Durante la reunión, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, instó a los miembros de BRICS a “condenar inequívocamente” lo que Teherán considera violaciones del derecho internacional por parte de Estados Unidos e Israel.
Para Irán, conseguir ese respaldo tendría varios objetivos estratégicos:
Teherán también subrayó que el estrecho de Ormuz —una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo— permanece abierto al comercio, siempre que los buques coordinen con las fuerzas navales iraníes.
Como anfitrión de la reunión y presidente del grupo en 2026, India se encontró en una posición especialmente sensible.
El ministro de Asuntos Exteriores indio, Subrahmanyam Jaishankar, insistió en la necesidad de garantizar “flujos marítimos seguros y sin obstáculos” a través de vías internacionales clave, incluido el estrecho de Ormuz y el mar Rojo.
El mensaje reflejó la prioridad de Nueva Delhi: proteger el comercio global y las cadenas de suministro energéticas, evitando al mismo tiempo alinearse abiertamente con alguno de los bandos del conflicto.
Esta cautela se explica por la red de relaciones estratégicas de India:
Tomar una postura frontal contra Washington o Tel Aviv podría complicar varias de estas relaciones al mismo tiempo.
La dificultad para consensuar una declaración conjunta refleja las diferencias estratégicas entre los miembros del bloque.
Tanto China como Rusia suelen mostrarse más dispuestas a criticar la política exterior estadounidense en foros internacionales. Su rivalidad geopolítica con Washington hace más probable que respalden un lenguaje crítico hacia la intervención occidental.
India tiende a mantener una política de autonomía estratégica. En conflictos donde mantiene relaciones con todas las partes, suele evitar posiciones rígidas o declaraciones que puedan limitar su margen diplomático.
La presencia de países del Golfo añade otra capa de complejidad. Los Emiratos Árabes Unidos —también miembro de BRICS— tienen preocupaciones de seguridad regional propias en relación con Irán. Según funcionarios iraníes, un país vecino dentro del bloque presionaba para incluir lenguaje crítico hacia Teherán en la declaración final.
Además, la situación de Arabia Saudí dentro del proceso de ampliación del bloque ha sido objeto de informes contradictorios en algunos momentos, lo que añade incertidumbre a su papel en las posiciones colectivas del grupo.
Más allá de la política, el conflicto también tiene implicaciones económicas directas para los miembros del bloque.
Estas diferencias de intereses hacen difícil adoptar políticas exteriores coordinadas.
La reunión de Nueva Delhi también puso de relieve un desafío estructural del BRICS ampliado. El bloque representa ahora una mayor parte de la población mundial y de la economía global, pero esa diversidad trae consigo intereses geopolíticos a veces incompatibles.
En otras palabras, el grupo tiene más peso internacional, pero también más desacuerdos internos, especialmente cuando se trata de conflictos militares activos.
Ante estas divisiones, el desenlace más probable de la reunión era una declaración cuidadosamente redactada que enfatizara la moderación, el respeto al derecho internacional y la seguridad de las rutas comerciales, o bien la dificultad para acordar un posicionamiento fuerte.
Ese tipo de lenguaje permite a BRICS destacar la estabilidad económica y la cooperación sin obligar a sus miembros a alinearse claramente en uno de los conflictos más volátiles del panorama internacional actual.
En ese sentido, la reunión de Nueva Delhi dejó al descubierto tanto el potencial como los límites del BRICS ampliado: una coalición más amplia de potencias emergentes, pero todavía en busca de una voz diplomática común frente a las crisis globales.
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