En la práctica, el estrecho no está completamente cerrado. Sin embargo, el tránsito depende de las condiciones fijadas por las autoridades iraníes. Analistas interpretan este enfoque como un intento de mantener presión estratégica sin provocar una reacción internacional aún más contundente que podría derivarse de un cierre total.
El acceso al estrecho se ha vuelto claramente selectivo. Irán ha permitido principalmente el paso a buques procedentes de países que considera neutralmente posicionados o políticamente cercanos.
Entre los países cuyos barcos han recibido autorización para cruzar en distintos momentos se encuentran:
En contraste, los barcos vinculados a Estados Unidos o Israel han sido restringidos o bloqueados, reflejando la confrontación militar que desencadenó la crisis.
El caso de China ha sido especialmente visible. Informes citados por medios internacionales señalan que decenas de buques chinos han sido autorizados a cruzar, y algunas fuentes hablan de aproximadamente 30 embarcaciones que pasaron siguiendo los protocolos establecidos por Irán.
Con esta política de acceso selectivo, Teherán transmite un mensaje político claro: los países que no apoyen las acciones militares contra Irán pueden seguir comerciando a través del estrecho, mientras que sus adversarios enfrentan restricciones.
La crisis marítima también está conectada con el frente diplomático. Según reportes citados por la agencia semioficial iraní Fars, Irán no iniciará una segunda ronda de negociaciones con Estados Unidos hasta que se cumplan cinco condiciones de “construcción de confianza”.
Estas condiciones incluyen:
Según los reportes, Teherán considera estas exigencias garantías mínimas para reanudar cualquier diálogo con Washington.
Estados Unidos y varios países árabes del Golfo han reaccionado tanto en el plano militar como diplomático.
En el terreno militar, Washington ha llevado a cabo operaciones destinadas a proteger la navegación comercial y debilitar la capacidad iraní de bloquear la ruta marítima, en parte mediante ataques a objetivos estratégicos iraníes desde marzo de 2026.
En el ámbito diplomático, Estados Unidos y aliados regionales —entre ellos Bahréin, Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos— han impulsado una propuesta de resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU.
El borrador pide que Irán:
La iniciativa también advierte que Irán podría enfrentar sanciones u otras medidas internacionales si no se restablece la libertad de navegación en esta vía clave.
El resultado es una situación de equilibrio precario: el estrecho sigue funcionando parcialmente, pero bajo fuerte presión política y militar. Irán utiliza su control sobre el tránsito marítimo como herramienta de negociación, mientras Estados Unidos y sus aliados insisten en restaurar el principio de libertad de navegación internacional.
Dado que una gran parte del comercio mundial de energía depende de esta ruta, el desenlace del enfrentamiento podría influir durante años tanto en los mercados globales de petróleo como en la seguridad marítima internacional.
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