También advirtió sobre el problema de las tasas reales negativas —cuando la inflación supera las tasas nominales—. Si la inflación se mantiene cerca o por encima del objetivo mientras las tasas siguen bajas, las condiciones monetarias seguirían siendo demasiado expansivas.
En resumen, su razonamiento se apoya en tres puntos:
Japón importa la gran mayoría de su energía. Eso significa que su economía es particularmente sensible a los cambios en el precio del petróleo y el gas en los mercados internacionales.
Si los conflictos o tensiones en Oriente Medio empujan al alza el precio del crudo, el efecto puede trasladarse a la inflación japonesa a través de varios canales:
El propio BOJ reconoce ese riesgo. En su informe de perspectivas, el banco central señaló que el aumento del petróleo vinculado a tensiones en Oriente Medio podría empujar la inflación del IPC en Japón hacia un rango de 2,5% a 3,0% en el año fiscal 2026, impulsada principalmente por energía y bienes.
Esto explica por qué algunos responsables temen que la inflación no solo alcance el 2%, sino que lo supere.
Los mercados financieros han empezado a descontar la posibilidad de otro aumento de tasas.
En mayo, estimaciones basadas en derivados sugerían que la probabilidad de una subida en la reunión del 16‑17 de junio superaba el 70%.
Si el BOJ actúa, algunos analistas especulan con una subida desde aproximadamente 0,75% hasta cerca de 1,0%, aunque la decisión final dependerá de nuevos datos de inflación y salarios.
Sería otro paso en la transición del BOJ hacia una política monetaria más convencional tras décadas de medidas extraordinarias, incluidas tasas negativas y compras masivas de bonos.
La expectativa de una política más restrictiva ya se refleja en el mercado de bonos japoneses.
Datos recientes muestran que:
Estos movimientos indican que los inversores están ajustando sus carteras ante la posibilidad de que Japón abandone definitivamente el entorno de tasas cercanas a cero.
La política monetaria japonesa tiene un impacto global porque los inversores del país son algunos de los mayores compradores de bonos extranjeros.
En conjunto, poseen alrededor de 1,2 billones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos, lo que convierte a Japón en el mayor acreedor extranjero del gobierno estadounidense.
Durante años, los rendimientos ultrabajos en Japón empujaron a fondos de pensiones, aseguradoras y otros inversores a buscar retornos más altos en el exterior.
Pero si los rendimientos domésticos suben, ese incentivo podría cambiar.
Un aumento de tasas en Japón podría:
Incluso pequeños cambios pueden importar porque las inversiones externas japonesas son enormes. De hecho, algunos analistas señalan que el aumento de los rendimientos domésticos ya coincide con ventas netas de valores extranjeros por varios billones de yenes desde comienzos de 2026.
Si esa tendencia se intensifica, podría empujar los rendimientos globales al alza y encarecer el financiamiento internacional.
Las declaraciones de Junko Koeda reflejan el delicado equilibrio que enfrenta el Banco de Japón.
Por un lado:
Por otro lado:
Para los mercados globales, el mensaje clave es claro: el ciclo de tasas en Japón ha despertado. Incluso incrementos graduales en el país pueden alterar los mercados de bonos internacionales, modificar los flujos de capital y afectar los costos de financiamiento mucho más allá de Japón.
Comments
0 comments