El eje central del documento es un plan de 14 puntos que, en esencia, compra tiempo y alivia las tensiones en el Golfo Pérsico. Según fuentes estadounidenses, el MOU establece:
Trump ha declarado en público que “no se intercambiará dinero hasta nuevo aviso” , pero la letra pequeña del borrador incluye también exenciones limitadas de sanciones para que Irán pueda volver a vender crudo con algo más de holgura
F.
Por mucho que el esqueleto del acuerdo parezca esbozado, dos discrepancias de fondo amenazan con mandarlo todo al traste.
La exigencia más punzante de Teherán es que cualquier entendimiento preliminar tiene que despejar el destino de sus miles de millones de dólares bloqueados en cuentas internacionales. Considera que el desbloqueo no es un punto negociable, sino un prerrequisito para sentarse a la mesa . Donald Trump, por su parte, ha sido contundente en su red Truth Social: ni un dólar por ahora. La agencia Tasnim, vinculada a los Guardianes de la Revolución iraní, calificó de “unilateral” la declaración estadounidense sobre la retirada del bloqueo y repitió que sin progresos en este capítulo no habrá trato preliminar
.
Para Washington, el MOU es la puerta de entrada a un nuevo diálogo que impida a Irán fabricar la bomba. Pero Teherán lo cuenta de otro modo. Medios oficiales iraníes insistieron en que el memorando no incluye compromiso nuclear alguno. Un alto responsable llegó a soltar que “no vamos a firmar ningún acuerdo con Estados Unidos” y advirtió de que las conversaciones se podían dar por canceladas si se tensaba la cuerda . El vicepresidente estadounidense, JD Vance, reconoció el 28 de mayo que los equipos negociaban todavía “un par de puntos de redacción” y dejó en el aire la posibilidad de que Trump acabara vetando la propuesta
.
Las comparecencias públicas han sido un sube y baja que impide hacerse una idea clara del desenlace:
El estrecho de Ormuz es la autopista del petróleo mundial. Si la tensión sigue o el bloqueo se mantiene, los sobrecostes de transporte y el riesgo bélico presionan al alza el precio del barril, y de ahí se contagia a lo que usted paga por llenar el depósito o por la bombona de gas licuado. Los analistas advierten de que un MOU firmado daría una ventana de 60 días para negociar un acuerdo de paz de verdad, pero mientras ni Trump ni el líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, estampen su firma, esa ventana sigue siendo un espejismo .
El escenario es frágil por definición: la tregua de abril, de apenas dos semanas, se ha ido alargando de manera precaria. Si el diálogo vuelve a atascarse, la posibilidad de que se reanuden las hostilidades —con el impacto inmediato en los mercados energéticos— es real y pone nerviosos tanto a gobiernos como a consumidores. La reunión del viernes ha servido para confirmar lo que ya se sabía: la vía diplomática sigue viva, pero necesita una señal inequívoca de dos líderes que, por ahora, se miran de lejos sin pestañear.
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