El impacto dañó el puente de mando y las zonas de alojamiento de la tripulación. A pesar de los desperfectos, el barco habría seguido operativo y continuó rumbo al puerto turco de Trabzon.
Los reportes aportados no coinciden sobre quién es el propietario del Volgo Balt 226. Algunas publicaciones señalan a Azov Shipping, mientras que otras lo vinculan con Primavera Marine, una empresa con sede en las islas Marshall. También fue descrito como un buque operado por una compañía turca.
Por ello, la formulación más prudente es que se trata de un buque con bandera de Comoras cuya propiedad y gestión han sido descritas de forma diferente por distintos medios. Las fuentes disponibles tampoco establecen de manera fiable quién estuvo detrás del ataque.
El segundo incidente afectó al portacontenedores RMS TEAM, operado por la compañía turca Akkon Lines. El barco navegaba desde Gemlik, Turquía, hacia Novorossiysk, Rusia, cuando, según la empresa, fue alcanzado por un dron el 21 de agosto.
Tras el ataque se declaró un incendio que afectó inicialmente a las zonas de alojamiento y la sala de máquinas, antes de propagarse hacia los contenedores. La tripulación emitió una señal de socorro y abandonó el buque. Una embarcación que se encontraba cerca rescató a 11 personas, mientras que un tripulante seguía desaparecido, según el aviso de emergencia del operador y reportes posteriores.
Akkon Lines indicó que los daños eran tan graves que el buque y su carga podían considerarse una pérdida total constructiva. En el ámbito de los seguros marítimos, esta expresión significa que reparar el barco podría no ser económicamente viable. Se trata de la valoración comunicada por el operador, no de una determinación independiente y definitiva de salvamento o de la aseguradora.
También existen versiones contradictorias sobre la última señal AIS del RMS TEAM. Un reporte situó la última transmisión a unos 174 kilómetros de Novorossiysk el 20 de agosto. La versión que ubicaba el buque al noreste de Samsun el 18 de agosto no está corroborada de forma independiente por las fuentes más sólidas disponibles.
Los dos incidentes se produjeron en un contexto de escalada durante agosto, con ataques contra buques mercantes, puertos, terminales de cereales e infraestructuras vinculadas a operaciones militares en ambos lados del conflicto entre Rusia y Ucrania. Reuters describió el mar Negro como un importante cuello de botella comercial, con efectos sobre los suministros de cereales, petróleo y otras materias primas.
Para el 18 de agosto, se había informado de ataques contra al menos cinco buques de cereales cerca de los puertos rusos de Novorossiysk y Tuapsé. Además, un ataque ucraniano de gran magnitud contra Novorossiysk obligó a detener temporalmente la actividad de dos importantes terminales de exportación de grano, según informaciones basadas en autoridades y fuentes del sector.
Las versiones iniciales también mencionaron un buque propiedad de Rosatom, un granelero de propiedad alemana cerca de Odesa y otro barco de propiedad turca cerca de Novorossiysk. Sin embargo, las fuentes aportadas no ofrecen respaldo suficiente para presentar esos casos concretos como hechos confirmados.
Las interrupciones son relevantes porque Rusia y Ucrania son grandes exportadores de cereales y el mar Negro también canaliza petróleo y otras mercancías. Según Reuters, las exportaciones ucranianas de grano cayeron alrededor de un 75 % interanual durante las dos primeras semanas de agosto, mientras los envíos desde sus puertos del mar Negro prácticamente se detuvieron.
La inseguridad también aumenta los costes operativos para navieras y propietarios de carga: eleva la exposición al riesgo de guerra, puede provocar retrasos y ejerce presión sobre los seguros y los fletes marítimos. Reuters informó de que dos grandes terminales de cereales de Novorossiysk suspendieron temporalmente sus operaciones tras el ataque del 12 de agosto; ese día, los futuros del trigo subieron alrededor de un 3 %.
El material disponible no permite confirmar la afirmación de que el trigo cotizaba un 25 % por encima de los niveles de enero de 2026. Esa cifra requiere datos de mercado más sólidos antes de ser presentada como un hecho.
Ucrania habría enviado a Rusia, a través de un intermediario, una propuesta para detener los ataques contra objetivos civiles en el mar Negro. Cuando Reuters informó sobre la iniciativa el 13 de agosto, Kiev todavía esperaba una respuesta.
Las fuentes disponibles tampoco confirman de forma suficiente que Turquía haya impuesto medidas temporales de seguridad específicas al amparo de la Convención de Montreux, el tratado que regula el paso por los estrechos turcos. Para sostener esa afirmación sería necesaria una confirmación de las autoridades turcas u otra fuente primaria autorizada.
El Volgo Balt 226 y el RMS TEAM muestran dos niveles distintos de riesgo para la navegación comercial: un buque resultó dañado, pero siguió navegando con toda su tripulación a salvo; el otro sufrió un incendio, fue evacuado y dejó a un tripulante desaparecido.
Junto con los ataques contra buques de cereales y terminales de exportación, ambos casos muestran cómo la crisis de seguridad del mar Negro está afectando cada vez más a las rutas marítimas civiles y al movimiento de alimentos y materias primas, y no únicamente a objetivos militares.