Según la propuesta:
El principal inversor señalado era Thrive Eternal, un vehículo creado por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, y J.P. Morgan también participaba en la operación .
Infantino defendió la idea como una oportunidad excepcional de financiación para las 211 federaciones miembro. Su propuesta contemplaba un pago único de 20 millones de dólares para cada una y fijaba el 19 de septiembre como fecha límite para aceptar el ofrecimiento . En una carta a las federaciones, advirtió que rechazar el plan implicaría renunciar a un paquete de financiación de 10.000 millones de dólares .
La respuesta europea fue inmediata. La UEFA afirmó que los derechos del fútbol “no pertenecen a la FIFA para venderlos” y añadió: “Ninguno de nosotros es propietario del fútbol” .
El organismo convocó una reunión urgente de sus 55 asociaciones nacionales para coordinar una respuesta. Entre las opciones figuraba el boicot a todas las competiciones de la FIFA, incluido el Mundial .
El 30 de julio, las 55 asociaciones europeas acordaron por unanimidad no participar en ninguna competición de la FIFA —Mundiales masculinos y femeninos, Mundiales de Clubes y otros torneos— si Infantino seguía adelante con el proyecto .
“UEFA y sus asociaciones nacionales no participarán en las competiciones de la FIFA”, declaró el organismo . La amenaza incluía el Mundial y se mantendría mientras existiera un plan similar de privatización: “Mientras Europa tenga voz, el Mundial nunca estará en venta” .
Ese mismo día, CONCACAF —la confederación que agrupa a Norteamérica, Centroamérica y el Caribe— rechazó formalmente la iniciativa. Sus 41 asociaciones miembro expresaron que estaban perdiendo la confianza, o que ya la habían perdido por completo, en Infantino como presidente de la FIFA .
Con la oposición europea y norteamericana, 96 de las 211 federaciones miembro de la FIFA habían rechazado públicamente el plan .
El 31 de julio, la rebelión llegó también a Asia. La Confederación Asiática de Fútbol (AFC) rechazó la propuesta y manifestó su “profunda preocupación” por los procesos de consulta y toma de decisiones de la FIFA . La AFC pidió además revisar urgentemente el estilo de gestión de la organización .
La presión aumentó desde dentro del círculo de Infantino. Carlos Cordeiro, asesor sénior del presidente, exbanquero de Goldman Sachs y representante de la FIFA en el grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial de 2026, dimitió en protesta .
Cordeiro calificó el proyecto respaldado por Kushner como “un mal acuerdo para el fútbol” . Su salida fue especialmente significativa porque procedía del entorno más cercano al presidente de la FIFA .
Al principio, la FIFA pareció decidida a continuar. El 31 de julio afirmó que seguiría adelante con el proceso de consultas y atribuyó parte del caos a “informaciones incorrectas” difundidas por los medios .
La postura duró apenas unas horas. Más tarde, Infantino comunicó que el proyecto no seguiría adelante . La FIFA explicó que, tras escuchar las distintas opiniones, había quedado claro que la iniciativa había generado divisiones que ya no servían al objetivo original .
El plan quedó cancelado.
La retirada de la propuesta no cerró la crisis. El 1 de agosto, la UEFA acusó a Infantino de impulsar un acuerdo “chapucero, entre bastidores y poco claro” y afirmó que había perdido la confianza en su liderazgo .
La declaración fue más allá de una crítica al proyecto. Según la UEFA, las actuaciones de Infantino habían provocado la pérdida de confianza del mundo del fútbol .
A comienzos de agosto de 2026, no existía una votación formal para destituir a Infantino ni se había anunciado su dimisión. Sin embargo, varios indicios muestran la magnitud del desafío:
La amenaza de boicot de la UEFA sigue siendo el principal instrumento de presión: sus 55 asociaciones han acordado no participar en competiciones de la FIFA si reaparece una propuesta similar de privatización .
El proyecto no llegó a convertirse en una operación financiera, pero sí alteró el equilibrio de poder dentro del fútbol internacional. La FIFA perdió en pocos días el respaldo de tres grandes confederaciones, un asesor cercano abandonó el equipo de Infantino y la UEFA pasó de rechazar el plan a cuestionar directamente la autoridad del presidente.
La propuesta está muerta. La incógnita ahora es si también ha comenzado a resquebrajarse la posición de Infantino al frente de la FIFA.