La cifra de 13 títulos incluye 10 juegos publicados directamente por Ternox y otros tres que fueron transferidos al estudio, según la cobertura del caso.
STONKS-9800 es un simulador bursátil basado principalmente en texto y con una presentación inspirada en el anime de los años 80. Llegó a PC en 2023 y cuenta con un 97 % de reseñas «abrumadoramente positivas» de usuarios de Steam.
Esa valoración no demuestra por sí sola que el juego cumpla todos los requisitos de publicación de PlayStation. Sí aporta, en cambio, una señal clara de que se trata de un proyecto con una identidad propia y una buena acogida en PC, no simplemente de un lanzamiento menor creado para llenar el catálogo o facilitar trofeos.
La decisión llega en un momento en el que Sony estaría endureciendo sus normas para retirar de la PlayStation Store juegos considerados shovelware: títulos producidos con poco esfuerzo, reutilización de activos o lanzamientos repetitivos diseñados en algunos casos para conseguir trofeos de Platino con facilidad. Los reportes sobre esta campaña se han centrado en editoras con catálogos muy extensos y productos casi idénticos. Afil Games, una de las compañías afectadas, confirmó que PlayStation había implantado reglas de publicación más estrictas y que sus futuros lanzamientos ya no estarían disponibles en la plataforma; distintos informes señalaron que cientos de sus juegos serían retirados.
A primera vista, Ternox no encaja del todo en ese perfil. Su catálogo reunía 13 juegos, no cientos o miles, y sus títulos eran descritos como variados en lugar de simples versiones regionales o copias casi idénticas. Además, la recepción de STONKS-9800 en Steam ofrece un indicio de que el juego es una obra diferenciada y terminada, aunque no permita conocer los criterios internos aplicados por Sony.
Hay, eso sí, un elemento que complica la comparación. Finger Fitness, uno de los juegos de Ternox, fue diseñado alrededor de las funciones de los gatillos adaptativos del mando y se ha relacionado con una obtención sencilla de trofeos. Esa característica podría haberlo situado bajo el foco de una nueva norma. Sin embargo, la información publicada no explica por qué una posible infracción afectaría a todo el catálogo del estudio, incluido STONKS-9800, ni confirma que esa fuera la razón real de Sony.
El estudio afirma que seguirá trabajando en versiones para Nintendo Switch y Xbox de STONKS-9800 mediante autopublicación. También ha mencionado la posibilidad de lanzar ediciones físicas. Por ahora, esas opciones son planes anunciados y no lanzamientos confirmados: no existe un calendario público definitivo para las versiones de consola o las copias físicas.
La rescisión del acuerdo con PlayStation también parece haber dejado a Ternox sin la posibilidad de autopublicar sus juegos en la plataforma de Sony, por lo que el camino más directo para recuperar la versión de PS5 habría quedado cerrado.
Sony controla su propia tienda digital y tiene capacidad para establecer y aplicar normas de publicación. También puede haber razones contractuales, técnicas, legales o relacionadas con el cumplimiento de políticas que no sean visibles para el público. Por eso, la información disponible no demuestra que Sony haya actuado de forma indebida ni que Ternox cumpliera todos los requisitos aplicables.
La dificultad está en que, sin una explicación concreta, ninguna de las dos partes puede someterse a una comprobación efectiva. Ternox dice que no supo qué debía corregir, no pudo responder a una acusación específica y tampoco encontró un proceso de apelación independiente y visible. Para otros estudios pequeños, el caso deja una incertidumbre similar: pueden saber que las reglas están cambiando, pero no qué características de sus catálogos podrían provocar la cancelación de un acuerdo y la retirada completa de sus juegos.
Para los jugadores, el episodio vuelve a poner sobre la mesa los límites de la “propiedad” digital: comprar un juego garantiza el acceso dentro de las condiciones de una plataforma, pero su disponibilidad comercial depende de que siga en la tienda. Para los desarrolladores independientes, muestra hasta qué punto una compañía propietaria de una consola controla la distribución, la visibilidad, las ventas continuadas y los futuros lanzamientos.
Un aviso claro, criterios públicos y una vía de apelación real no evitarían todas las retiradas. Pero sí permitirían entender mejor las decisiones, corregir posibles errores y exigir responsabilidades cuando un catálogo entero queda fuera de una plataforma sin una explicación verificable.