Ese enfoque explica por qué Uber estaría abierta a colaborar incluso con su antiguo fundador: cualquier empresa capaz de aportar vehículos autónomos podría convertirse en un proveedor dentro de la red de Uber.
Durante una entrevista en India, Khosrowshahi afirmó que Uber estaría dispuesta a colaborar nuevamente con Kalanick en proyectos de conducción autónoma. También recordó que ambas partes ya trabajan juntas en el sector de restaurantes a través de CloudKitchens.
Es la primera vez desde la salida de Kalanick que la empresa reconoce públicamente la posibilidad de volver a colaborar con él.
La referencia es significativa porque Kalanick renunció como CEO en 2017 tras meses de escándalos y presión de grandes inversores, cerrando una de las etapas más turbulentas en la historia de la compañía.
Si se materializara una alianza en el futuro, representaría menos una reconciliación simbólica y más una decisión impulsada por la competencia tecnológica.
Tras su salida de Uber, Kalanick ha vuelto al mundo de la tecnología profunda con Atoms, una empresa de robótica surgida de su holding City Storage Systems.
La compañía integra el negocio de cocinas fantasma CloudKitchens y busca automatizar sectores como la alimentación, la minería y el transporte.
Su objetivo es desarrollar una plataforma modular —descrita como una especie de "base con ruedas"— sobre la que se puedan construir distintos tipos de robots especializados para aplicaciones industriales y logísticas.
Debido a que el transporte y la logística están entre sus áreas objetivo, la tecnología de Atoms podría terminar conectándose con redes de movilidad autónoma como la que Uber intenta construir.
Aunque Kalanick dejó Uber hace años, las relaciones comerciales entre ambas partes nunca desaparecieron por completo.
Según Khosrowshahi, Uber ya colabora con el empresario a través de CloudKitchens, la red de cocinas virtuales que permite a restaurantes operar exclusivamente para entregas a domicilio.
Ese vínculo operativo dentro del ecosistema de reparto hace que una expansión hacia proyectos de automatización o vehículos autónomos resulte menos sorprendente de lo que podría parecer a primera vista.
Las conversaciones sobre cooperación en tecnología autónoma no son completamente nuevas. En 2025 se informó que Kalanick estaba explorando la compra de la filial estadounidense de la empresa de conducción autónoma Pony.ai, con Uber potencialmente participando en la financiación.
Las discusiones se describieron como preliminares, pero ilustran el tipo de acuerdos que Uber podría apoyar: operadores externos que desarrollen flotas autónomas y que luego utilicen su plataforma para conectar con la demanda de viajes y entregas.
La posible colaboración refleja una realidad cada vez más clara en el sector: la carrera por desplegar robotaxis está acelerándose y las alianzas se están multiplicando.
Algunas empresas, como Waymo o Tesla, buscan sistemas completamente integrados donde controlan toda la tecnología. Uber está siguiendo un camino diferente.
Su apuesta es convertirse en el sistema operativo comercial de la movilidad autónoma, un mercado donde múltiples propietarios de flotas compiten por pasajeros dentro de una misma plataforma global.
Desde esa perspectiva, quién construye los vehículos es menos importante que qué tan bien pueden integrarse en la red de Uber.
La apertura de Khosrowshahi a colaborar con Travis Kalanick no significa que el fundador vaya a regresar a Uber ni que exista un acuerdo confirmado.
Lo que sí revela es un cambio estratégico: Uber quiere sumar el mayor número posible de proveedores de vehículos autónomos a su plataforma.
Si la nueva empresa de robótica de Kalanick —o cualquier futura flota autónoma asociada— puede aportar vehículos a esa red, incluso una relación que terminó de forma turbulenta podría convertirse en una oportunidad de negocio.
En el emergente ecosistema de robotaxis, controlar la demanda y la distribución puede ser tan importante como desarrollar la tecnología. Y Uber apuesta a dominar justamente esa capa del mercado.
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