La reversión del acuerdo fue ordenada por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China (NDRC), el principal organismo de planificación económica del país, a través de su mecanismo de revisión de seguridad para inversiones extranjeras.
En abril de 2026, el regulador exigió a Meta y a Manus retirar o deshacer la transacción, alegando que las normas chinas prohíben la inversión extranjera en ese proyecto.
La decisión está vinculada a preocupaciones de seguridad nacional relacionadas con tecnologías avanzadas de inteligencia artificial. Los reguladores analizaron si la operación podía implicar transferencia de tecnología sensible, violaciones de controles de exportación o pérdida de talento chino hacia empresas extranjeras.
El caso también es peculiar porque Manus está registrada en Singapur pero fue fundada por emprendedores chinos y mantiene vínculos estrechos con el ecosistema tecnológico del país. Pekín habría ejercido su autoridad regulatoria basándose en esos vínculos, más allá del lugar formal de registro de la empresa.
Durante la investigación, dos de los cofundadores — Xiao Hong y Ji Yichao — habrían sido restringidos temporalmente para salir de China, una señal de que las autoridades querían mantener a los responsables clave y el conocimiento tecnológico bajo su jurisdicción mientras revisaban el acuerdo.
La nueva financiación tendría un objetivo principal: comprar de vuelta la participación de Meta y recapitalizar la empresa como una startup independiente.
En la práctica, los fondos podrían destinarse a:
Todavía no se conocen detalles clave, como el precio exacto de recompra, la proporción entre deuda y capital en la financiación o si Meta podría conservar algún acuerdo comercial o una participación minoritaria.
La empresa detrás de Manus, Butterfly Effect, experimentó un crecimiento poco común incluso para una startup de IA empresarial.
Algunos informes indican que la startup alcanzó alrededor de 100 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales en cuestión de meses tras lanzar su producto, impulsada por empresas interesadas en agentes de IA capaces de realizar tareas como investigación, programación o análisis de datos.
Sin embargo, la compañía no ha publicado estados financieros auditados, por lo que los detalles completos sobre ingresos, rentabilidad o base de clientes siguen sin verificarse públicamente.
El caso Manus podría tener consecuencias duraderas para el ecosistema de startups de inteligencia artificial y las inversiones transfronterizas.
En primer lugar, envía una señal clara: China puede bloquear adquisiciones extranjeras de empresas vinculadas a su ecosistema de IA, incluso si están registradas en otros países. Los reguladores parecen considerar factores como la nacionalidad de los fundadores, el origen de la tecnología o dónde se encuentra el talento clave.
En segundo lugar, aumenta el riesgo para las startups que utilizan estructuras corporativas offshore — por ejemplo, con sede legal en Singapur — para atraer capital global mientras mantienen fuertes vínculos con China.
Finalmente, el episodio podría cambiar las estrategias de salida para estas empresas. En lugar de venderse a gigantes tecnológicos occidentales, algunas podrían optar por:
En resumen, la ruptura entre Meta y Manus no es solo un acuerdo fallido. Es un ejemplo de cómo la inteligencia artificial, la seguridad nacional y el capital global están cada vez más entrelazados — y de cómo esas tensiones pueden redefinir el futuro de las startups tecnológicas.
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