Más allá del comercio, Trump y Xi también abordaron cuestiones de seguridad internacional relacionadas con Irán.
Tras las reuniones, se informó que ambos líderes coincidieron en que Irán no debe poseer armas nucleares y que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto a la navegación internacional.
El tema es especialmente sensible porque:
Trump también indicó que Xi sugirió que China podría ayudar a fomentar la estabilidad en torno al estrecho debido a sus relaciones económicas con Irán.
El momento más tenso de las conversaciones llegó cuando se abordó el tema de Taiwán.
Xi advirtió a Trump que un manejo inadecuado de la cuestión de Taiwán podría llevar las relaciones entre Estados Unidos y China a “un lugar muy peligroso”.
Taiwán es desde hace décadas el asunto político más sensible entre ambas potencias. Pekín considera a la isla parte de su territorio y rechaza cualquier paso hacia la independencia o una cooperación militar más estrecha con Washington.
La advertencia subrayó que, incluso en una cumbre diseñada para estabilizar relaciones y promover el comercio, Taiwán sigue siendo el principal punto de posible crisis entre las dos mayores potencias del mundo.
Otro elemento llamativo de la visita fue la numerosa delegación de líderes empresariales estadounidenses que acompañó al presidente.
Más de una docena de ejecutivos viajaron a Pekín, incluyendo responsables de empresas como Tesla, Apple, Boeing, BlackRock, Mastercard y Visa, entre otras.
La presencia de estos directivos cumplía varias funciones:
La cumbre produjo gestos de cooperación —como el anuncio de Boeing y un tono diplomático más conciliador—, pero no resolvió las tensiones fundamentales entre ambas potencias.
Entre los temas que siguen abiertos están:
En ese sentido, el encuentro en Pekín no representó un gran acuerdo definitivo. Más bien reflejó un intento de gestionar una rivalidad estratégica mientras se mantienen los vínculos económicos entre las dos economías más grandes del mundo.
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