Uno de los puntos centrales de la cumbre fue la crítica al proyecto estadounidense “Golden Dome”, un sistema propuesto de interceptores antimisiles tanto terrestres como espaciales. En su declaración conjunta, Pekín y Moscú afirmaron que este sistema podría socavar la estabilidad estratégica global.
Desde su perspectiva, un sistema de defensa antimisiles a gran escala puede debilitar el principio de disuasión nuclear. Si un país es capaz de interceptar misiles nucleares entrantes, la capacidad de represalia del adversario podría parecer menos creíble. Según analistas, esto puede incentivar estrategias militares más arriesgadas o impulsar a otros países a ampliar o modernizar sus arsenales para superar dichas defensas.
Por ello, China y Rusia presentaron el plan Golden Dome como un factor potencialmente desestabilizador y advirtieron que podría provocar contramedidas de otras potencias nucleares.
Otro tema clave fue la expiración del tratado New START en febrero de 2026, que durante años había sido el último acuerdo que limitaba el tamaño de los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia.
Sin un tratado que lo sustituya, las dos mayores potencias nucleares del mundo ya no están sujetas a límites formales sobre el número de ojivas y sistemas de lanzamiento desplegados. En la cumbre, China y Rusia criticaron la política nuclear de Washington y sostuvieron que la falta de un nuevo marco de control de armamentos aumenta el riesgo de inestabilidad estratégica.
Aunque China no formaba parte de New START, en los últimos años ha intervenido cada vez más en el debate internacional sobre gobernanza nuclear y control de armamentos.
La declaración conjunta también abordó cuestiones más amplias relacionadas con la estrategia militar.
China y Rusia advirtieron que proyectos de defensa antimisiles estadounidenses y despliegues militares en regiones cercanas a sus territorios constituyen lo que calificaron como una “amenaza clara” a la estabilidad estratégica.
Además, criticaron doctrinas militares que contemplan ataques preventivos con misiles o armas nucleares, argumentando que estas estrategias aumentan el riesgo de errores de cálculo durante crisis internacionales y hacen más probable una escalada militar.
Estas posiciones reflejan posturas que ambos gobiernos han defendido durante años: que la estabilidad depende de preservar una disuasión nuclear creíble y evitar incentivos para un primer ataque.
Más allá de las disputas de seguridad con Washington, la cumbre también subrayó objetivos geopolíticos más amplios. Xi y Putin firmaron una declaración apoyando el surgimiento de un orden mundial multipolar y un “nuevo tipo de relaciones internacionales”.
Esta declaración refleja una meta compartida: reducir la dependencia de instituciones dominadas por Estados Unidos y fortalecer otros centros de poder global. Funcionarios de ambos países presentaron esta iniciativa como parte de un esfuerzo mayor para profundizar la cooperación bilateral y reformar las estructuras de gobernanza global.
En conjunto, el encuentro de Pekín transmitió varios mensajes estratégicos:
Aunque no produjo grandes avances económicos, la cumbre dejó claro que Pekín y Moscú buscan coordinarse cada vez más en cuestiones de seguridad y gobernanza global, especialmente en su respuesta a la influencia de Estados Unidos.
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