El deterioro fue suficiente para que los flujos netos acumulados de 2026 pasaran por primera vez a terreno negativo . Solo mayo terminó con salidas netas de 2.430 millones de dólares, el mayor reembolso mensual del año .
Los grandes fondos también estuvieron en el centro de la presión vendedora. El 2 de junio, el iShares Bitcoin Trust (IBIT), de BlackRock, registró una salida neta de 388,68 millones de dólares. Fidelity, con FBTC, y Grayscale, con GBTC, también sufrieron reembolsos importantes .
El golpe más simbólico llegó el 1 de junio. Strategy, la empresa anteriormente conocida como MicroStrategy, comunicó en una presentación ante la SEC que había vendido 32 BTC entre el 26 y el 31 de mayo . La operación generó alrededor de 2,5 millones de dólares, a un precio medio de 77.135 dólares por bitcoin, para financiar dividendos de sus acciones preferentes .
En términos cuantitativos, la venta fue diminuta: representó apenas el 0,0038 % de los 843.706 BTC que la compañía mantenía en su tesorería . Sin embargo, su carga psicológica fue mucho mayor.
Michael Saylor, presidente ejecutivo de Strategy y uno de los defensores más visibles de Bitcoin, había construido buena parte de su discurso en torno a la idea de “no vender nunca” sus bitcoins. Ese principio comenzó a resquebrajarse el 5 de mayo, cuando planteó que la empresa podría vender una parte de sus reservas para cubrir unos 1.500 millones de dólares en obligaciones anuales de dividendos, después de comunicar una pérdida de 12.500 millones de dólares en el primer trimestre .
La ejecución de la venta menos de un mes después convirtió esa posibilidad en un hecho. El impacto no provino del volumen de los 32 BTC, sino de lo que la operación sugería sobre la permanencia de la estrategia de acumulación de la compañía .
A las presiones propias del mercado cripto se sumaron unas condiciones macroeconómicas menos favorables. Las tensiones geopolíticas, incluido el conflicto entre Estados Unidos e Irán, los temores persistentes de inflación y los cambios en las expectativas sobre la Reserva Federal redujeron el apetito por el riesgo .
En ese contexto, Bitcoin no funcionó como refugio. Su cotización pasó de aproximadamente 77.000 dólares a mediados de mayo a un mínimo cercano a 66.864 dólares el 3 de junio .
Mientras el dinero salía de los productos ligados a Bitcoin, una parte del mercado se concentró en tokens percibidos como piezas de infraestructura productiva para la industria de la inteligencia artificial.
El episodio apunta a una reevaluación temática del mercado, aunque no elimina el componente especulativo propio de las criptomonedas. Hay cuatro conclusiones principales.
En esta fase de aversión al riesgo, la tesis de Bitcoin como cobertura macroeconómica perdió fuerza. Los tokens vinculados con IA, en cambio, se beneficiaron de una narrativa conectada con una demanda más concreta: computación GPU descentralizada, indexación de datos e inferencia de inteligencia artificial en cadena .
Eso no significa que estos proyectos estén exentos de riesgo ni que su utilidad garantice una subida de precio. Significa que, en ese momento, el mercado valoró más los activos capaces de asociarse con una actividad económica específica que aquellos cuya principal propuesta era actuar como reserva de valor.
NEAR, ICP y Render cuentan con hitos identificables: actualizaciones de red, comunidades de desarrolladores y un uso creciente —o una expectativa de uso creciente— en mercados de computación para IA. Esa visibilidad favoreció a los tokens que podían presentar infraestructura y productos concretos frente a las apuestas basadas únicamente en la especulación .
Los 32 BTC vendidos por Strategy no fueron suficientes, por sí solos, para explicar el descenso de Bitcoin. El elemento relevante fue que el principal símbolo de la estrategia de compra y mantenimiento a largo plazo rompió su propio principio.
La operación puso en duda la idea de una acumulación corporativa prácticamente irreversible y abrió espacio para que los inversores consideraran activos con una tesis de utilidad más inmediata .
Las salidas de los ETF de Bitcoin no necesariamente significan que todo ese capital abandonara el mercado de las criptomonedas. Algunos análisis describieron el movimiento como una rotación deliberada hacia segmentos con mayor crecimiento percibido y posibles fuentes de actividad económica, especialmente la infraestructura de computación para IA .
La señal importante es, por tanto, la selección dentro del sector: en lugar de vender indiscriminadamente todos los activos digitales, algunos inversores estaban reduciendo exposición a Bitcoin y buscando nuevas áreas temáticas.
Bitcoin recibió un triple golpe: salidas récord de los ETF, el impacto simbólico de la primera venta de BTC de Strategy en años y un entorno macroeconómico hostil. Al mismo tiempo, NEAR, ICP, Render y otros tokens vinculados con IA se beneficiaron de una narrativa distinta, basada en computación descentralizada, adopción de productos y demanda potencial de infraestructura.
La lección no es que los tokens de IA hayan dejado de ser volátiles ni que Bitcoin haya perdido definitivamente su función en el mercado. Es que, durante este episodio, los inversores separaron con mayor claridad dos propuestas: Bitcoin como activo de reserva de valor y los tokens de IA como apuestas por infraestructura digital productiva.
