iniciativas relacionadas aplican un criterio amplio: un vehículo conectado podría quedar vetado si procede de un país cubierto por la norma, fue diseñado allí, o si su fabricante es una empresa conjunta, filial u otra entidad con más de un 15% de propiedad, derechos de voto, representación en el consejo u otros indicios de control chinos.
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El umbral del 15% y el caso Mercedes-Benz
Ese límite de propiedad ilustra hasta qué punto la medida podría alcanzar a marcas que no son chinas. Ted Cruz, presidente del Comité de Comercio del Senado, advirtió que una regla que excluya a fabricantes con más de un 15% de propiedad china podría abarcar a Mercedes-Benz, cuyos inversores chinos poseen en conjunto cerca del 20% de la compañía.
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Es una de las cuestiones centrales que siguen abiertas. La iniciativa avanzó en comité, pero la información disponible no muestra que haya sido aprobada definitivamente por el Congreso ni que se haya resuelto el alcance final de la cláusula sobre propiedad. El texto podría reducirse, modificarse o incorporar excepciones y exenciones.
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Polestar muestra el alcance de las reglas actuales
Polestar es un ejemplo de por qué la estructura accionarial y los vínculos tecnológicos importan bajo estas normas. El fabricante sueco de vehículos eléctricos, controlado mayoritariamente por la china Geely Holding, dijo que tuvo que abandonar el mercado estadounidense después de que el Departamento de Comercio no autorizara sus ventas bajo la regulación de vehículos conectados; la restricción rige desde el año modelo 2027.
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El caso muestra que una política enfocada en tecnología conectada vinculada con China puede afectar a una marca que no se comercializa como china. Reuters informó que los vehículos de Polestar ya no se fabricaban en China, pero incorporaban software y hardware chinos, mientras la compañía seguía bajo control mayoritario de Geely.
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La respuesta de China
China se ha opuesto a las restricciones estadounidenses sobre tecnología china para vehículos conectados. Su Ministerio de Comercio afirmó que el veto propuesto carece de base factual, vulnera los principios de economía de mercado y competencia justa, y constituye proteccionismo; además, pidió a Estados Unidos retirar las restricciones.
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Ahí se resume el choque político y comercial. Los partidarios de convertir el veto en ley sostienen que es necesario para protegerse de los riesgos de seguridad asociados a los vehículos conectados y de una expansión industrial subvencionada. Pekín rechaza esa justificación. El alcance definitivo de la política estadounidense dependerá de si el Congreso aprueba una ley y de cómo resuelva disposiciones que podrían incluir a fabricantes con una inversión china relevante, aunque no sean marcas chinas de cara al consumidor.
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