Blackie habría trepado un árbol de plátano dentro del recinto. Al soportar su peso, el árbol se dobló o se rompió, creando una especie de puente improvisado que conectaba con una estructura de roca artificial cercana. Desde allí, la oso hormiguero pudo alcanzar zonas fuera del límite previsto de su hábitat.
Este tipo de recintos suele incluir vegetación y estructuras para escalar con el objetivo de imitar el entorno natural y estimular el comportamiento de los animales. Sin embargo, esas mismas plantas pueden convertirse en “pasarelas” inesperadas para especies ágiles.
Una vez confirmada la fuga, el zoológico activó un amplio operativo para intentar encontrarla. Entre las medidas tomadas están:
La propia biología y comportamiento del oso hormiguero menor complican el trabajo de los equipos de búsqueda.
Durante el día, Blackie podría estar descansando en lo alto de un árbol o escondida entre la vegetación, lugares difíciles de detectar incluso para equipos que la buscan activamente.
El zoológico ha pedido ayuda a visitantes y excursionistas en senderos cercanos, pero con precaución.
Si alguien ve a Blackie, las recomendaciones son:
Asustar al animal podría provocar que trepe a lugares más altos o se esconda en áreas aún más difíciles de inspeccionar.
Blackie es considerada un ejemplar de edad avanzada para su especie: tiene 11 años y 10 meses, ligeramente por encima de la esperanza de vida típica de 9 a 10 años en estado salvaje.
Aunque no representa un peligro para las personas, su desaparición ha desencadenado una búsqueda delicada: encontrar a un animal pequeño, discreto y excelente trepador en un entorno lleno de árboles y vegetación.
Por ahora, el misterio de dónde se esconde Blackie —la inesperada “artista de la fuga” del zoológico— sigue sin resolverse.
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