Esta lista explica por qué incidentes que parecen aislados —un ciberataque, un fallo sospechoso en una infraestructura, una campaña de desinformación o el avistamiento de un dron— se analizan como posibles piezas de un problema de seguridad más amplio. Aun así, atribuir una acción a Rusia no significa que todos los casos estén probados públicamente en un tribunal o identificados de forma concluyente.
Los drones son relativamente baratos, versátiles y difíciles de detectar o neutralizar cuando vuelan a baja altura. Responsables militares europeos han advertido además de que la actividad de drones rusos puede utilizarse para poner a prueba las defensas aéreas y localizar sus puntos débiles.
Por eso, la preocupación no se limita a saber si un dron concreto cruzó una frontera. Las incursiones repetidas o las operaciones de reconocimiento sospechosas pueden revelar deficiencias en la vigilancia, la detección a baja altura, los tiempos de respuesta y la cobertura contra drones. Los informes sobre el espacio aéreo del este y el norte de Europa también han subrayado esas carencias y la necesidad de reforzar la disuasión y la protección.
Las fuentes disponibles no respaldan la afirmación más específica de que Rusia vaya a utilizar «drones ucranianos» contra infraestructuras críticas europeas. Ese escenario aparece en algunos artículos sobre posibles provocaciones, pero debe considerarse una hipótesis no verificada, no una evidencia establecida.
Rinkēvičs ha distinguido entre la capacidad de Rusia para realizar operaciones pequeñas o medianas y su capacidad para lanzar una invasión a gran escala contra el flanco oriental de la OTAN. En una entrevista con TVP World, afirmó que Moscú no disponía actualmente de capacidad militar para una invasión de ese tipo, aunque sí conservaba capacidad para operaciones de menor escala.
La diferencia es fundamental. La información pública justifica la preocupación por el sabotaje, la presión cibernética, la desinformación y las provocaciones limitadas. No demuestra que Rusia haya decidido invadir los países bálticos ni que un ataque convencional importante sea inminente.
El riesgo estratégico más inmediato sería una acción limitada y negable, diseñada para generar desacuerdos dentro de la OTAN: lo bastante grave como para poner a prueba a la alianza, pero lo bastante ambigua como para complicar una respuesta colectiva.
Informaciones recientes basadas en evaluaciones de inteligencia de Estados Unidos indican que Vladímir Putin podría intentar poner a prueba la determinación de la OTAN en los próximos años. Los escenarios contemplados irían desde un ciberataque hasta una incursión terrestre limitada, con el propósito de desafiar la unidad de la alianza y su compromiso con el artículo 5.
Otros informes sitúan el posible periodo entre el otoño de 2026 y 2029, y señalan a los países bálticos y Polonia como el escenario más probable para una prueba de ese tipo. Se trata de evaluaciones de posibles escenarios basadas en información clasificada, no de una predicción de que vaya a producirse un ataque en esas fechas.
Aun así, la lógica resulta especialmente alarmante para los países del flanco oriental de la OTAN. Una acción limitada contra infraestructuras críticas, territorio, comunicaciones o redes de transporte podría buscar que los aliados tuvieran que decidir hasta dónde están dispuestos a llegar. Por eso la resiliencia y la coordinación rápida también forman parte de la disuasión: cuanto más difícil sea sembrar confusión o explotar diferencias nacionales, menos atractivo será intentar una provocación limitada.
El sistema de tránsito facilitado para viajar entre Rusia y la región de Kaliningrado a través de Lituania se remonta a los acuerdos de la Unión Europea adoptados en 2003. El marco utiliza documentos de tránsito facilitado y documentos ferroviarios relacionados; para determinados trayectos por carretera, el límite establecido es de 24 horas.
Arvydas Anušauskas, diputado del Seimas lituano y antiguo ministro de Defensa, ha propuesto modificar la legislación fronteriza para reducir a seis horas el tiempo permitido a los ciudadanos rusos en tránsito. Según su argumento, el cambio reforzaría la vigilancia sin reescribir unilateralmente el marco europeo. Las circunstancias excepcionales —accidentes, averías, colas en la frontera o condiciones meteorológicas extremas— seguirían siendo relevantes dentro de las reglas vigentes.
La propuesta llega después de un aumento comunicado tanto del tráfico como de las infracciones. Casi 13.000 turismos matriculados en Rusia utilizaron documentos de tránsito simplificado en 2025, mientras que las infracciones documentadas pasaron de 360 en 2024 a 1.493 en 2025.
Esas cifras respaldan el argumento de que una ventana más corta y sistemas automáticos de vigilancia podrían facilitar la detección de paradas o desvíos no autorizados. Pero, por sí solas, no demuestran que los usuarios del tránsito estén realizando espionaje o sabotaje. El argumento de seguridad consiste en reducir la exposición y mejorar el control, no en tratar a cada viajero como un agente de inteligencia.
Para Letonia, Lituania, Estonia y Polonia, la respuesta práctica pasa por reducir colectivamente los riesgos, no por presentar la guerra como inevitable. Las prioridades incluyen:
La OTAN y los gobiernos europeos también buscan incorporar a los operadores de infraestructuras civiles y a las empresas de ciberseguridad a la respuesta frente a las amenazas híbridas.
La advertencia de Rinkēvičs debe leerse, por tanto, como un llamamiento a reconocer una confrontación de seguridad que ya existe antes de que alcance el umbral de la guerra convencional. La evidencia apunta a una actividad hostil persistente y a vulnerabilidades serias, mientras que no hay pruebas públicas de una invasión a gran escala inminente. El desafío central es reforzar las defensas y la cohesión de la alianza sin convertir escenarios de inteligencia condicionados en certezas.