Por ello, Goldman Sachs ha dejado abierta la posibilidad de que el oro vuelva a poner a prueba o incluso supere su antiguo objetivo de 5.400 dólares si mejora la demanda inversora mientras las compras de los bancos centrales siguen siendo firmes. Se trata de un escenario condicionado, no de un nuevo objetivo oficial del banco.
El mecanismo funciona en los dos sentidos. Si la subida se frena o el precio se gira a la baja, las opciones call pierden sensibilidad al activo subyacente. Los intermediarios pueden entonces reducir sus coberturas, mientras que los reembolsos en ETF, la recogida de beneficios y las ventas técnicas añaden presión. La posición en opciones puede amplificar un movimiento, pero no garantiza su dirección.
Los datos del Consejo Mundial del Oro muestran que los bancos centrales y otras instituciones oficiales compraron 288,9 toneladas de oro en el segundo trimestre de 2026, un 62 % más que un año antes. Polonia fue el mayor comprador informado, mientras que China también aceleró sus adquisiciones.
El momento de esas compras es relevante: la demanda del sector oficial aumentó durante un trimestre en el que el precio del oro se debilitó. Eso sugiere que la diversificación de reservas no fue simplemente una reacción al impulso del precio a corto plazo.
También hay un matiz importante. Las compras netas del primer semestre sumaron aproximadamente 345 toneladas, el peor resultado para una primera mitad de año desde 2022. El sólido dato del segundo trimestre respalda la tesis alcista, pero no demuestra que las adquisiciones oficiales vayan a seguir acelerándose al mismo ritmo durante el resto del año.
Los flujos de los ETF de oro explican por qué Goldman Sachs adoptó una postura más cauta. En julio, los ETF estadounidenses de oro registraron una entrada modesta de 44 millones de dólares, después de reembolsos sectoriales cercanos a 6.400 millones de dólares en mayo y junio. Las cifras indican que la presión vendedora empezó a estabilizarse, pero todavía no muestran un regreso sostenido y unidireccional de los inversores occidentales.
Una recuperación duradera de las entradas facilitaría que el oro alcanzara los 4.900 dólares y podría crear las condiciones para superarlos. Si regresan los reembolsos, en cambio, cobraría fuerza el escenario de una recuperación más lenta o de una caída más profunda.
La plata comparte con el oro su sensibilidad a los tipos, los flujos de inversión y las posiciones en opciones, aunque sus perspectivas son menos precisas. Las previsiones públicas están muy dispersas, y las compras de opciones call con objetivo de 90 dólares corresponden a la posición del mercado a corto plazo, no a un objetivo de Goldman Sachs para finales de 2026.
Si la plata continúa subiendo hacia ese precio de ejercicio, la cobertura delta de los intermediarios podría intensificar el avance. Si el rally se estanca, esas coberturas pueden deshacerse y hacer que la caída sea desproporcionadamente brusca. La exposición de la plata a la demanda industrial añade otra fuente de incertidumbre.
A corto plazo, el mercado se ha concentrado recientemente en la zona de 70 dólares como nivel de ruptura o posible retesteo. El precio de ejercicio de 90 dólares es una referencia mucho más elevada del mercado de opciones, no una previsión confirmada.
El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, tiene previsto pronunciar el discurso principal del Simposio de Política Económica de Jackson Hole el 28 de agosto de 2026. Los mercados buscarán cualquier indicio que modifique las expectativas sobre los tipos, los rendimientos reales o el dólar.
Un mensaje más restrictivo podría pesar sobre el oro, la plata, la demanda de ETF y las coberturas alcistas mediante opciones. Una señal menos dura podría favorecer a los metales preciosos al mejorar las perspectivas para los flujos de inversión y las compras de los intermediarios. El discurso es un catalizador, no una señal direccional garantizada, pero llega cuando las posiciones en metales preciosos son especialmente sensibles a cualquier cambio en las expectativas de política monetaria.
Informaciones recientes del mercado describieron una recuperación del oro hasta aproximadamente 4.600 dólares y su regreso por encima de la media móvil de 200 sesiones, un avance técnicamente constructivo. Mantener esa zona dejaría abierta la senda hacia los 4.900 dólares; perderla haría menos creíble un regreso al antiguo objetivo de 5.400 dólares.
La conclusión práctica es clara: el objetivo revisado de Goldman Sachs es de 4.900 dólares por onza, respaldado por una tendencia duradera de diversificación de los bancos centrales, pero limitado por un entorno menos favorable de la Reserva Federal y de los ETF. El oro podría superar esa cifra si regresa la demanda occidental y la cobertura de opciones añade combustible. La plata puede ofrecer una mayor aceleración al alza, aunque la actividad en opciones vinculada a los 90 dólares también hace que sus riesgos bajistas sean más difíciles de ignorar.