Los primeros informes de autoridades instaladas por Rusia indicaron que al menos cuatro personas murieron y 35 menores resultaron heridos.
Posteriormente, declaraciones de funcionarios rusos —incluidas afirmaciones atribuidas al presidente Vladimir Putin— elevaron el balance a seis muertos y decenas de heridos, además de 15 personas desaparecidas.
Algunas actualizaciones posteriores en medios mencionaron cifras aún más altas, reflejando cómo los datos cambiaban conforme avanzaban las labores de rescate y se obtenía más información.
Los equipos de emergencia comenzaron a trabajar entre los escombros poco después del ataque.
Autoridades de la región controlada por Rusia informaron que varias personas fueron rescatadas con vida, mientras otras podrían seguir atrapadas. En las primeras horas se reportó que al menos dos o tres sobrevivientes fueron sacados de los restos del edificio.
Las operaciones de búsqueda continuaron durante el día mientras los rescatistas intentaban localizar a desaparecidos y evaluar los daños en el dormitorio y en otros edificios del campus.
El Kremlin condenó enérgicamente el ataque.
El presidente Vladimir Putin acusó a Ucrania de haber atacado deliberadamente a civiles y calificó el incidente como un acto “terrorista”, afirmando que el edificio albergaba estudiantes y no instalaciones militares.
Putin sostuvo que no había objetivos militares cerca del dormitorio y ordenó al ejército ruso preparar opciones de respuesta contra Ucrania.
Además, Moscú llevó el caso al plano diplomático y pidió una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar el incidente.
El ejército ucraniano rechazó la versión rusa sobre el objetivo del ataque.
El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania afirmó que el golpe estaba dirigido contra objetivos militares rusos en el área de Starobilsk, concretamente una unidad de mando o de drones que operaba allí.
Kyiv calificó las acusaciones de Moscú de “información engañosa” y reiteró que sus fuerzas aseguran actuar conforme al derecho internacional humanitario, atacando infraestructura militar y no instalaciones civiles.
Funcionarios ucranianos también sugirieron que fuerzas rusas podrían haber situado equipos o unidades militares cerca de edificios civiles, lo que —según su explicación— podría haber provocado que una estructura vinculada al colegio resultara alcanzada.
El incidente de Starobilsk ocurrió en un contexto de rápida intensificación de la guerra de drones entre Rusia y Ucrania.
Ucrania ha ampliado el uso de drones de largo alcance para atacar objetivos dentro del territorio ruso, especialmente infraestructura energética y refinerías de petróleo, con el objetivo de afectar los ingresos de guerra de Moscú. Informes citados por Reuters indican que algunos ataques recientes han obligado a refinerías en el centro de Rusia a detener o reducir su producción.
Al mismo tiempo, Rusia continúa lanzando misiles y drones contra ciudades ucranianas, ataques que con frecuencia provocan víctimas civiles. Ambas partes se acusan mutuamente de atacar a la población civil, mientras cada una niega hacerlo de forma deliberada.
Como en muchos episodios de la guerra entre Rusia y Ucrania, las versiones sobre lo ocurrido divergen rápidamente:
Debido a que la ciudad se encuentra en territorio ocupado por Rusia con acceso limitado para observadores independientes, verificar de forma externa lo ocurrido resulta difícil. Por ahora, el ataque de Starobilsk se suma a los episodios más polémicos dentro del creciente intercambio de ataques con drones en el conflicto.
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