En el plano diplomático, Emiratos Árabes Unidos ha pedido al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que haga cumplir la Resolución 2817, adoptada en marzo de 2026.
La resolución condenó los ataques con misiles y drones atribuidos a Irán contra países del Golfo y exigió que cesaran los ataques contra civiles e infraestructuras civiles, además de respetar la libertad de navegación en las vías marítimas regionales.
Funcionarios emiratíes sostienen que la resolución no se ha aplicado de manera efectiva y que los ataques y las interrupciones del tráfico marítimo han continuado. Por ello, han pedido medidas más firmes para proteger la navegación internacional y la infraestructura civil.
Para varios gobiernos del Golfo, el problema también afecta a la credibilidad del sistema internacional: advierten que aprobar resoluciones sin mecanismos claros de cumplimiento debilita el derecho internacional y deja vulnerables a las rutas comerciales.
Las preocupaciones de seguridad aumentaron a mediados de mayo cuando se informó de un ataque con dron cerca de la central nuclear de Barakah, en Emiratos Árabes Unidos.
El secretario general de la ONU, António Guterres, declaró estar "profundamente alarmado" por informes de que un ataque con dron el 17 de mayo provocó un incendio en un generador eléctrico dentro del perímetro de la instalación. También advirtió que cualquier ataque cerca de infraestructuras nucleares es inaceptable y viola el derecho internacional.
Aunque el incidente no provocó una emergencia nuclear, puso de relieve los riesgos de que el conflicto regional alcance instalaciones civiles críticas.
Uno de los efectos más inmediatos de la crisis es la interrupción del transporte marítimo.
Miles de marineros han quedado varados en barcos que no pueden salir con seguridad del golfo Pérsico. La Organización Marítima Internacional (OMI), organismo de la ONU, ha advertido de una situación humanitaria "sin precedentes" que afecta a unos 20.000 marineros atrapados en el mar mientras el estrecho permanece en gran medida inaccesible.
Fuentes militares y marítimas citadas por medios internacionales estiman que aproximadamente 1.550 buques de 87 países han quedado atrapados dentro del golfo durante la crisis, lo que ilustra la magnitud de la interrupción del comercio mundial.
Además, aseguradoras y compañías navieras se muestran reacias a enviar nuevos barcos por la zona mientras continúen los ataques y la tensión militar.
El impacto de la crisis no se limita a la energía o al transporte: también está afectando a la agricultura mundial.
En condiciones normales, alrededor de un tercio del comercio mundial de fertilizantes pasa por el estrecho de Ormuz. Con los envíos bloqueados o retrasados, funcionarios de la ONU advierten que los agricultores podrían no recibir fertilizantes a tiempo para las temporadas de siembra.
Responsables humanitarios señalan que una interrupción prolongada podría poner a decenas de millones de personas en riesgo de hambre, especialmente en regiones ya vulnerables a la inseguridad alimentaria como partes de África y Asia.
Organismos internacionales también advierten que la escasez de fertilizantes podría traducirse en menores cosechas y en un aumento de los precios de los alimentos a nivel mundial en los próximos meses si las rutas de suministro siguen bloqueadas.
Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos en Naciones Unidas siguen estancados.
Un proyecto de resolución destinado a mejorar la seguridad y proteger la navegación en el estrecho de Ormuz obtuvo apoyo mayoritario en el Consejo de Seguridad, pero fracasó después de que China y Rusia ejercieran su derecho de veto.
Los países que apoyaban la medida argumentaban que ayudaría a disuadir ataques contra buques comerciales y a restablecer el tráfico marítimo. Rusia y China respondieron que el texto no abordaba adecuadamente las causas más amplias del conflicto y que podría aumentar las tensiones.
El resultado es un Consejo de Seguridad dividido y con capacidad limitada para coordinar una respuesta internacional eficaz.
La confrontación en el estrecho de Ormuz concentra ahora varios riesgos simultáneos: escalada militar en Oriente Medio, amenazas a infraestructuras civiles críticas, paralización de una ruta clave del comercio mundial y escasez de fertilizantes con posibles efectos en el suministro de alimentos.
Mientras el tráfico marítimo no se normalice y la diplomacia supere el bloqueo político, la crisis seguirá afectando al comercio internacional, a los mercados energéticos y a la seguridad alimentaria mucho más allá del Golfo.
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