Las protestas incluyeron manifestaciones, campañas ciudadanas y presentaciones formales durante el proceso de consulta pública. El ayuntamiento amplió el periodo de comentarios tras recibir más de 1.300 firmas en una petición y numerosas objeciones públicas.
Ante la presión política y social, el promotor retiró la solicitud en 2026, demostrando lo vulnerable que puede ser incluso una inversión multimillonaria frente a la oposición local.
En muchos conflictos de este tipo, el primer problema que perciben los vecinos es el ruido.
Los centros de datos requieren sistemas constantes de refrigeración, ventilación y respaldo eléctrico. En el caso de Hazelmere, los planificadores advirtieron que los generadores propuestos podrían superar los niveles aceptables de ruido para la zona.
Debido a que estas instalaciones operan las 24 horas del día, incluso niveles moderados de ruido industrial pueden convertirse en un problema persistente para la calidad de vida de quienes viven cerca.
El proyecto también generó preocupación por su cercanía al Mandoon Bilya (río Helena), una zona natural donde se desarrollan programas de restauración ecológica y actividades educativas. Grupos ambientales argumentaron que una estructura industrial de gran tamaño podría afectar ecosistemas sensibles y el paisaje del río.
Además, los sistemas fluviales del Swan y del Helena tienen un profundo valor cultural. Estudios patrimoniales señalan que han sostenido a los pueblos Nyoongar durante unos 40.000 años, lo que subraya la importancia cultural del entorno donde se proponía el proyecto.
Aunque la documentación pública sobre objeciones indígenas específicas al proyecto es limitada, la relevancia cultural del lugar formó parte del debate sobre si ese emplazamiento era apropiado.
Otro motivo clave de oposición es el consumo de recursos de los centros de datos modernos, especialmente los diseñados para inteligencia artificial.
Estas instalaciones requieren grandes cantidades de electricidad y agua para refrigerar los servidores. Un centro de datos "hiperescalar" típico puede necesitar alrededor de 100 megavatios de electricidad, aproximadamente el consumo de 100.000 hogares.
En encuestas y estudios sobre percepción pública, muchas personas temen que la expansión de centros de datos:
Estas preocupaciones se están volviendo cada vez más visibles en los debates sobre la expansión de la infraestructura de IA.
Otro factor que debilita el apoyo local es la relación entre inversión y empleo.
Aunque los centros de datos requieren enormes inversiones de capital, suelen crear pocos puestos de trabajo permanentes en comparación con fábricas u otras instalaciones industriales.
En Hazelmere, por ejemplo, el proyecto de más de mil millones de dólares estaba previsto que generara apenas dos docenas de empleos directos una vez terminado.
Cuando los residentes perciben que deben asumir ruido, impacto ambiental o presión sobre servicios públicos sin recibir beneficios económicos significativos, el respaldo social tiende a evaporarse.
Hazelmere no es un caso aislado. En Estados Unidos y otras regiones, la oposición local está retrasando o cancelando proyectos importantes.
Estimaciones citadas por responsables políticos y grupos del sector indican que unos 64.000 millones de dólares en proyectos de centros de datos en EE. UU. han sido bloqueados o retrasados desde 2025 debido a la oposición comunitaria y a un mayor escrutinio regulatorio.
Las campañas ciudadanas también han obligado a empresas tecnológicas a replantear ubicaciones o rediseñar proyectos, mostrando que el activismo local puede influir de forma significativa en dónde se construye la infraestructura digital del futuro.
Todo apunta a que la demanda de centros de datos seguirá creciendo a medida que la inteligencia artificial se expanda en la economía global.
Pero el caso de Hazelmere revela un cambio importante: la viabilidad técnica y la inversión ya no bastan para sacar adelante estos proyectos.
Cada vez más, los desarrolladores deben obtener lo que los responsables públicos llaman una “licencia social”: la aceptación de que los beneficios del proyecto superan sus impactos locales.
Las comunidades están pidiendo:
Sin esas garantías, incluso proyectos multimillonarios pueden volverse políticamente inviables.
En otras palabras, el futuro de la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial podría depender menos de la ingeniería y más de cómo las empresas tecnológicas se relacionan con las comunidades que albergan el mundo físico detrás de la nube digital.
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