La semilla de recuperación es, en la práctica, el secreto maestro a partir del cual pueden regenerarse las direcciones y las claves de firma de un monedero de Bitcoin. Debe ser impredecible: si un atacante consigue reducir el número de semillas posibles, puede buscar la correcta sin ver nunca el dispositivo original.
En los monederos Mk3 afectados, los análisis técnicos de Coinkite situaron la entropía efectiva —una medida de la incertidumbre o aleatoriedad disponible— en aproximadamente 40 bits, frente a los 128 bits previstos. La reducción hizo que la búsqueda mediante computación especializada resultara viable.
La secuencia del ataque, según los informes disponibles, fue la siguiente:
Por eso algunas víctimas pudieron seguir buenas prácticas de autocustodia —no compartir nunca la semilla, mantener el dispositivo desconectado y guardar la copia de seguridad en un lugar seguro— y aun así perder sus fondos. La debilidad existía desde el momento en que se creó la semilla, no en el lugar donde se almacenó después.
Las cifras fueron cambiando a medida que avanzaba la campaña. Un recuento inicial atribuyó 594,48 BTC a unos 500 monederos de una sola firma. Informes posteriores vincularon el ataque con más de 1.300 BTC y pérdidas superiores a 130 millones de dólares.
No conviene interpretar esos datos como un único total definitivo. Los distintos informes abarcaron diferentes oleadas de robos, periodos, tipos de monedero y cotizaciones del bitcoin. Una evaluación posterior de Galaxy Research describió las pérdidas como «130 millones de dólares y subiendo», señal de que la investigación seguía abierta a mediados de agosto.
Los responsables no han sido identificados públicamente. Los informes disponibles describieron una campaña activa y oportunista en la que participarían al menos una docena de hackers o grupos no identificados. También plantearon la posibilidad de que varios actores estuvieran aprovechando la misma vulnerabilidad después de que se hiciera conocida.
La atribución, además, es distinta de demostrar la causa técnica. El origen del problema está relacionado con la implementación de generación de semillas de Coldcard, mientras que las identidades, la organización y la ubicación de quienes vaciaron los monederos siguen sin resolverse según la información disponible. Las pruebas no demuestran un ataque contra Bitcoin en sí ni señalan a un único grupo criminal confirmado.
El incidente de Coldcard se produjo durante un periodo de fuertes pérdidas para la seguridad de las criptomonedas. A comienzos de agosto, los informes citaban más de 200 hackeos contra empresas del sector en 2026 y pérdidas superiores a 950 millones de dólares.
La comparación requiere matices: esa cifra general incluye ataques contra distintas empresas y sistemas cripto, mientras que las pérdidas de Coldcard procedieron de una vulnerabilidad concreta en la generación de semillas. Aun así, el caso ilustra un riesgo recurrente de la autocustodia: ni una criptografía sólida ni el almacenamiento offline pueden compensar un fallo en la generación de claves o en la implementación del software.
Los monederos de hardware están diseñados para mantener el material sensible utilizado para firmar transacciones separado de los dispositivos conectados a internet. Un monedero caliente, en cambio, suele funcionar mediante software expuesto a una gama más amplia de amenazas online. Por eso el almacenamiento en frío puede reducir el riesgo de malware, accesos remotos y exposición accidental de la semilla durante el uso habitual.
Ese modelo de seguridad no falló porque los atacantes iniciaran sesión remotamente en todos los Coldcard. Falló porque algunos monederos se habían creado con semillas que no eran suficientemente aleatorias. Una vez que existe una semilla débil, guardar el dispositivo bajo llave protege el hardware, pero no necesariamente el secreto matemático que puede reconstruirse a partir de la cadena de bloques pública y del patrón de generación conocido.
La diferencia es importante: se trató de una vulnerabilidad de implementación del producto, no de una prueba de que todos los monederos offline sean inseguros por naturaleza ni de que el sistema de direcciones y firmas de Bitcoin haya sido derrotado.
Jonathan Goodman afirmó que le sustrajeron aproximadamente 1,6 millones de dólares canadienses de fondos controlados mediante Coldcard. Dijo que nunca había compartido su frase semilla y que había mantenido sus dispositivos protegidos físicamente, pero esas precauciones no evitaron el robo.
Su caso resume el aspecto más inquietante del incidente: la seguridad operativa del usuario no basta cuando el secreto se generó originalmente mediante un proceso insuficientemente impredecible. Una copia perfectamente protegida de una clave débil sigue siendo una clave débil.
Coinkite divulgó el problema el 30 de julio de 2026 y publicó un firmware corregido junto con un aviso de seguridad. La solución principal no consistía únicamente en actualizar el dispositivo, sino en migrar los fondos:
La empresa advirtió específicamente que actualizar el firmware no convierte retroactivamente en segura una semilla creada con firmware vulnerable. Los fondos existentes deben trasladarse a un monedero controlado por una semilla recién generada.
El aviso indicó que los fondos estaban en riesgo cuando la semilla se había creado sin al menos 50 lanzamientos de dados independientes y privados y el monedero financiado no estaba protegido por una passphrase BIP-39 única y robusta. Los usuarios deben consultar el aviso oficial vigente para conocer las versiones de firmware y las instrucciones de migración específicas de cada modelo. Nunca deben proporcionar sus palabras semilla ni su passphrase a alguien que afirme ofrecer soporte.
El caso Coldcard demuestra que la seguridad de un monedero de hardware tiene varias capas:
La conclusión práctica es sencilla: si una semilla pudo haberse generado mediante un proceso vulnerable, hay que sustituir la semilla, no solo el dispositivo. En este incidente, según los informes, los atacantes no necesitaron robar ningún Coldcard. Solo tuvieron que reproducir el secreto que el dispositivo había generado.