La demanda fue presentada en 2024 por tres autores: Andrea Bartz, Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson, quienes acusaron a Anthropic de copiar sus libros sin autorización para entrenar la familia de modelos de IA Claude.
Según los demandantes, muchos de esos textos se obtuvieron de "bibliotecas en la sombra" en internet, como LibGen y PiLiMi, sitios conocidos por distribuir copias piratas de libros.
Con el tiempo, el caso se amplió hasta convertirse en una demanda colectiva (class action) que representa a un grupo mucho mayor de titulares de derechos. En total, el litigio involucra derechos relacionados con aproximadamente 482.460 libros cuyos autores o editoriales podrían recibir compensación si el acuerdo se aprueba.
Anthropic acordó crear un fondo de compensación de 1.500 millones de dólares, lo que podría significar pagos de alrededor de 3.000 dólares por libro para los titulares de derechos elegibles.
El acuerdo recibió aprobación preliminar en septiembre de 2025 por parte del juez federal William Alsup, lo que permitió iniciar el proceso para que autores y editoriales presentaran reclamaciones.
Sin embargo, durante una audiencia de equidad celebrada el 14 de mayo de 2026, la jueza federal Araceli Martinez‑Olguin decidió no aprobarlo todavía. En lugar de ello, pidió más información sobre varios aspectos del acuerdo.
En particular, solicitó:
Este tipo de pausa no significa que el acuerdo haya sido rechazado. En demandas colectivas en EE. UU., es habitual que los jueces revisen cuidadosamente cómo se distribuye el dinero antes de autorizar un acuerdo definitivo.
El caso también ha puesto bajo el microscopio cómo funciona el entrenamiento de los modelos de IA.
En una decisión clave de 2025 dentro del mismo litigio, el juez William Alsup emitió un fallo dividido sobre el uso de libros por parte de Anthropic.
El tribunal distinguió entre dos situaciones diferentes:
Documentos judiciales indican que Anthropic llegó a descargar más de siete millones de libros de sitios piratas mientras construía su biblioteca interna de entrenamiento.
Esa diferencia —entre cómo se usa el contenido y cómo se obtiene— se ha convertido en una de las cuestiones legales más importantes para la industria de la IA generativa.
El acuerdo cubre derechos asociados a 482.460 libros dentro del grupo certificado por el tribunal.
Hasta la fecha límite de reclamaciones, en marzo de 2026:
La cifra es extraordinariamente alta: en muchas demandas colectivas, la participación suele rondar el 10 %.
No obstante, analistas legales señalan que la tasa se calcula por obras, no por autores. Grandes editoriales pueden controlar miles de títulos, por lo que el porcentaje real de autores individuales que participaron podría ser menor.
El acuerdo de Anthropic está siendo seguido de cerca porque podría influir en cómo se resuelven otros conflictos legales similares.
Al menos tres efectos potenciales destacan:
Con 1.500 millones de dólares, el acuerdo sería el mayor pago conocido en un caso de derechos de autor en EE. UU.
Ese tamaño podría marcar el tono de futuras negociaciones entre empresas de IA y titulares de derechos.
La estructura del acuerdo —un gran fondo de compensación con pagos por obra— podría convertirse en una fórmula replicable para resolver reclamaciones relacionadas con enormes conjuntos de datos utilizados para entrenar IA.
Las decisiones judiciales en Bartz v. Anthropic se consideran entre las primeras resoluciones sustantivas sobre si entrenar modelos de IA con obras protegidas puede constituir fair use.
Aunque un acuerdo no crea precedente legal vinculante, el razonamiento de los tribunales en este caso ya está influyendo en argumentos jurídicos de otras demandas contra desarrolladores de IA.
El acuerdo sigue bajo revisión judicial. Si finalmente se aprueba, el fondo de 1.500 millones de dólares se distribuirá entre autores y editoriales que presentaron reclamaciones válidas.
Independientemente del resultado final, Bartz v. Anthropic ya se perfila como uno de los casos más importantes para definir cómo se aplican las leyes de derechos de autor en la era de la inteligencia artificial generativa.