Entre los riesgos que menciona están:
Brown ha señalado además que en la mayoría de los grandes deportes profesionales la propiedad de múltiples equipos está restringida precisamente para evitar conflictos de interés.
El ejemplo más evidente dentro de la Fórmula 1 es el de Red Bull. La empresa Red Bull GmbH controla tanto el equipo campeón Red Bull Racing como Racing Bulls (antes AlphaTauri), lo que constituye el caso más claro de una compañía con dos escuderías en la parrilla.
Aunque esa estructura existe desde hace años, Brown considera que no debería convertirse en un modelo que se extienda al resto del campeonato.
La discusión cobró nueva fuerza cuando surgieron reportes de que Mercedes podría adquirir una participación minoritaria en Alpine, el equipo propiedad del grupo Renault. Incluso una inversión parcial podría generar nuevas relaciones entre escuderías que compiten entre sí.
Brown insiste en que su crítica no está dirigida a un equipo concreto, sino a cualquier situación en la que una misma organización pueda ejercer influencia sobre varios competidores en el campeonato.
Más allá de la teoría, Brown también ha señalado episodios de carrera y situaciones operativas que, en su opinión, ilustran los riesgos de vínculos demasiado estrechos entre equipos.
Además de posibles decisiones estratégicas en pista, el directivo ha expresado preocupación por aspectos como:
Según Brown, estos factores podrían permitir que conocimientos técnicos o información estratégica circulen entre equipos que, en teoría, deberían competir de forma independiente.
El presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, ha reconocido públicamente la controversia y confirmó que el organismo regulador está analizando si la propiedad de múltiples equipos debería permitirse en la Fórmula 1.
Durante el Gran Premio de Miami y en declaraciones posteriores, Ben Sulayem afirmó que, desde su punto de vista personal, poseer dos equipos "probablemente no es el camino correcto". Sin embargo, también describió el asunto como complejo y señaló que requiere un estudio cuidadoso antes de tomar decisiones regulatorias.
La FIA ha asignado personal para examinar las implicaciones éticas y deportivas de estas estructuras, incluyendo si podrían comprometer la equidad competitiva del campeonato.
Al mismo tiempo, el presidente sugirió que algunas inversiones minoritarias podrían seguir siendo aceptables dependiendo de cómo estén estructuradas, lo que indica que la federación está considerando diferentes opciones regulatorias en lugar de aplicar una prohibición inmediata.
Hay varios factores que hacen pensar que esta discusión podría desembocar en cambios reales en la normativa de la Fórmula 1.
Primero, la campaña de Brown ha pasado de simples declaraciones públicas a una presión formal sobre la gobernanza del deporte mediante una carta directa a la FIA.
Segundo, el propio organismo regulador confirmó que está revisando activamente las reglas sobre propiedad y alianzas entre equipos, lo que eleva el debate a nivel institucional.
Y tercero, las posibles nuevas conexiones empresariales —como la especulación sobre Mercedes y Alpine— han ampliado el problema más allá del histórico modelo de Red Bull y plantean la posibilidad de que este tipo de estructuras se multipliquen en el futuro.
En conjunto, estos elementos sugieren que la Fórmula 1 podría estar acercándose a un punto de inflexión regulatorio. Si la FIA concluye que las relaciones entre equipos amenazan la independencia competitiva, el campeonato podría introducir reglas más estrictas sobre cuánto control, inversión o cooperación puede existir entre escuderías en el futuro.
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