El proyecto comenzó como un corto animado experimental creado por el estudio creativo Native Foreign y el director Chad Nelson. El corto combinaba imágenes generadas por IA con elementos tradicionales del cine, como actuaciones de voz, música y diseño de sonido.
Tras la buena recepción del experimento, el equipo decidió expandir la idea a un largometraje completo. El objetivo era demostrar que la IA podía reducir de forma drástica los tiempos y costos de producción.
Según reportes de la industria, el plan era terminar la película en unos nueve meses con un presupuesto inferior a 30 millones de dólares, una fracción de lo que suele costar una gran producción animada de Hollywood, que normalmente requiere varios años y presupuestos superiores a los 100 millones.
Gran parte de ese flujo de trabajo dependía de herramientas generativas, especialmente Sora, el modelo de texto‑a‑video de OpenAI diseñado para producir escenas cinematográficas a partir de instrucciones escritas.
El 24 de marzo de 2026, OpenAI anunció que descontinuaría Sora, incluyendo su aplicación pública y los servicios asociados.
La empresa explicó que buscaba simplificar su cartera de productos y redirigir recursos de cómputo hacia otras prioridades tecnológicas.
Además, OpenAI indicó que parte de la investigación detrás de Sora pasaría a enfocarse en modelos de “simulación del mundo”, sistemas de IA diseñados para comprender entornos físicos y apoyar avances en robótica y automatización.
Algunos análisis del sector también han sugerido que operar Sora implicaba costos de computación muy elevados frente a su potencial de ingresos, aunque ese factor no ha sido confirmado plenamente como la causa principal en declaraciones oficiales.
Para el equipo creativo, el momento no pudo ser peor.
Debido a que Sora era una pieza central del pipeline de producción, su desaparición dejó al proyecto sin una de sus herramientas clave en plena fase de desarrollo.
Las consecuencias fueron inmediatas:
El caso expone un riesgo creciente en la industria creativa: depender de plataformas tecnológicas externas que pueden cambiar —o desaparecer— en cualquier momento.
El cierre de Sora tuvo otro efecto importante: derrumbó una alianza anunciada entre OpenAI y The Walt Disney Company.
El acuerdo contemplaba dos elementos clave:
Cuando Sora fue cancelado, el principal uso previsto para ese acuerdo desapareció. El proyecto se canceló antes de completarse y ningún dinero llegó a transferirse.
La decisión también refleja un cambio más amplio en las prioridades de investigación de la empresa.
En lugar de continuar desarrollando Sora como producto comercial de video, OpenAI señaló que quiere concentrarse en IA capaz de modelar el mundo físico, una tecnología que podría impulsar avances en robótica, simulación y sistemas autónomos.
En ese enfoque, los sistemas de video y simulación pueden ayudar a entrenar modelos que comprendan movimiento, física y dinámica de entornos reales.
Mientras OpenAI se alejaba del mercado de generación de video para consumidores, otras compañías han acelerado sus propios proyectos.
En Google I/O 2026, Google presentó Gemini Omni, un modelo multimodal capaz de generar contenido combinando texto, imágenes, audio y video como entrada.
La empresa afirma que el sistema puede crear y editar video mediante instrucciones en lenguaje natural, apoyándose en el conocimiento del mundo real integrado en el modelo.
Esto sugiere que la competencia por dominar la generación de video con IA sigue intensificándose, incluso mientras algunas plataformas desaparecen.
A pesar del golpe, el proyecto no ha sido cancelado.
Reportes indican que los productores buscan nuevos socios tecnológicos y reconstruyen su pipeline de producción tras perder Sora.
Algunas informaciones del sector mencionan Cannes 2027 como una posible nueva meta de estreno, aunque por ahora no existe una fecha oficial confirmada.
La historia de “Critterz” refleja una tensión creciente en el ecosistema creativo impulsado por IA.
Las nuevas herramientas pueden acelerar la producción de forma espectacular, pero también crean dependencias tecnológicas profundas. Cuando una plataforma desaparece, todo un flujo de trabajo creativo puede desaparecer con ella.
Para cineastas y estudios que experimentan con IA generativa, el caso de “Critterz” podría convertirse en uno de los primeros ejemplos claros de este nuevo riesgo en la producción digital.