Al otro lado del Pacífico, el panorama es drásticamente distinto. En China, Hong Kong y Singapur —algunos de los mercados más grandes de Asia— no se han registrado protestas masivas, movimientos coordinados ni un debate público significativo sobre el auge de la infraestructura de IA. Los centros de datos siguen proliferando: Singapur, con aproximadamente 1 GW de capacidad operativa, tiene una tasa de desocupación de solo el 1,4% , y los precios de arrendamiento en Hong Kong casi se han duplicado en 2026
.
El contraste no es absoluto —Asia comienza a mostrar fricciones—, pero la diferencia de escala se explica por cuatro factores estructurales fundamentales.
Autoridad descentralizada sobre el uso del suelo. En EE.UU., la ubicación de los centros de datos se decide a nivel de condado o municipal. Las audiencias de zonificación, las revisiones ambientales y los períodos de comentario público otorgan a los residentes múltiples puntos de apalancamiento para bloquear o retrasar proyectos . Este sistema descentralizado ha permitido que una red dispersa de conflictos locales se consolide en un movimiento nacional. A mediados de 2026, los grupos de oposición se habían más que duplicado, llegando a 833 en 49 estados desde finales de 2025
, y se habían introducido más de 300 leyes relacionadas con centros de datos en parlamentos estatales
.
El dolor directo en la factura de la luz. Los costos energéticos son un tema que toca el bolsillo de los hogares estadounidenses, donde las tarifas eléctricas residenciales no dejan de subir. Una encuesta de Consumer Reports reveló que el 78% de los estadounidenses estaban al menos algo preocupados de que los nuevos centros de datos dispararan los precios de la energía . Una encuesta del Pew Research Center de enero de 2026 mostró que el 38% de los encuestados consideraba que los centros de datos eran mayormente negativos para los costos energéticos del hogar, frente a solo un 6% que los veía positivos
. En julio de 2026, una encuesta de la Facultad de Derecho de la Universidad de Marquette halló que más del 70% de las personas creía que los costos de los centros de datos superaban sus beneficios
. Estos temores son tangibles porque las empresas de servicios públicos trasladan los costos de infraestructura a los contribuyentes a través de tarifas reguladas.
El alto valor de los proyectos bloqueados genera visibilidad. Los 130.000 millones de dólares en capital inmovilizado han convertido la ubicación de centros de datos en noticia de primera plana . Esta atención mediática nacional, a su vez, alimenta una mayor organización.
Singapur: racionamiento estatal preventivo. Singapur impuso una moratoria a nuevos centros de datos entre 2019 y 2022, después de que el sector consumiera una parte políticamente insostenible de la electricidad nacional —alrededor del 7% del consumo total, en una ciudad-estado sin recursos energéticos propios— . El crecimiento se reanudó solo a través de un proceso de convocatoria de solicitudes (DC-CFA) estrictamente gestionado, donde la capacidad se adjudicaba según criterios de sostenibilidad
. El DC-CFA piloto otorgó aproximadamente 80 MW a cuatro operadores, y la segunda ronda se abrió en diciembre de 2025 para al menos 200 MW más, exigiendo un PUE (eficiencia energética) de 1,25 o mejor y al menos un 50% de energía verde
. Este racionamiento vertical evitó un rechazo público al hacer que la oferta fuera escasa y controlada por el gobierno, no por la especulación de los desarrolladores.
China: planificación estatal sin canal público. La construcción de centros de datos en China es dirigida por planes del gobierno central y provincial, ejecutados por empresas estatales y grandes firmas tecnológicas. No existe un proceso de zonificación local independiente, ni un mecanismo de comentario público para la ubicación, ni una sociedad civil organizada que pueda montar protestas. La oposición, si existe, permanece invisible en el discurso público.
Hong Kong: espacio limitado, impulso gubernamental. El suelo y la energía están estrictamente controlados por entidades vinculadas al gobierno, y el desarrollo sigue directrices políticas en lugar de una expansión impulsada por el mercado hacia zonas residenciales.
El contraste se está estrechando. Tres señales apuntan a un creciente debate sobre la ansiedad por los recursos en Asia:
Malasia superó a Singapur para convertirse en el centro de datos de más rápido crecimiento en la región, atrayendo 35.000 millones de dólares en inversión al estado de Johor . En febrero de 2026, vivió su primera protesta contra un centro de datos, cuando más de 50 residentes se reunieron frente a una obra en Iskandar Puteri para exigir la limpieza de la contaminación por polvo y la regulación del uso del agua
. Reuters informó en julio de 2026 que el debate sobre los recursos se estaba "intensificando" y que en Selangor, el estado más rico y poblado, la carga sobre las comunidades se había convertido en un tema político
. Como señaló un director del sector: "Hace dos años, solo se trataba de construir capacidad"
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India — El plan de Google de invertir 15.000 millones de dólares en un centro de datos enfrentó la oposición de activistas ambientales que acusan a las autoridades de agilizar los permisos sin evaluar los riesgos para el suministro de agua .
Singapur continúa experimentando una grave restricción de la oferta: su tasa de desocupación del 1,4% y los precios de arrendamiento mayorista de hasta 490 dólares estadounidenses por kW (muy por encima de los 180 dólares de Hong Kong) reflejan cómo el Estado controla el crecimiento . El gobierno está redactando una Ley de Infraestructura Digital para crear un régimen de licencias formal
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El rechazo en EE.UU. es grande y visible porque su sistema de gobernanza invita a la fricción local, los contribuyentes sienten el impacto directo en sus costos y existe una infraestructura activista nacional para coordinarlo. En los grandes centros asiáticos, el Estado raciona el crecimiento (Singapur), lo controla desde arriba (China, Hong Kong) o se encuentra en una fase temprana del auge donde la oposición organizada apenas comienza a surgir (Malasia, India).
La brecha podría cerrarse, pero no será igual: es más probable que el rechazo asiático adopte la forma de racionamiento gubernamental, debates sobre políticas de recursos y desafíos judiciales, que el movimiento de protesta descentralizado y multinacional visto en EE.UU.