Cada CL1 contiene al menos 200.000 neuronas humanas cultivadas en laboratorio. Las células proceden de células sanguíneas que han sido reprogramadas para convertirlas en células madre y después se cultivan sobre un chip de silicio equipado con electrodos.
Estos electrodos crean una conexión bidireccional entre el sistema biológico y los ordenadores convencionales:
Este circuito cerrado permite que la red viva interactúe en tiempo real con un entorno simulado y modifique sus respuestas. Las neuronas, por tanto, no son un elemento decorativo: forman el componente adaptativo del sistema. El silicio aporta la interfaz, el control y la infraestructura necesaria para que esa red pueda utilizarse en una aplicación informática.
Un CL1 no es un servidor de silicio autónomo. Las neuronas deben mantenerse vivas y en condiciones controladas.
Cada tres días, los técnicos reponen una mezcla nutritiva con azúcar, micronutrientes y reguladores del pH. Además, un sistema de mezcla de gases suministra dióxido de carbono, oxígeno y nitrógeno, mientras el conjunto controla las condiciones necesarias para conservar el cultivo celular.
Esto no significa que la computación biológica elimine la infraestructura: la transforma. El sistema podría reducir parte del consumo eléctrico y de las necesidades de refrigeración, pero introduce consumibles de laboratorio, mantenimiento biológico, entornos controlados y personal especializado.
Cortical Labs sostiene que las redes neuronales biológicas pueden aprender a partir de relativamente pocos ejemplos y adaptarse con mayor flexibilidad cuando cambian las circunstancias. Esa capacidad podría ser relevante en tareas para las que resulta complicado reunir grandes conjuntos de datos bien etiquetados.
Entre las aplicaciones que la empresa y sus socios están explorando se encuentran:
Por ahora, estas son aplicaciones potenciales o experimentales. La información disponible no demuestra que los ordenadores biológicos hayan superado ya a los sistemas de silicio en cargas de trabajo reales de robótica o ciberseguridad. Para saberlo harán falta evaluaciones independientes y comparaciones específicas para cada tarea.
Cortical Labs afirma que una unidad CL1, incluido su equipo de soporte vital, consume aproximadamente 30 vatios y no necesita la refrigeración convencional de un servidor. La empresa ha comparado esa cifra con los hasta 700 vatios de una Nvidia H100 SXM y con los aproximadamente 10.200 vatios que puede consumir un servidor con ocho H100 y su hardware auxiliar.
Estos datos ayudan a explicar el interés que despierta el proyecto en Singapur. En 2020, los centros de datos representaban el 7 % del consumo eléctrico nacional, y las limitaciones de electricidad y agua han formado parte del debate del país sobre la ampliación de su capacidad de centros de datos.
Sin embargo, una potencia nominal baja no equivale automáticamente a un coste total o una huella ambiental menores. La información pública disponible no ofrece todavía una evaluación definitiva del consumo de agua, del ciclo de vida ni una comparación directa, tarea por tarea, con una infraestructura equivalente basada en GPU. Para hacer un cálculo completo también habría que incluir los nutrientes, el control de gases, la producción de células, los equipos de laboratorio y el trabajo de mantenimiento.
El argumento más sólido a favor del CL1 es su posible uso en procesamiento adaptativo especializado, no en computación de alto rendimiento de propósito general. El director ejecutivo de Cortical Labs ha reconocido que el silicio sigue siendo claramente superior para los cálculos rápidos, precisos y repetibles que requieren los modelos de lenguaje de gran tamaño y cargas similares.
El escenario más realista es, por tanto, complementario:
La distinción es importante. Que la instalación se denomine «centro de datos biológico» no significa que los servidores tradicionales de la nube estén a punto de ser reemplazados por racks llenos de células vivas.
El proyecto de Singapur comienza con 20 unidades CL1 destinadas a investigación y desarrollo conjunto. Los socios utilizan este prototipo para adquirir experiencia operativa y estudiar los procesos de fabricación y asistencia necesarios para un despliegue de mayor tamaño.
Si se superan la validación técnica, los requisitos de bioseguridad y las autorizaciones regulatorias, DayOne y Cortical Labs están estudiando una ampliación por fases de hasta 1.000 unidades en una instalación comercial de Singapur.
El centro de Cortical Labs en Melbourne opera 120 CL1 y, según los informes disponibles, presta servicio a unos 20 clientes corporativos de investigación y universidades. El acceso remoto a una unidad CL1 se ha situado en 2.200 dólares estadounidenses al mes, frente a unos 4.300 dólares mensuales por el alquiler de un chip de IA de alta gama en los principales servicios en la nube.
Ese importe es una tarifa que paga el cliente por el acceso remoto, no el coste operativo del ordenador biológico ni de la instalación de la NUS. Los socios no han publicado el coste completo de mantener el proyecto de Singapur.
La tecnología todavía afronta varios desafíos importantes:
Estas limitaciones explican por qué el proyecto de Singapur se presenta como una validación gradual y no como un sustituto terminado de un centro de servidores convencional.
El centro de datos biológico de Singapur debe entenderse, por ahora, como un experimento estratégico. Si las afirmaciones sobre el aprendizaje con pocos datos y la adaptación a entornos cambiantes resisten pruebas independientes, la computación basada en tejido vivo podría ofrecer al país una vía especializada para añadir cierta capacidad de IA sin aumentar las necesidades de refrigeración y electricidad al mismo ritmo que una infraestructura dominada por GPU.
La conclusión que permiten los datos actuales es más prudente: Singapur ha puesto en marcha un pequeño prototipo de computación con neuronas vivas que combina procesamiento biológico y sistemas de control basados en silicio. Su importancia está en comprobar si esta arquitectura poco convencional puede ser útil, fiable y escalable comercialmente; no en demostrar que los servidores biológicos puedan desplazar a los centros de datos tradicionales.