Las causas fueron distintas en cada país:
La simultaneidad es importante. La pérdida de producción o exportaciones de un solo país puede compensarse con barriles de otro origen. Cuando varios proveedores relevantes reducen sus flujos a la vez, quedan menos alternativas inmediatas.
Según los datos de Vortexa citados en los informes, el crudo “en el agua” —es decir, cargado en petroleros entre el puerto de exportación y su destino— cayó unos 175 millones de barriles en cuatro semanas. Eso equivale a una reducción media de aproximadamente 6,25 millones de barriles diarios. Las existencias en tanques terrestres de techo flotante disminuyeron en unos 81 millones de barriles durante el mismo periodo.
Otros informes hablaron de una caída de unos 200 millones de barriles, o 7,1 millones de barriles diarios, en cuatro semanas. La diferencia parece responder a distintas ventanas de medición o tratamientos de los datos. Las cifras de Vortexa documentadas de forma más consistente en el material disponible son 175 millones de barriles en el mar y 81 millones en tierra; por ello, la tasa exacta de reducción no debe considerarse plenamente establecida.
El mensaje general sí es claro: los barriles visibles en los inventarios estaban saliendo rápidamente. Una caída de las reservas no demuestra por sí sola que vaya a producirse una escasez duradera —también importan la demanda, la actividad de las refinerías y la ubicación de los inventarios—, pero reduce el colchón disponible si las interrupciones continúan.
El tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz mejoró brevemente a mediados de julio. Ese repunte creó la impresión de que los flujos de suministro podían normalizarse, pero la recuperación no duró. Más tarde, la AIE afirmó que seguía sin alcanzarse un acuerdo que permitiera reabrir Ormuz y garantizar el tránsito sin obstáculos por Bab el-Mandeb. La reanudación de las hostilidades y las perturbaciones marítimas frustraron los esfuerzos para recuperar la producción y el transporte.
Para Vortexa, la diferencia entre un repunte puntual y una normalización sostenida era fundamental. Un aumento temporal del movimiento de petroleros puede aliviar la presión inmediata sin restaurar el flujo subyacente de crudo. Si los armadores siguen evitando la ruta o los productores no pueden cargar y trasladar sus mercancías de forma fiable, el mercado continúa recurriendo a los inventarios.
Argus estimó que los flujos de petroleros seguidos por Vortexa a través de Ormuz fueron de unos 941.400 barriles diarios entre el 14 y el 21 de agosto, principalmente cargamentos iraquíes y saudíes. La cifra indica que el tráfico no necesariamente se había reducido a cero, pero seguía muy limitado frente a los flujos regionales habituales.
Irán registró la pérdida de exportaciones más pronunciada entre las cifras citadas. El seguimiento del mercado situó sus envíos en aproximadamente 294.000 barriles diarios, frente a un promedio cercano a 1,7 millones de barriles diarios en 2025. Esta comparación debe entenderse como una estimación de mercado relacionada con Vortexa, no como una estadística oficial de producción verificada de forma independiente.
En el caso de Arabia Saudí, el riesgo no consistía tanto en un colapso confirmado de la producción como en la vulnerabilidad de las rutas del golfo Pérsico y el mar Rojo. La reducción rusa reflejaba daños e interrupciones en la infraestructura del mar Negro, mientras que Estados Unidos había sido una fuente importante de barriles de sustitución durante la primera fase de la crisis.
En conjunto, estos acontecimientos redujeron tanto la oferta como la flexibilidad del mercado. Que todavía haya petróleo bajo tierra no significa que pueda llegar rápidamente a las refinerías, con seguridad o a un coste normal.
La evaluación de la AIE mostró que la advertencia no era solo la opinión de una empresa. El suministro mundial aumentó en julio en 2,4 millones de barriles diarios, hasta 101,5 millones, pero aún se situaba 6,3 millones de barriles diarios por debajo del nivel de un año antes. La producción del golfo Pérsico seguía 8,3 millones de barriles diarios por debajo de los niveles normales.
Posteriormente, la agencia pronosticó que el suministro mundial promedio caerá en 4,3 millones de barriles diarios en 2026, hasta unos 102 millones de barriles diarios. También elevó su previsión de déficit del tercer trimestre a 1,8 millones de barriles diarios, más del doble de su estimación anterior.
La previsión de la AIE no equivale a una predicción incondicional de escasez permanente. La agencia también espera que la demanda mundial de petróleo se contraiga en 1,6 millones de barriles diarios en 2026, debido a que los precios elevados y las interrupciones reducirían el consumo. Esa respuesta de la demanda podría limitar el déficit si fuera suficientemente intensa o prolongada.
El 18 de agosto, el Brent cerró en 91,02 dólares por barril y el West Texas Intermediate (WTI) en 84,94 dólares. Reuters señaló que el crudo cotizaba aproximadamente un 50 % por encima del nivel de comienzos de año, pero también observó que parte de la prima de pánico inicial se había disipado. Los operadores empezaban a tratar la interrupción como una situación prolongada, en lugar de como un nuevo shock cada día.
Ahí está la aparente contradicción de la advertencia de Vortexa: los precios ya eran elevados, pero los datos físicos sugerían que quizá no estaban incorporando plenamente el riesgo de un agotamiento continuado.
La preocupación no era necesariamente que el petróleo tuviera que subir de inmediato. El argumento era que un mercado con inventarios marítimos y terrestres en rápido descenso, rutas de transporte restringidas y un déficit trimestral previsto debería mantener una prima de riesgo mayor y más persistente, especialmente si las interrupciones se prolongaban y resultaba más difícil conseguir barriles de sustitución.
Windward identificó unos 20 buques en el fondeadero de Koh-e-Mubarak, cerca de Ormuz, que consideró vinculados a actividades de evasión de sanciones y transferencias de barco a barco. Ocho de esas embarcaciones figuraban como designadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC).
El hallazgo respalda la idea de que algunos barriles vinculados a Irán circulaban por canales opacos y con mayores obstáculos, en lugar de incorporarse normalmente al mercado abierto. Las imágenes de Windward también identificaron buques que llevaban largos periodos inmóviles, además de posibles señales de almacenamiento flotante y manipulación de identidades.
Sin embargo, la existencia de un centro de actividad de la flota opaca no permite establecer por sí sola qué volumen exacto de crudo está fuera del alcance de los compradores. Es una señal de logística restringida y difícil de rastrear, no una medición completa del suministro mundial.
Varios factores podrían hacer que la advertencia de Vortexa resulte menos grave de lo previsto:
Por tanto, la duración de la interrupción era decisiva. Un problema marítimo breve podría absorberse mediante desvíos de rutas, destrucción de demanda y uso de inventarios. Una interrupción prolongada iría eliminando gradualmente esos amortiguadores.
La advertencia de Vortexa se apoyó en tres señales que se reforzaban entre sí: una caída de unos 5 millones de barriles diarios en las exportaciones de cuatro grandes proveedores, una rápida reducción del crudo en tránsito y de las reservas en tanques terrestres, y la previsión independiente de la AIE de un déficit de 1,8 millones de barriles diarios en el tercer trimestre.
Los datos apuntaban a un mercado que se estaba ajustando más rápido de lo que sugerían los precios de referencia. Eso no garantizaba una subida descontrolada. Las variables decisivas eran si Ormuz y las demás rutas marítimas volvían a operar de forma fiable, si llegaba suministro de reemplazo y si los precios altos reducían la demanda con suficiente rapidez para equilibrar los barriles perdidos.