El deterioro fue suficiente para que los flujos netos acumulados de 2026 pasaran por primera vez a terreno negativo . Solo mayo terminó con salidas netas de 2.430 millones de dólares, el mayor reembolso mensual del año .
Los grandes fondos también estuvieron en el centro de la presión vendedora. El 2 de junio, el iShares Bitcoin Trust (IBIT), de BlackRock, registró una salida neta de 388,68 millones de dólares. Fidelity, con FBTC, y Grayscale, con GBTC, también sufrieron reembolsos importantes .
El golpe más simbólico llegó el 1 de junio. Strategy, la empresa anteriormente conocida como MicroStrategy, comunicó en una presentación ante la SEC que había vendido 32 BTC entre el 26 y el 31 de mayo . La operación generó alrededor de 2,5 millones de dólares, a un precio medio de 77.135 dólares por bitcoin, para financiar dividendos de sus acciones preferentes .
En términos cuantitativos, la venta fue diminuta: representó apenas el 0,0038 % de los 843.706 BTC que la compañía mantenía en su tesorería . Sin embargo, su carga psicológica fue mucho mayor.
Michael Saylor, presidente ejecutivo de Strategy y uno de los defensores más visibles de Bitcoin, había construido buena parte de su discurso en torno a la idea de “no vender nunca” sus bitcoins. Ese principio comenzó a resquebrajarse el 5 de mayo, cuando planteó que la empresa podría vender una parte de sus reservas para cubrir unos 1.500 millones de dólares en obligaciones anuales de dividendos, después de comunicar una pérdida de 12.500 millones de dólares en el primer trimestre .
La ejecución de la venta menos de un mes después convirtió esa posibilidad en un hecho. El impacto no provino del volumen de los 32 BTC, sino de lo que la operación sugería sobre la permanencia de la estrategia de acumulación de la compañía .
A las presiones propias del mercado cripto se sumaron unas condiciones macroeconómicas menos favorables. Las tensiones geopolíticas, incluido el conflicto entre Estados Unidos e Irán, los temores persistentes de inflación y los cambios en las expectativas sobre la Reserva Federal redujeron el apetito por el riesgo .
En ese contexto, Bitcoin no funcionó como refugio. Su cotización pasó de aproximadamente 77.000 dólares a mediados de mayo a un mínimo cercano a 66.864 dólares el 3 de junio .
Mientras el dinero salía de los productos ligados a Bitcoin, una parte del mercado se concentró en tokens percibidos como piezas de infraestructura productiva para la industria de la inteligencia artificial.
El episodio apunta a una reevaluación temática del mercado, aunque no elimina el componente especulativo propio de las criptomonedas. Hay cuatro conclusiones principales.
En esta fase de aversión al riesgo, la tesis de Bitcoin como cobertura macroeconómica perdió fuerza. Los tokens vinculados con IA, en cambio, se beneficiaron de una narrativa conectada con una demanda más concreta: computación GPU descentralizada, indexación de datos e inferencia de inteligencia artificial en cadena .
Eso no significa que estos proyectos estén exentos de riesgo ni que su utilidad garantice una subida de precio. Significa que, en ese momento, el mercado valoró más los activos capaces de asociarse con una actividad económica específica que aquellos cuya principal propuesta era actuar como reserva de valor.
NEAR, ICP y Render cuentan con hitos identificables: actualizaciones de red, comunidades de desarrolladores y un uso creciente —o una expectativa de uso creciente— en mercados de computación para IA. Esa visibilidad favoreció a los tokens que podían presentar infraestructura y productos concretos frente a las apuestas basadas únicamente en la especulación .
Los 32 BTC vendidos por Strategy no fueron suficientes, por sí solos, para explicar el descenso de Bitcoin. El elemento relevante fue que el principal símbolo de la estrategia de compra y mantenimiento a largo plazo rompió su propio principio.
La operación puso en duda la idea de una acumulación corporativa prácticamente irreversible y abrió espacio para que los inversores consideraran activos con una tesis de utilidad más inmediata .
Las salidas de los ETF de Bitcoin no necesariamente significan que todo ese capital abandonara el mercado de las criptomonedas. Algunos análisis describieron el movimiento como una rotación deliberada hacia segmentos con mayor crecimiento percibido y posibles fuentes de actividad económica, especialmente la infraestructura de computación para IA .
La señal importante es, por tanto, la selección dentro del sector: en lugar de vender indiscriminadamente todos los activos digitales, algunos inversores estaban reduciendo exposición a Bitcoin y buscando nuevas áreas temáticas.
Bitcoin recibió un triple golpe: salidas récord de los ETF, el impacto simbólico de la primera venta de BTC de Strategy en años y un entorno macroeconómico hostil. Al mismo tiempo, NEAR, ICP, Render y otros tokens vinculados con IA se beneficiaron de una narrativa distinta, basada en computación descentralizada, adopción de productos y demanda potencial de infraestructura.
La lección no es que los tokens de IA hayan dejado de ser volátiles ni que Bitcoin haya perdido definitivamente su función en el mercado. Es que, durante este episodio, los inversores separaron con mayor claridad dos propuestas: Bitcoin como activo de reserva de valor y los tokens de IA como apuestas por infraestructura digital productiva.