Las nóminas no agrícolas de Estados Unidos cayeron en 23.000 puestos en julio, frente a las previsiones de un aumento de entre 80.000 y 83.000 empleos, lo que debilitó las expectativas de una subida de tipos en septie... El yen tuvo un apoyo adicional: Japón y Estados Unidos confirmaron una intervención coordinada p...
Respuesta de investigación

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Las monedas asiáticas se fortalecieron frente al dólar el 17 de agosto de 2026, principalmente porque los mercados revisaron a la baja la trayectoria prevista de los tipos de interés en Estados Unidos tras un informe de empleo mucho más débil de lo esperado. El yen, además, contó con un catalizador propio: la reciente intervención coordinada de Japón y Estados Unidos para respaldarlo.
La idea central fue sencilla: un dólar menos atractivo y una ventaja de rentabilidad estadounidense más estrecha favorecieron al yen, el won surcoreano, el baht tailandés, el dólar de Singapur, el yuan y el ringgit malasio. Pero hay una diferencia importante: el yen contaba con un posible respaldo oficial que las demás divisas de la región no tenían.
El empleo no agrícola de Estados Unidos cayó en 23.000 puestos en julio, mientras que la tasa de desempleo se situó en el 4,1%, según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS). El informe mostró descensos del empleo en la educación de los gobiernos locales y el comercio minorista, aunque el empleo sanitario continuó creciendo.
El resultado quedó muy lejos de las previsiones de los analistas, que apuntaban a un aumento aproximado de entre 80.000 y 83.000 puestos. Además, las estimaciones de empleo de mayo y junio se revisaron a la baja en un total de 103.000 puestos.
El informe cambió el cálculo sobre la política monetaria de la Reserva Federal —la Fed, el banco central estadounidense—. Un mercado laboral más débil reduce la presión para que la institución suba los tipos, al menos hasta que nuevos datos aclaren si la desaceleración es temporal o más profunda. Reuters informó de que los mercados redujeron posteriormente sus expectativas de una subida en septiembre.
El mecanismo que conecta el empleo con las divisas funciona así:
La magnitud exacta del cambio en las probabilidades dependió del momento y de la fuente. Un informe situó la probabilidad implícita de una subida en septiembre en el 44%, frente al 55% anterior, y no en una caída definitiva hasta el 30%-31%. La diferencia es relevante: el dato debilitó claramente el argumento a favor de una subida, pero no eliminó por completo esa posibilidad.
El yen se benefició del mismo reajuste general que presionó al dólar, pero también incorporó una especie de prima de intervención. El Ministerio de Finanzas de Japón confirmó que había realizado una intervención coordinada con el Tesoro estadounidense para comprar yenes, después de que la moneda alcanzara un mínimo de 40 años. Las autoridades japonesas afirmaron que no dudarían en volver a intervenir si fuera necesario.
Una advertencia de este tipo puede influir en el mercado incluso antes de que se produzca una nueva operación. Los inversores que mantienen posiciones a favor de la caída del yen deben asumir que una compra oficial repentina podría provocar un movimiento brusco en su contra. Eso puede llevarlos a cerrar posiciones cortas en yenes y hacer menos atractivas las operaciones de carry trade financiadas en la moneda japonesa.
Por eso, la fortaleza del yen pudo ser más rápida o pronunciada que la del won, el baht, el dólar de Singapur, el yuan o el ringgit. Estas divisas respondieron sobre todo al retroceso del dólar y al canal de los tipos estadounidenses; el yen reaccionó a esos factores y, además, a la posibilidad de nuevas compras oficiales.
Una operación para sostener el yen no impulsa automáticamente a todas las monedas asiáticas. El impacto regional dependerá de cómo se reposicionen los inversores y de si la intervención provoca una retirada ordenada o desordenada de las operaciones de carry trade.
Los principales canales de contagio positivo serían:
El resultado, sin embargo, no tiene por qué ser positivo para todas las divisas. El won y el baht son especialmente sensibles al apetito global por el riesgo. Si el cierre de las operaciones de carry trade se produce de forma desordenada, las monedas más expuestas al riesgo podrían sufrir inicialmente, incluso mientras el yen se fortalece.
El yuan también es un caso distinto. Su cotización está más gestionada que la de otras monedas regionales, por lo que un dólar más débil puede respaldarlo sin generar necesariamente un movimiento tan pronunciado como el de una divisa más volátil.
Una senda prevista de tipos de interés más bajos suele favorecer al oro, porque reduce el coste de oportunidad de mantener un activo que no paga intereses. Un dólar más débil puede añadir presión alcista, mientras que la incertidumbre geopolítica tiende a sostener la demanda de refugio.
El oro también contaba con un respaldo estructural: los bancos centrales realizaron compras netas de 288,9 toneladas en el segundo trimestre de 2026, un 62% más que en el mismo periodo del año anterior, según datos del Consejo Mundial del Oro citados en los informes disponibles.
Esta demanda oficial no determina por sí sola el precio diario del metal, pero refuerza la percepción de que las compras de los bancos centrales siguen siendo un factor de apoyo a largo plazo.
La tendencia podría continuar si los próximos indicadores estadounidenses confirman que la Fed no necesita endurecer su política en septiembre. Los mercados probablemente prestarán atención a:
Otro informe de empleo débil, una inflación subyacente más moderada, un menor crecimiento salarial o un aumento del desempleo podrían reducir aún más los rendimientos estadounidenses esperados y prolongar la debilidad del dólar. Ese sería el escenario más favorable para las monedas asiáticas en general.
Un dato de inflación al consumo o de inflación PCE más fuerte de lo previsto podría reavivar el temor a que la inflación siga siendo demasiado persistente para que la Fed mantenga los tipos sin cambios. Un repunte de las nóminas, un crecimiento salarial más rápido o un mensaje más restrictivo de la Reserva Federal tendrían un efecto similar.
En ese caso, los rendimientos estadounidenses podrían subir, recuperar fuerza la ventaja de rentabilidad del dólar y perder apoyo las divisas asiáticas. El yen aún podría comportarse mejor que sus pares si los inversores siguen descontando una posible intervención, pero esa intervención no sustituye a un cambio duradero en el diferencial de tipos entre Japón y Estados Unidos.
El movimiento del 17 de agosto se entiende mejor como una reacción en dos capas. La primera fue global: el débil mercado laboral estadounidense redujo la necesidad percibida de una subida de la Fed en septiembre y debilitó al dólar. La segunda fue específica de Japón: la reciente intervención coordinada hizo más arriesgado apostar contra el yen.
La distinción importa para lo que viene. La fortaleza general de las divisas asiáticas dependerá sobre todo de los próximos datos de inflación y empleo de Estados Unidos. El yen, en cambio, también estará condicionado por la disposición de Japón y Estados Unidos a cumplir su advertencia de que podrían volver a intervenir.
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Las nóminas no agrícolas de Estados Unidos cayeron en 23.000 puestos en julio, frente a las previsiones de un aumento de entre 80.000 y 83.000 empleos, lo que debilitó las expectativas de una subida de tipos en septie...
Las nóminas no agrícolas de Estados Unidos cayeron en 23.000 puestos en julio, frente a las previsiones de un aumento de entre 80.000 y 83.000 empleos, lo que debilitó las expectativas de una subida de tipos en septie... El yen tuvo un apoyo adicional: Japón y Estados Unidos confirmaron una intervención coordinada para comprar yenes y advirtieron de que podrían volver a actuar.
La menor expectativa de tipos estadounidenses suele favorecer al oro, mientras que las compras netas de los bancos centrales alcanzaron 288,9 toneladas en el segundo trimestre de 2026.