Este patrón sugiere que parte del capital global se desplazó hacia divisas que suelen beneficiarse cuando mejora la perspectiva de crecimiento económico mundial.
El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y es uno de los puntos de tránsito energético más importantes del planeta. Una proporción significativa de las exportaciones mundiales de petróleo pasa por este corredor marítimo.
Por eso, cualquier amenaza de bloqueo —o la posibilidad de reabrirlo— tiene efectos inmediatos en los mercados energéticos y financieros.
Cuando los operadores percibieron señales de que las negociaciones podrían permitir reactivar el tránsito por la zona, las expectativas cambiaron rápidamente:
En otras palabras, el mercado empezó a descontar que el peor escenario para el suministro energético mundial podría evitarse.
Aun así, el entusiasmo del mercado es moderado. Analistas y autoridades han señalado que no hay garantías de un acuerdo inmediato, y que siguen existiendo diferencias importantes entre Washington y Teherán.
Entre los puntos más sensibles de las negociaciones están:
Debido a estas incertidumbres, muchos operadores consideran que la reacción del mercado responde más a un alivio temporal que a la convicción de que el conflicto está resuelto.
Por ahora, los mercados globales están reaccionando a la posibilidad de una reducción del riesgo geopolítico, no a un acuerdo confirmado.
Ese cambio de expectativas ha generado un patrón claro: