Ucrania ha intensificado sus ataques contra la infraestructura energética rusa —especialmente refinerías— como parte de su estrategia para debilitar la economía de guerra de Moscú.
Las refinerías transforman el petróleo crudo en gasolina, diésel y otros productos esenciales tanto para el transporte civil como para la logística militar.
Datos de la industria citados por Reuters muestran la magnitud del impacto:
Varias grandes refinerías en la Rusia central tuvieron que detener operaciones o reducirlas drásticamente después de oleadas de ataques con drones.
Cuando una refinería queda dañada, disminuye la cantidad de crudo que puede procesarse en combustibles.
Como estas instalaciones producen varios productos a la vez, los problemas afectan simultáneamente a:
Las refinerías golpeadas por los ataques representan más del 30% de la producción de gasolina de Rusia y cerca del 25% de su producción de diésel, por lo que las interrupciones en estas plantas tienen efectos significativos sobre el suministro nacional.
Aun así, la caída total de la producción ha sido menor de lo que podría sugerir la capacidad dañada. Las empresas rusas han logrado mitigar parte del impacto mediante:
Datos del sector indican que estas medidas limitaron la caída total del procesamiento a solo unos pocos puntos porcentuales en partes de 2025, pese a los ataques generalizados.
Incluso interrupciones moderadas a escala nacional pueden provocar escasez aguda en regiones dependientes de largas cadenas logísticas.
Crimea es particularmente vulnerable porque depende del combustible transportado desde refinerías rusas por ferrocarril, carretera o vía marítima. Cuando la producción baja o el transporte se complica, las regiones periféricas suelen recibir menos suministros primero.
En la península esto se ha traducido en episodios periódicos de:
En algunos momentos las autoridades también han aplicado congelaciones de precios o límites administrativos para evitar compras masivas y estabilizar el mercado local.
Los ataques contra refinerías tienen efectos que van más allá de las escaseces regionales.
Primero, una menor capacidad de refinado puede reducir los ingresos estatales, ya que los combustibles refinados son un importante producto de exportación para Rusia.
Segundo, los problemas de suministro pueden empujar al alza los precios internos de gasolina. En 2025, los precios minoristas de la gasolina subieron más rápido que la inflación oficial, en parte debido a reparaciones imprevistas en refinerías y a la reducción de producción.
Finalmente, algunos ataques también han apuntado a infraestructura de exportación, como terminales y centros logísticos. En 2026, ataques contra hubs de exportación en el Báltico interrumpieron temporalmente envíos desde puertos clave y amenazaron con obligar a recortar aún más la actividad de las refinerías si se bloqueaban las rutas de exportación.
El racionamiento de gasolina en Sebastopol es un síntoma visible de un problema energético más amplio provocado por la campaña ucraniana contra la infraestructura petrolera rusa.
Los ataques con drones han dañado múltiples refinerías, dejado fuera de servicio parte de la capacidad de procesamiento y obligado a Rusia a reorganizar su producción y logística de combustibles. Aunque el país ha amortiguado parte del impacto usando capacidad disponible y reparando instalaciones, las interrupciones siguen afectando las cadenas de suministro —especialmente en regiones dependientes como Crimea— y añaden presión a la economía energética rusa en tiempos de guerra.
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