Durante 77 minutos, el partido fue un monólogo. Suiza tocaba, triangulaba y generaba llegadas constantes, pero entre el larguero, los guantes de Abunada y una puntería más propia de un día de mala suerte, el 1-0 no se movía. El cronómetro corría hacia el descuento y, con Suiza ya saboreando los tres puntos, Qatar lanzó su último cartucho. Ahmed Al-Ganehi puso un centro tenso al corazón del área, y allí emergió el capitán Boualem Khoukhi para conectar un testarazo imparable. Aunque la FIFA terminó acreditando el gol como autogol de Miro Muheim bajo la presión de Khoukhi, la realidad para todos los presentes fue la misma: Qatar había robado un punto sobre la bocina .
Suiza acumuló más de tres goles esperados, pero solo celebró uno. La diferencia de 26 a 7 disparos se convirtió en la radiografía perfecta de la impotencia y la falta de gol que condenó al equipo de Murat Yakin bajo el calor de la Bahía de San Francisco .
El penalti de Embolo llegó envuelto en una nube de dudas desde el instante en que el colegiado hondureño Said Martínez señaló los once metros. Las repeticiones sugerían que, en la jugada previa, Freuler podía estar en fuera de juego por un suspiro. La audiencia esperó la clásica animación del fuera de juego semiautomático, pero la señal nunca llegó a la retransmisión .
Al día siguiente, FIFA emitió un comunicado confirmando que una "breve interrupción técnica" impidió generar el gráfico de posición adelantada durante la revisión. La organización insistió en que se siguieron los protocolos estándar del VAR de forma manual y que ningún jugador estaba en offside, pero la falta de una prueba visual dejó a aficionados y analistas con la mosca detrás de la oreja . El incidente escaló hasta convertirse en uno de los primeros focos de tensión sobre el nivel del arbitraje en el torneo.
La trascendencia de este resultado para Qatar va mucho más allá de un simple punto. Tras perder sus tres partidos como anfitrión en el Mundial de 2022, la selección llegó a Estados Unidos 2026 como campeona de Asia y con una cuenta pendiente. Este empate, contra un rival de la entidad de Suiza, fue la validación definitiva de que pueden competir en la élite .
Medios de todo el mundo se rindieron a la gesta. La agencia de noticias Qatar News Agency destacó cómo el equipo se había convertido en "una de las historias principales de la primera ronda" . Las imágenes de los jugadores tirados en el césped, con el banquillo invadiendo el campo, capturaron la liberación emocional de un país que llevaba cuatro años esperando este momento
.
Al otro lado del Atlántico, la prensa suiza no encontró consuelo. El diario Blick tituló con crudeza "Catástrofe al inicio del Mundial", mientras la radiotelevisión pública RTS optó por un contundente juego de palabras: "QATARSTROPHE" . El diagnóstico fue unánime: perder dos puntos ante un rival teóricamente menor era un desastre para un equipo que soñaba con firmar su mejor actuación histórica en la competición
.
El seleccionador Murat Yakin no se anduvo con rodeos, admitiendo que su equipo había "perdido dos puntos" y lamentando las ocasiones desperdiciadas que mantuvieron con vida a Qatar . Su capitán, Granit Xhaka, fue igual de directo: "Cada empate sabe a derrota. Tenemos que mirarnos a nosotros mismos. Esta actuación no fue lo suficientemente buena para ganar"
. Xhaka instó a sus compañeros a bajar a la realidad y dejar de hablar de títulos hasta que demuestren algo en el campo.
El agónico desenlace provocó reacciones de todo tipo en las redacciones de medio mundo:
No todo lo que ocurrió en Santa Clara fue sobre el verde. Las cámaras de televisión captaron decenas de miles de asientos rojos vacíos, una imagen que contó una historia diferente. La asistencia oficial fue de 67,966 espectadores —muy cerca de la capacidad mundialista de 68,827—, pero las fotografías dentro del estadio no dejaban lugar a dudas: los claros en las gradas eran enormes .
Era el primer partido en suelo estadounidense de este Mundial que no involucraba a la selección anfitriona, y el horario de las doce del mediodía con temperaturas sofocantes no invitaba precisamente a ocupar las localidades. Sin embargo, la crítica generalizada de los medios apuntaba a un culpable principal: la agresiva política de precios de la FIFA . Las entradas más baratas partían de unos 307 dólares (unos 280 euros al cambio), aunque varios aficionados aseguraron haber pagado más de 1,500 dólares tras sumar impuestos y tasas
. En el mercado de reventa, los precios se habían desplomado desde los 1,000 dólares de la semana anterior hasta aproximadamente 300 el mismo día del partido, pero el daño ya estaba hecho: el aficionado común y el espectador neutral habían quedado fuera de la ecuación
.
FIFA se defendió argumentando que muchos hinchas estaban en los vomitorios y no en sus asientos asignados, pero la evidencia visual reavivó un debate que ya había estallado en otras sedes sobre la accesibilidad real al torneo .
El cabezazo de Khoukhi no solo hizo historia, sino que dejó a los cuatro equipos del Grupo B con un punto tras la primera jornada. Un escenario de máxima igualdad donde Canadá y Bosnia y Herzegovina también se mantienen muy vivos en la pelea por la clasificación . Para Qatar, este empate es una base sólida donde sostenerse: la prueba palpable de que los campeones asiáticos no están de paseo. Para Suiza, es un toque de atención, un puñetazo en el orgullo recibido en el tiempo de descuento que les obliga a espabilar si no quieren hacer las maletas antes de tiempo.
Comments
0 comments