Debido a que estas empresas tienen gran peso dentro de los índices de mercados emergentes, su subida ha elevado significativamente el rendimiento del conjunto del MSCI Emerging Markets Index.
El auge de los semiconductores también está cambiando la composición de los índices de referencia.
Taiwán se ha convertido en el país con mayor peso dentro del MSCI Emerging Markets Index, superando incluso a China en la asignación de capital internacional.
El mercado taiwanés representa aproximadamente el 24,8% del índice, reflejando el enorme peso de TSMC y otras empresas tecnológicas exportadoras.
Corea del Sur también ha aumentado su influencia. Samsung Electronics y SK Hynix están capturando gran parte de la demanda mundial de chips ligados a la expansión de la inteligencia artificial.
En la práctica, esto significa que los mercados más expuestos a la industria de semiconductores se han convertido en el principal motor del rendimiento de los mercados emergentes.
Además del factor tecnológico, el contexto macroeconómico está ayudando.
Históricamente, un dólar estadounidense más débil beneficia a los mercados emergentes por varias razones:
En este entorno, muchos inversores están diversificando fuera de las acciones estadounidenses, lo que ha generado mayores flujos hacia fondos y ETFs de mercados emergentes.
Estos flujos de capital han amplificado el rally iniciado por las empresas de semiconductores.
Otro factor importante es la diferencia en valoraciones.
Durante más de una década, el mercado estadounidense —especialmente las grandes tecnológicas— dominó los retornos globales. Pero esa racha dejó a muchas acciones con múltiplos de valoración elevados.
Los mercados emergentes, en cambio, entraron en 2026 tras años de rezago relativo. Muchos gestores consideran que todavía ofrecen valoraciones más atractivas y mayor potencial de crecimiento de beneficios, especialmente en economías asiáticas centradas en tecnología.
Ese contraste ha provocado una rotación gradual de capital hacia estas regiones.
A pesar del fuerte impulso, el panorama no está exento de riesgos.
1. Alta concentración en pocas empresas
Gran parte del rendimiento del índice depende de un número reducido de gigantes tecnológicos. Si los resultados de estas compañías decepcionan, el impacto sobre todo el índice podría ser considerable.
2. Dependencia del ciclo global de chips
Las economías de Taiwán y Corea del Sur dependen en gran medida de las exportaciones de semiconductores. Una desaceleración en la inversión en centros de datos o en gasto en IA afectaría directamente a sus mercados.
3. Tensiones comerciales y aranceles
Las cadenas de suministro de semiconductores son altamente globales y políticamente sensibles. Restricciones tecnológicas o nuevas tarifas comerciales podrían alterar el equilibrio del sector.
4. Riesgo geopolítico en torno a Taiwán
Aunque los inversores han dejado temporalmente en segundo plano las preocupaciones geopolíticas durante el auge de la IA, las tensiones en el estrecho de Taiwán siguen siendo uno de los riesgos más importantes para el suministro mundial de chips.
Durante más de diez años, Wall Street lideró los mercados globales. Sin embargo, el repunte de 2026 sugiere que el liderazgo podría estar desplazándose —al menos parcialmente— hacia Asia emergente.
El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial está trasladando el centro de gravedad hacia las economías que fabrican la infraestructura física que hace posible esta tecnología.
Si la demanda de chips para IA sigue creciendo y el dólar permanece relativamente débil, los mercados emergentes —especialmente Taiwán y Corea del Sur— podrían seguir siendo protagonistas en la historia bursátil de 2026.
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