Uno de los golpes más importantes afectó a Emirates Global Aluminium (EGA), especialmente a sus operaciones en Al Taweelah, además de instalaciones vinculadas a Aluminium Bahrain (Alba). Los daños y los cierres por seguridad obligaron a detener líneas de producción y a declarar fuerza mayor en algunos contratos de suministro.
Esto es especialmente grave en la industria del aluminio: las fundiciones funcionan con procesos continuos de electrólisis, y detenerlos abruptamente puede provocar pérdidas de producción prolongadas.
Incluso donde no hubo daños directos, las empresas redujeron operaciones para gestionar riesgos y escasez de insumos.
Entre los casos más relevantes:
Estas decisiones retiraron cientos de miles de toneladas de producción potencial del mercado mundial.
El estrecho de Ormuz es uno de los pasos marítimos más estratégicos del planeta. Conecta a los productores del Golfo con los mercados de Europa, Asia y América.
Durante la crisis, el tráfico marítimo en la zona prácticamente se detuvo, lo que afectó tanto las exportaciones de aluminio como la llegada de materias primas necesarias para producirlo.
Esto es crítico porque la región depende fuertemente del comercio marítimo para alimentar sus fundiciones.
Uno de los indicadores más claros del problema fue la fuerte caída de los insumos.
Las importaciones de alúmina en Oriente Medio cayeron un 63 % interanual en marzo de 2026, reflejando el impacto directo de la interrupción del comercio regional.
La alúmina es el material refinado que se transforma en aluminio dentro de las celdas electrolíticas. Sin un flujo constante de este insumo, las fundiciones no pueden mantener su producción.
La producción de aluminio es una de las actividades industriales que más electricidad consume. Las celdas electrolíticas deben funcionar de manera constante.
El conflicto añadió incertidumbre sobre infraestructura energética, suministro de gas y logística de combustibles, factores que aumentaron el riesgo operativo para las fundiciones del Golfo.
En las últimas dos décadas, el Golfo Pérsico se ha convertido en uno de los mayores polos de producción de aluminio fuera de China.
Los países del CCG producen aproximadamente 6–6,5 millones de toneladas al año, gran parte destinadas a exportación hacia Europa, Norteamérica y Asia.
Se estima que entre el 80 % y el 85 % del aluminio producido en la región se exporta, por lo que cualquier interrupción afecta directamente a los mercados globales.
Además, el sistema mundial tiene poco margen para compensar pérdidas repentinas: en Occidente muchas fundiciones han cerrado por los altos costos energéticos y China mantiene un límite estricto a su capacidad instalada.
El shock se reflejó rápidamente en los mercados.
A mediados de abril de 2026, el aluminio a tres meses en la Bolsa de Metales de Londres (LME) alcanzó aproximadamente 3.571 dólares por tonelada, su nivel más alto en unos cuatro años.
Los operadores no solo reaccionaron a la pérdida de producción, sino también al riesgo de que el bloqueo marítimo en Ormuz se prolongara.
Antes del conflicto, varios analistas esperaban un mercado relativamente equilibrado.
Tras los ataques y los recortes de producción, el panorama cambió bruscamente. Informes citados por Goldman Sachs indican que las interrupciones en Oriente Medio afectaron alrededor del 4 % de la capacidad mundial, cambiando el balance global de un superávit de 550.000 toneladas a un déficit de 570.000 toneladas.
Otras proyecciones sugieren que la crisis podría retirar entre 3 y 3,5 millones de toneladas de producción en 2026 si las interrupciones continúan.
El cambio en el equilibrio del mercado también alteró los flujos comerciales.
Con menos aluminio disponible desde el Golfo, China —el mayor productor mundial— puede aumentar sus exportaciones, mientras que cargamentos de alúmina originalmente destinados a Oriente Medio se redirigen hacia refinerías chinas.
Esto podría reforzar temporalmente la influencia de China en el comercio global del metal.
Sectores como automoción, aeronáutica, construcción, envases y energías renovables dependen fuertemente del aluminio.
Compradores en Norteamérica y Europa ya han reportado oferta más ajustada y primas regionales más altas, a medida que el metal del Golfo desaparece de las cadenas de suministro internacionales.
La crisis de 2026 puso en evidencia la vulnerabilidad de la cadena global del aluminio, concentrada en varios puntos críticos:
Cuando estos tres elementos se ven afectados al mismo tiempo, el resultado no es solo un retraso logístico, sino un shock sistémico de producción.
Si la seguridad regional y el tráfico marítimo no se estabilizan, el mercado del aluminio podría mantenerse ajustado durante gran parte de 2026, con precios elevados, cambios en los flujos comerciales y una mayor dependencia de productores alternativos.
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