El incidente está considerado el mayor exploit conocido contra carteras de hardware. Y tuvo una particularidad especialmente inquietante: los atacantes no necesitaron robar, manipular ni abrir los dispositivos Coldcard. El problema estaba en las frases semilla generadas por determinadas versiones de firmware.
La vulnerabilidad se remonta a un cambio de código fechado el 1 de marzo de 2021, incorporado al firmware de Coldcard Mk3 versión 4.0.1 .
Las carteras Coldcard incluyen un TRNG, sigla en inglés de generador de números aleatorios verdaderos por hardware. Este componente debe aportar la entropía —la aleatoriedad— necesaria para crear una frase semilla de 12 o 24 palabras y, a partir de ella, las claves privadas de una cartera.
El cambio defectuoso hizo que el dispositivo omitiera el TRNG y recurriera silenciosamente a un generador pseudoaleatorio basado en software . En lugar de utilizar una fuente impredecible, el mecanismo de respaldo derivaba los valores de datos que podían estimarse, como el número de serie del chip y el reloj interno .
El resultado fue una reducción drástica de la entropía prevista: de los 256 bits esperados a un espacio de búsqueda mucho más pequeño y abarcable. Las semillas afectadas dejaron de ser, en la práctica, aleatorias .
Con suficientes recursos de cómputo, un atacante podía enumerar posibles combinaciones de número de serie y hora, reconstruir la frase semilla completa, derivar las claves privadas y comprobar en la cadena de bloques si esa cartera tenía fondos. Todo ello podía hacerse de forma remota y fuera de línea, sin acceso físico al Coldcard .
El ataque parece haber consistido en una enumeración masiva de semillas débiles. En términos sencillos, los operadores podían:
Galaxy Research, firma de análisis de cadenas de bloques, rastreó las principales sustracciones e identificó al menos tres grupos de atacantes . Los robos se produjeron en varias oleadas.
La mayor transferencia individual tuvo lugar el 30 de julio: 1.196 direcciones fueron vaciadas y enviaron 1.082,65 BTC, unos 70,2 millones de dólares en aquel momento, en apenas 41 minutos . Otra oleada posterior drenó cerca de 594 BTC, valorados en unos 38 millones de dólares, de alrededor de 500 carteras en 25 minutos .
Varias informaciones apuntaron a que una auditoría de código asistida por inteligencia artificial pudo contribuir al descubrimiento del fallo . También es muy probable que las herramientas de IA facilitaran la enumeración de semillas y el rastreo automatizado de saldos a la escala necesaria para ejecutar el robo .
La conexión no ha quedado establecida públicamente como una atribución definitiva, pero el caso ha alimentado un debate más amplio: los mismos sistemas que ayudan a revisar código abierto también pueden acelerar la búsqueda de vulnerabilidades en firmware de dispositivos de custodia.
La información disponible no es completamente uniforme entre los avisos de la empresa y los análisis externos. En términos generales, las categorías de mayor riesgo fueron las siguientes:
Una advertencia esencial es que actualizar el firmware no repara una semilla creada anteriormente. Si la semilla fue generada en una versión vulnerable, hay que crear una cartera nueva en un entorno corregido y transferir los fondos a nuevas direcciones .
Coinkite publicó un aviso de seguridad el 30 de julio de 2026, alertando a los usuarios de Mk2 y Mk3 de que los fondos asociados a semillas generadas con determinadas versiones podían estar en riesgo . La empresa recomendó trasladar inmediatamente los activos a carteras nuevas, creadas con firmware corregido o mediante entropía basada en dados .
También publicó firmware actualizado —a partir de la versión 5.0.4— para restaurar el uso correcto del generador de aleatoriedad por hardware y difundió una cronología que vinculaba el problema con el cambio de código de marzo de 2021 . Además, colaboró con firmas de análisis como Galaxy Research y Block para seguir el movimiento de los fondos .
Para muchos usuarios, la advertencia llegó demasiado tarde. En redes sociales aparecieron numerosos reportes de carteras vacías durante la tarde del 30 de julio . La confusión se agravó cuando surgieron varias páginas que ofrecían comprobar si una dirección estaba afectada; algunas fueron señaladas como posibles intentos de phishing.
La recuperación también resulta complicada. En una cartera autocustodiada no existe una entidad central que pueda revertir una transferencia, cancelar las claves o devolver automáticamente los fondos.
Ledger afirmó públicamente que sus dispositivos no estaban afectados por esta vulnerabilidad. La compañía señaló que sus carteras utilizan un TRNG certificado integrado en un chip de elemento seguro, con 256 bits de entropía para cada frase de recuperación de 24 palabras . Esa declaración se refiere a este fallo concreto y no constituye una garantía general frente a cualquier vulnerabilidad futura.
El ataque no provocó un desplome importante del precio de Bitcoin, aunque contribuyó al clima bajista de un mercado ya volátil . Su impacto más profundo fue reputacional y técnico.
Coldcard había construido una imagen asociada a la autocustodia de Bitcoin con un nivel de seguridad casi extremo. El incidente reabrió una pregunta incómoda: ¿de qué sirve que una cartera esté aislada de internet si un fallo de firmware puede reducir silenciosamente la aleatoriedad de las semillas?
Las principales lecciones que volvió a destacar la industria son:
El caso también convirtió la auditoría automatizada de software en una preocupación más inmediata para cualquier fabricante de hardware abierto. Un error que permaneció durante años pudo transformarse en un problema financiero de nueve cifras una vez que alguien identificó cómo explotarlo .
Según los análisis disponibles hasta el 7 de agosto de 2026, la mayoría de los fondos siguen sin gastarse y permanecen en direcciones vigiladas públicamente.
La transparencia de Bitcoin juega aquí a favor de los investigadores. Galaxy Research, Block y otras firmas pueden seguir las direcciones en tiempo real, mientras que los exchanges con controles de cumplimiento pueden marcar depósitos vinculados al robo. Eso dificulta convertir grandes cantidades en dinero convencional sin dejar rastro.
Sin embargo, que los fondos estén localizados no significa que hayan sido recuperados. Hasta la última información disponible, los bitcoins permanecían bajo control de los atacantes; no se había confirmado públicamente ninguna incautación policial ni devolución a las víctimas .