El problema, según el estudio, no es la falta de interés de los inversores. El verdadero desafío es la escasez de proyectos bancables y ejecutables capaces de pasar del anuncio a la construcción y operación.
A pesar de los obstáculos, el potencial económico sigue siendo enorme.
El informe estima que la economía verde del Sudeste Asiático ya vale unos 290.000 millones de dólares y podría crecer hasta aproximadamente 430.000 millones de dólares para 2030, con un ritmo de crecimiento anual cercano al 8%–9% si se mantiene el impulso actual.
Si gobiernos, empresas y financiadores consiguen cerrar la brecha de ejecución, la región podría generar alrededor de 80.000 millones de dólares adicionales de valor económico verde hacia finales de la década.
La brecha surge de una combinación de obstáculos estructurales en infraestructuras energéticas, regulación y desarrollo de proyectos. Estos problemas se repiten en mercados clave como Indonesia, Vietnam, Tailandia, Malasia y Filipinas.
El mayor freno es la infraestructura eléctrica.
Los proyectos de energías renovables, las redes de carga para vehículos eléctricos y nuevos polos industriales dependen de conexiones fiables a la red y de mayor capacidad de transmisión. Sin embargo, la expansión de las redes eléctricas en gran parte del Sudeste Asiático está avanzando más lentamente que la demanda energética.
Cuando no hay capacidad de transmisión o conexión suficiente, muchos proyectos renovables no logran asegurar financiación ni alcanzar la decisión final de inversión.
Incluso cuando el capital y los promotores están listos, los proyectos suelen atascarse en la fase administrativa.
Los procesos de permisos, acceso a terrenos y conexión a la red pueden tardar años en algunos países. Esta incertidumbre temporal aumenta el riesgo del proyecto y hace que los inversores sean más cautelosos a la hora de comprometer financiación.
Otra barrera importante es la incertidumbre regulatoria, especialmente en torno a:
Si los desarrolladores no tienen claridad sobre quién comprará la electricidad, a qué precio y bajo qué condiciones, los proyectos tienen dificultades para cerrar su financiación.
El problema de ejecución también se refleja en las cifras de cancelación.
En países como Vietnam, Tailandia e Indonesia, aproximadamente entre el 50% y el 60% de los proyectos de energías renovables anunciados en los últimos cinco años fueron cancelados, debido a restricciones del sistema como PPAs poco claros, retrasos regulatorios y problemas de conexión a la red.
Esto muestra que el principal cuello de botella no es el dinero disponible, sino la capacidad de convertir proyectos en infraestructura operativa.
Al mismo tiempo, el crecimiento digital e industrial está acelerando la presión sobre los sistemas energéticos.
La demanda de electricidad procedente de centros de datos, vehículos eléctricos y parques industriales verdes podría triplicarse hasta superar los 100 teravatios‑hora en los próximos tres o cuatro años.
Este fenómeno tiene un doble efecto:
Si la expansión de la red y la generación renovable no avanzan al mismo ritmo, sectores en rápido crecimiento —como la computación en la nube y la infraestructura de IA— podrían terminar dependiendo más de energía fósil o retrasar su transición a electricidad limpia.
El informe resume la situación con una idea clara: el Sudeste Asiático enfrenta un problema de conversión de inversiones.
El capital existe y los anuncios son abundantes, pero demasiados proyectos no están suficientemente estructurados, aprobados o conectados a la red como para avanzar rápidamente.
En otras palabras, la limitación ya no es la ambición climática ni la financiación disponible, sino la capacidad de ejecución.
Según el análisis, varias acciones podrían acelerar el despliegue de inversiones verdes en la región:
Si estas reformas se implementan, gran parte del capital hoy estancado podría empezar a materializarse en energía renovable, infraestructura de vehículos eléctricos y nuevas industrias bajas en carbono.
El Sudeste Asiático cuenta con una fuerte demanda energética, un rápido crecimiento económico y un interés creciente de los inversores en proyectos climáticos.
Pero sin mejoras en infraestructura eléctrica, claridad regulatoria y desarrollo de proyectos, una parte significativa del capital anunciado seguirá sin desplegarse.
Cerrar esa brecha —transformar anuncios de inversión en proyectos operativos— podría ser el factor decisivo para que la economía verde regional alcance los 430.000 millones de dólares previstos para 2030 o incluso más.