El tercer vuelo de New Glenn despegó el 19 de abril de 2026 desde la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral (Florida) con el satélite de comunicaciones BlueBird 7 de la empresa AST SpaceMobile.
La primera parte de la misión se desarrolló según lo previsto. El propulsor de la primera etapa —que ya había volado antes— regresó y aterrizó con éxito en una plataforma de recuperación en el océano, marcando la primera reutilización de un booster de New Glenn.
Sin embargo, el objetivo principal de la misión falló. Durante el vuelo de la etapa superior, el cohete no logró colocar el satélite en la órbita planeada. En su lugar, BlueBird 7 fue liberado en una órbita más baja y fuera de los parámetros previstos, insuficiente para cumplir su misión de comunicaciones.
El satélite finalmente tuvo que ser desorbitado, lo que significó la pérdida efectiva de la carga útil.
Los datos de telemetría apuntaron rápidamente a un problema durante una maniobra crítica de la etapa superior GS2, que utiliza motores BE‑3U optimizados para el vacío.
Los investigadores concluyeron que uno de esos motores no generó suficiente empuje durante una de las maniobras de encendido, lo que impidió que el vehículo alcanzara su órbita objetivo.
Posteriormente, Blue Origin explicó que la etapa superior experimentó una “condición térmica fuera de lo nominal”, lo que provocó que uno de los motores produjera menos empuje del esperado.
Como resultado, el cohete no pudo completar la maniobra orbital prevista y el satélite quedó en una trayectoria demasiado baja para sostener su operación, dejándolo inutilizable.
La FAA clasificó el incidente como un “mishap” (percance de lanzamiento), una categoría regulatoria que obliga a abrir una investigación formal antes de autorizar nuevos vuelos.
Según la normativa estadounidense, el operador del lanzamiento debe:
Hasta que la agencia apruebe las conclusiones y las correcciones, el cohete queda automáticamente suspendido.
Blue Origin informó que su investigación identificó la causa inmediata del problema en la etapa superior y derivó en siete acciones correctivas antes de que la FAA autorizara el regreso al vuelo.
La empresa no publicó el detalle técnico de esas siete medidas. Lo que sí se sabe es que las correcciones se centraron en resolver las condiciones que provocaron el empuje reducido del motor y el rendimiento anómalo de la etapa superior.
Tras revisar el informe y las medidas adoptadas, la FAA levantó la suspensión y permitió reanudar los lanzamientos de New Glenn.
Aunque el satélite se perdió, el vuelo también dejó un avance tecnológico importante.
La misión demostró por primera vez la reutilización de un propulsor de New Glenn, que además fue recuperado con éxito en una plataforma en el océano.
Este tipo de reutilización es clave para reducir costes y aumentar la frecuencia de lanzamientos, un modelo que ya ha demostrado su eficacia en la industria espacial con el Falcon 9 de SpaceX.
La autorización de la FAA es crucial para los planes comerciales de Blue Origin.
Antes del incidente, la empresa había señalado su intención de aumentar de forma significativa la cadencia de lanzamientos de New Glenn, con objetivos que incluyen hasta una docena de misiones en campañas previstas hasta 2026.
La suspensión temporal ponía en riesgo ese calendario. Con la investigación cerrada y las correcciones implementadas, la compañía puede retomar sus lanzamientos y seguir desarrollando New Glenn como competidor en el mercado de cohetes pesados comerciales.
El vuelo de abril de 2026 mostró tanto el potencial como los desafíos de un nuevo sistema de lanzamiento. New Glenn demostró que puede reutilizar y recuperar su enorme propulsor, pero un problema de empuje en la etapa superior impidió completar la misión principal.
Tras la investigación exigida por la FAA y la implementación de medidas correctivas, el cohete ya ha recibido luz verde para volver a volar, un paso clave para que Blue Origin pueda aumentar su ritmo de lanzamientos en los próximos años.