Para los hogares, esto importa porque gasolina, electricidad, gas y alimentos no son gastos fáciles de evitar. El Banco de Inglaterra dijo que la inflación medida por el IPC había subido al 3,3% en marzo y probablemente aumentaría más adelante en el año a medida que se trasladaran los mayores costes energéticos . KPMG añadió que los hogares estaban parcialmente protegidos a corto plazo por el tope de precios de Ofgem, el regulador energético británico, pero afrontaban una probable subida de las facturas domésticas de energía en el tercer trimestre, con una inflación prevista por encima del 3,5% en su pico
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En la práctica, fue el clásico apretón del presupuesto: si llenar el depósito, pagar la luz o hacer la compra parece más caro, queda menos dinero para un fin de semana fuera, una reserva de hotel o una compra grande.
Los datos de Barclays para abril mostraron fuertes caídas en hoteles y viajes, mientras el gasto total con tarjeta bajaba un 0,1% interanual . Ya en datos previos relacionados con Barclays se veía la misma dirección: el gasto en viajes caía un 3,3%, con algunos viajes al extranjero aplazados o sustituidos por vacaciones dentro del país
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Ese patrón tiene lógica económica. Un viaje, una estancia en hotel o una compra de ocio pueden posponerse; una factura de energía o la compra semanal, normalmente no. Además, los datos de encuesta citados por Barclays mostraron que el 14% de los adultos en Reino Unido estaba retrasando compras importantes o creando un colchón de ahorro por si los costes seguían subiendo .
Es decir, los hogares no solo reaccionaban a los precios actuales. También se estaban preparando para la posibilidad de que las facturas de los próximos meses fueran peores.
El frenazo del gasto se vio reforzado por un empeoramiento claro del ánimo de los consumidores. Which? informó de que la confianza en la economía británica futura cayó a -62 en abril, el nivel más bajo desde el punto álgido de la crisis del coste de la vida, mientras que la confianza en las finanzas futuras del hogar bajó ocho puntos hasta -23, su lectura más débil en más de tres años . El mismo informe señaló que el 83% de los consumidores estaba preocupado por los precios del combustible y el 85% por los alimentos
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La encuesta de primavera de PwC confirmó el giro: el indicador de confianza del consumidor cayó de -1 a -13, la mayor caída trimestral desde junio de 2022; 9 de cada 10 encuestados dijeron que el coste de la vida era su principal preocupación y 8 de cada 10 planeaban recortar gasto en los meses siguientes . Deloitte añadió que los consumidores ya llegaban presionados por la desaceleración del crecimiento salarial y un mercado laboral en deterioro antes de que las tensiones geopolíticas añadieran otra presión sobre los precios
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La confianza importa porque cambia el comportamiento antes de que las estadísticas oficiales lo capten del todo. Si una familia espera facturas más altas, peores perspectivas laborales o costes hipotecarios más duros, es más probable que retrase compras, busque alternativas más baratas y aumente su ahorro preventivo.
El dato de Barclays no llegó aislado. Coincidió con un deterioro del panorama macroeconómico. El FMI recortó su previsión de crecimiento para Reino Unido en 2026 al 0,8%, desde el 1,3% anterior; la información de Reuters lo describió como el mayor recorte entre las grandes economías ricas por la exposición británica al impacto inflacionario de la guerra de Irán . La OCDE también rebajó en medio punto porcentual su previsión de crecimiento para 2026, hasta el 0,7%, el mayor recorte para una economía importante en su actualización provisional
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La Resolution Foundation puso el dato en contexto: tanto el FMI como la OCDE habían rebajado en 0,5 puntos porcentuales el crecimiento británico de 2026, las mayores revisiones a la baja entre países ricos . También subrayó que el choque energético seguía siendo menor que el posterior a la invasión rusa de Ucrania: los precios del gas en Reino Unido llegaron a situarse 78 peniques por therm por encima de los niveles previos a la guerra, frente a 300 peniques en 2022
. Aun así, advirtió de que un regreso a los picos recientes elevaría el gasto de los hogares británicos en energía y combustible en 11.000 millones de libras frente a un escenario en el que los precios se hubieran mantenido en los niveles de comienzos de 2026
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Por eso aumentaron los temores de recesión. Una caída del 0,1% en el gasto con tarjetas no prueba por sí sola que la economía esté en recesión. Pero una demanda doméstica más débil, energía más cara, condiciones financieras más tensas y previsiones de PIB rebajadas sí son compatibles con un entorno de crecimiento más lento .
El problema de política económica es que el golpe es inflacionario y, al mismo tiempo, frena el crecimiento. La energía más cara eleva la inflación general y reduce la renta real disponible; la pérdida de confianza, por su parte, reduce el gasto en bienes y servicios no esenciales.
El Banco de Inglaterra dijo que las condiciones financieras se habían endurecido desde el inicio del conflicto, algo que podría ayudar a reducir la inflación con el tiempo . KPMG, sin embargo, señaló que el choque energético podía limitar al Banco de Inglaterra a un solo recorte de tipos este año, aplazando nuevos recortes hasta 2027
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Para los hogares, el resultado es incómodo por ambos lados. Si los tipos se mantienen altos durante más tiempo, pesan más las hipotecas y el crédito. Si la inflación sigue elevada, el poder adquisitivo continúa bajo presión. En ambos casos, hay incentivos para gastar con más cuidado.
La evidencia de EY disponible aquí cuenta una historia algo distinta porque corresponde a febrero de 2026, antes de que el impacto posterior de la guerra de Irán dominara las previsiones. EY describía entonces un escenario de crecimiento modesto: una inflación más baja y tipos de interés en descenso deberían mejorar la confianza de los consumidores, aunque el menor crecimiento de los salarios y el aumento del desempleo compensarían parte de ese alivio .
EY seguía esperando crecimiento del gasto de los consumidores, pero a un ritmo moderado . Precisamente por eso, las rebajas posteriores del FMI y la OCDE resultan relevantes: muestran lo rápido que cambió el panorama cuando los precios de la energía, el riesgo de inflación y la incertidumbre geopolítica pasaron a ocupar el centro de las previsiones
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El gasto de los consumidores en Reino Unido cayó en abril porque se juntaron tres presiones: un nuevo choque de precios energéticos ligado a la guerra de Irán, un deterioro de la confianza de los hogares y un panorama de crecimiento más débil. La caída del 0,1% registrada por Barclays fue modesta, pero la composición del gasto fue reveladora: los hogares priorizaron lo esencial, recortaron viajes y ocio, y quienes pudieron reforzaron su colchón de ahorro .
La mejor forma de leer el momento no es como una recesión ya confirmada, sino como un apretón serio. Han subido los riesgos de inflación, se han rebajado las previsiones de crecimiento y los consumidores se comportan con más cautela. Para saber si el miedo a la recesión se convierte en recesión real, harán falta los siguientes datos oficiales de PIB.
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